Marcha a Bruselas

Mi amigo 'El Negro'

ANA CUEVAS

Esta mañana me ha llamado mi amigo "El Negro" Martínez, para contarme cómo iba discurriendo la etapa del día y para decirme que me tocaba hacer todo el curro de medios porque les había fallado de nuevo el "internete". Y nos hemos estado "descojonando" de risa mientras me contaba que había partido como "liebre" junto a otro compañero sobre las 6 de la mañana, mientras el resto de la comitiva naranja recogía el campamento y se ponía en marcha. Y que por uno de esos azares caprichosos de los hados, habían interpretado mal el mapa y se habían chupado diecisiete kilómetros en dirección contraria. Luego, un recorrido inicial de 32Km., se había transformado en un "paseico" de 56. Había que desandar lo andado. Y los que conocemos al "Negro" Martínez sabemos que es capaz de dejarse los muñones en el camino, antes de reblar con debilidades como esperar que te recoja el coche escoba o recuperar el error de cualquier otra forma fraudulenta como tomando un autobús de vuelta, por ejemplo. Vamos, lo que haríamos cualquier hijo de cristiano, judío o musulmán...

Si echamos la partida, nos jugamos toda la hacienda. Así es él. Tan honesto que uno se siente incómodo bajo su influjo y acabas comprometiéndote en cualquier movida que sugiera para aliviarte de su exceso de coherencia. Será por eso que, siempre que nos propone a los colegas cualquiera de sus disparatadas ideas, acabamos haciendo las cosas más inverosímiles en las situaciones más suarrealistas que se puedan imaginar.

Cuando conocí al "Negro" Martínez, hace más de un cuarto de siglo, andaba yo sumida entre el sindicalismo marginal y la depresión profunda. Recuerdo que el médico me había recetado algunas vitaminas y otros fármacos. Como teníamos una reunión sindical, nos vimos esa tarde. Tras un rato de charleta, vi como mis recetas caían hechas añicos a una papelera. Lo siguiente que recuerdo es que me había comprometido a formar parte de un grupo ecologista llamado "Ecofontaneros". Lo siguiente, es una postal bucólica a los pies del Moncayo, con cuatro tíos y una tía, servidora, enterrados en cemento rápido hasta la cintura para paralizar las obras de una urbanización. Todavía conservo las marcas de las quemaduras del cemento en mis piernas, como recordatorio perenne de la primera vez que me sentí libre.

Soy de la opinión que cualquier movimiento que se precie, necesita tener iluminados, poetas y otras patologías surtidas para desarrollarse por completo. "El Negro" es un poco de todo eso y doblo la apuesta. Por contagio virulento de "lo suyo", me he visto durante los últimos casi treinta años desarrollando todos mis talentos ocultos. Entendiéndose como tales la disponibilidad para eventos como: Colgarse de los puentes, escalar edificios oficiales, paralizaciones varias de obras variadas, encadenarse a tal o cual sitio, escayolarse el cuerpo entero, disfrazarse de super-héroe/ina o hacer coreografías reivindicativas entre otros palos.

Siempre consigue meternos en el lío a gentes de variados pelajes con objetivos comunes.  Tiende redes entre iguales que se sienten diferentes.

A menudo bromeamos con la posibilidad de montar un espectáculo reivindicativo itinerante. Un estilo a "La Barraca" pero explotando nuestra maestría del absurdo. Como gitanos ambulantes, iguaitosl que los que está echando Sarkozy, que vayan de población en población agitando a la gente para que también quiera ser libre y feliz
¡Vaya! Va a ser por eso que se nos ha ocurrido organizar esta Marcha. Porque "el Negro" Martínez y el resto de "chiflados" que gozamos del honor de ser sus amigos, tenemos alma de gitanos.