Marcha a Bruselas

El diferente eres tú

ANA CUEVAS

La Marcha arranca hoy de la localidad medieval de Cahors después de una jornada emocionante de encuentros con descendientes de españoles (que están trabajando en la creación de un centro de interpretación de la Memoria Histórica española), organizaciones libertarias y de la izquierda auténtica francesa, agricultores biológicos que han eliminado a los intermediarios en su comercio y un acogimiento ciudadano en general cálido y proclive a iniciativas como la nuestra.

Mientras mis nómadas amigos me cuentan a diario sus experiencias, mi imaginación vuela y viaja con ellos. Y he de hacer sobrellevable la esquizofrenia de soñar con los ojos abiertos y un exceso de consciencia. Porque aquí la realidad es muy diferente. En las asambleas, allá donde las hay, la gente escucha entre ojiplática y escéptica las consecuencias que esta reforma laboral tiene en sus vidas. Ignoran, o pretenden ignorar, que los convenios colectivos y los derechos más elementales de los trabajadores están en juego. Que la educación y la sanidad son, junto a la precarización del empleo, las estrategias trazadas por los artífices de haber quebrado la economía mundial para continuar con el saqueo. Y que ante tal provocación por parte de los responsables de la ruina general, la respuesta de la clase trabajadora debe ser clara y contundente.

Y entonces, me siento una vez más la tía más rara entre las raras. La mayoría me mira como se mira a una mona exótica pero pelín pesada y toca... Y de pronto, algunos de los compañeros y compañeras que han estado contando hasta la extenuación sus paradisiacas vacaciones o de los que sienten debilidad por las prendas de Louis VuiTton o similares y hacen gala de ello, te dan una respuesta pecuniaria y te explican que si la hipoteca, el cole de los niños...  ¡Total! Que no pueden permitirse el descuento de un día de salario.

Y si no está el factor miedo. Que se ha ido inoculando a la sociedad convirtiéndola en devota creyente de que lo mejor es no buscarse líos. Como decía el Criminalísimo: "Españoles, hagan como yo y no se metan en política". Pues eso seguimos haciendo la mayoría. Sustitúyase la chaparra figura del dictador por la imagen abstracta de la de los Señores de los Mercados y ¡Voilà!  Seguimos dejando la política en manos del Maligno.

Es como una bofetada en el centro de mis mejores intenciones y no puedo evitar entrar al trapo. Dependerá del día que lleve estaré más ponderada, cáustica o posesa en mis respuestas. Pero por definición y asunción de mi personalidad, no puedo cerrar la boca. Eso ha ido degenerando, al cabo de los años, en  un juego perverso entre algunos de mis compañeros y yo, en el que servidora se convierte en el blanco preferente de todos los comentarios fachas, machistas racistas u homófobos con la única intención de provocar a esta marciana.

Y yo siempre les contesto lo mismo: La anomalía eres tú. Si eres capaz de compartir la filosofía de los Señores del Mundo y acatar sus decisiones como un borrego, es que algo funciona fatal en tu cabeza. Porque te vuelves cómplice de lo que te está robando: tu dignidad y tus derechos. Después de estas cosas, mi ranking en frikilandia se dispara por las nubes.

Como me decía siempre mi querida abuelita. "Tú has de morir como Rodrigo en la Horca, que mientras le apretaban el nudo de la soga, gritaba a sus ejecutores: ¡Piojosos, piojosos!