Marcha a Bruselas

Abducida por una alcachofa

MARIBEL MARTÍNEZ

¿Quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales?.

Una vez más me veo en el fatídico momento de tener que hablar delante de una "alcachofa". Si, ya saben, esa cosa forrada de colores chillones y logos que esconde dentro un micrófono. Las veo delante de mí y un escalofrío recorre mi cuerpo. La boca se me seca y yo, de normal locuaz y parlanchina, enmudezco y tiendo en el mejor de los casos a tartamudear como una estúpida.

Seguro que alguna vez les ha pasado ésto si han tenido que hablar para los medios periodísticos y no son profesionales de la cosa. Para los que no hablamos habitualmente en público y mucho menos con los periodistas, esto de hablar ante las "alcachofas" es un pequeño/gran trago que cada uno afrontamos como podemos.

Servidora, como diría mi abuela Isabel, es de naturaleza locuaz y bastante abierta. Me considero muy comunicativa, vamos que no soy vergonzosa. Como buena Martínez, la gente que me conoce me definiría como intesa, pues soy de las que habla por los codos y con cualquiera. Pero ay amigo, me ponen el dichoso micrófono en los morros, me entra un tembleque y enmudezco, incapaz de transmitir nada que sea medianamente coherente. El mensaje que intento dar se evapora como por arte de magia.

Imaginarán que toda esta explicación tiene que ver con La Marcha a Bruselas, en la que por primera vez me he visto en la tesitura de hacer declaraciones y atender a los periodistas. Puedo asegurarles que todo ese aplomo que a las personas normales se nos supone, sobre todo si como yo ya se tienen unos añitos, desaparece en cuanto me ponen delante las dichosas hermanas acústicas de la sabrosa verdura. Y ya no les cuento si encima mi interlocutor habla francés, ya es para salir de estampida y no parar hasta llegar a España.

Creo que nunca me he sentido más estúpida que cuando tras atender al "plumilla" de turno, he podido escuchar mi intervención. ¿Quién es esa marciana que me ha poseído? ¿Se sentirán los demás ante los medios tan fuera de lugar como cuando yo me escucho?

Ya se que todos en algún momento de nuestra vida deberíamos de tener nuestros diez minutos de fama o al menos de protagonismo.Dicen los psiquiatras que es muy saludable para el ego, pero yo a la vista de los resultados y de como que se le queda a uno el cuerpo tras estas intervenciones, les aseguro que les regalo los míos, los ya sufridos y todos aquellos que estén por venir.

Solo les pido un poco de paciencia con esta ciudadana metida a vocera pública. Sean condescientes conmigo, esto termina pronto y después, lo juro por mi perra Rasta, vuelvo a la barrera del día a día y a seguir haciendo aquello que se me da mejor, trabajar.