Opinion · Memento

Miguel Ángel Giner (LaGRUA Estudio): “Antes el cómic se consideraba para niños o para frikis. Hoy eso está superado”

Siempre que se habla de cómics, la gran mayoría de la sociedad los relaciona con libros donde salen superhéroes. Razón no les falta. Pero no todos los héroes llevan capa o tienen poderes mágicos. Cristina Durán y Miguel Ángel Giner (LaGRUA Estudio) también hablan en su obra de superhéroes pero más cotidianos, del día a día. De historias personales de superación.

Los ilustradores valencianos Cristina Durán y Miguel Ángel Giner, de LaGRUA Estudio
Los ilustradores valencianos Cristina Durán y Miguel Ángel Giner, de LaGRUA Estudio

La novela gráfica ha dejado de ser un cuento para niños para convertirse en un formato más donde los adultos podamos aprender de la vida y de la historia. Libros con los que poder emocionarnos y que contienen historias que nos apetece compartir. Estamos dejando atrás la imagen del cómic relacionado con el friki disfrazado o el niño que no quiere leer otra cosa. Y qué mejor manera de descubrirlo que con dos personas que aman y viven por y para esta manera de contar y reflejar la vida.

La primera es una pregunta obligatoria, ¿cuándo nace vuestra pasión por el cómic y el dibujo?
Cristina Durán: Siempre cuento que mi abuelo nos compraba todos los sábados a mis hermanas y a mí tebeos. Uno de los mejores recuerdos de infancia que tengo es llegar los sábados a casa de mis abuelos y tener allí los tebeos para leer. A partir de ahí seguí leyendo y leyendo. Luego, mis tíos tenían una colección increíble y me iba a su casa a sentarme en el pasillo y leerme todos los cómics. Después, a partir de los 14 o 15 años empecé a suscribirme a las revistas de los años 80, El Víbora, Cimoc, Totem, Madriz… y a comprarme libros de cómo hacer historias. Es decir, a esa edad ya lo tenía claro. De hecho, el otro día encontré un diario mío de adolescente, le eché un vistazo y había una frase donde ponía “espero cuando sea más mayor leer esto y ser una profesional del cómic”. Y me hizo gracia porque ponía la palabra “profesional”. Parecía ya tener claro que no sólo era algo artístico sino que era una profesión como otra cualquiera.
También en el colegio era la que dibujaba y la que hacía todos los carteles. Después pasé a estudiar Bellas Artes. Es decir, no hubo ninguna duda. Y en la facultad conocí a Miguel Ángel a través del fanzine que hacíamos  No aparcar llamo grúa y de ahí hasta hoy en día. Ha sido una obsesión desde pequeña.
Miguel Ángel: En mi caso viene más desde el cine y la pasión por narrar, por contar historias, que es lo que a mí me gusta realmente. También es una historia similar a la de Cristina. Mis padres siempre iban los miércoles al cine, nos dejaban con nuestra abuela y, como premio, cuando despertábamos los jueves teníamos debajo de la cama un cómic y era el mejor momento del día. Siempre he ido compaginando el tebeo, la literatura y el cine y, por ello, insisto que lo que a mí más me gusta es contar historias y lo hago mediante el medio que controlo, que es el cómic. De hecho, me hubiera gustado ser director de cine.
C: Todavía tiene tiempo (risas).
MA: En resumen, lo que me apasiona es la narración y el cómic es el medio que utilizo. A veces escribo pero si tuviera la oportunidad de hacer cine, lo haría. El medio al final es lo que menos me interesa. Lo que me interesa es contar mis inquietudes.
C: A él le tira más contar historias y a mí más el dibujo.  

Portada del primer número del fanzine 'No aparcar llamo grúa'
Portada del primer número del fanzine ‘No aparcar llamo grúa’

Hablando del estado del cómic, últimamente parece que la novela gráfica va en aumento. Hay muchas novedades, libros o biografías ya existentes pasan a tener su versión cómic. ¿Creéis que se debe a una mayor demanda o la cultura de la inmediatez, donde se busca alcanzar una satisfacción más rápida y no dedicar tanto tiempo en leer un libro al uso influye?
MA: Yo creo que sí existe una mayor demanda. De hecho, creemos que el cómic ha salido del “gueto”. De pronto, ha pasado de un grupo de personas que sólo leía cómics y sólo compraba en tiendas especializadas a ser un formato que lee muchísima gente. También la novela gráfica ha empezado a tratar temas más interesantes que los que se trataban en los años 90.
C: Hay obras clave como Maus o Persepolis. También en España Arrugas de Paco Roca fue un antes y un después y abrió muchas puertas a que los editores se atrevieran a publicar este tipo de obras. A su vez, permitió que los medios de comunicación nos miraran de otra forma y ha sido uno de los cambios más grandes. Antes nunca hablaban de cómics al considerarlo algo infantil y ahora ya les dan mayor importancia. Creo que sí que ha habido un salto importante. Pero bueno, todavía faltan muchos lectores…
MA: De hecho, se demuestra en el hecho de que la novela gráfica fue, en la época de mayor crisis, el único sector editorial que creció. También se puede ver en el hecho de que editoriales como Salamandra o Random House están apostando por sacar una línea de novela gráfica. O el simple hecho de que el Corte Inglés tenga una sección de cómic, algo que antes era impensable.
C: Pero también es verdad lo otro que tú dices, que es un tipo de lectura, digamos, más fácil que leerse una novela. De hecho, hay mucha gente que nos dice que no leen de normal pero “este que tiene dibujos me lo voy a leer” (risas). No sé si tomármelo bien o mal.

¿Se ha superado en el ideario colectivo que el lector habitual de cómics es un friki o un niño?
C: Sí, aunque no del todo. A nosotros todavía nos pasa que, pese a que nuestras obras son para adultos, incluso conocidos nuestros nos dicen que las van a comprar para sus hijos. Te toca decirles que las lean ellos primero y ya luego valorarán si se las pasan a sus hijos. Todavía sigue ahí esa idea del cómic como algo infantil.
MA: También es verdad que ahora en el metro, en el tren o en la consulta del médico ya es posible que veas personas leyendo novela gráfica y antes igual les daba vergüenza porque se consideraba exclusivamente para niños o para frikis. Hoy en día eso está superado.

La ilustradora Cristina Durán, de LaGRUA Estudio
La ilustradora Cristina Durán, de LaGRUA Estudio

Entrando en vuestra obra, en vuestro primer cómic, Una Posibilidad entre mil, tratáis un tema personal complejo ¿Buscabais una manera de desahogaros o queríais compartir vuestras experiencias para que otras personas en situaciones similares pudieran identificarse?
C: Fue una mezcla de todo. Es verdad que a nivel personal ya había perdido la esperanza de dedicarme sólo al cómic. Terminamos la facultad, montamos el estudio y empezamos a hacer animación e ilustración. Te metes en el día y a día y, de repente, pasan 15 años trabajando en ilustración por encargo y acabas resignándote pensando que ya no vas a hacer cómic. Sin embargo, Miguel Ángel que es más cabezota sí tenía algunos guiones y tenía claro que quería hacer algo.
Cuando hicimos el primer cómic fue una mezcla de circunstancias. La vida de repente te pone en situaciones que le dan la vuelta a todo. El nacimiento de nuestra hija Laia, que nació bien pero a los dos días tuvo una trombosis que le provocó una parálisis cerebral, cambió nuestra vida a nivel personal pero también profesional, porque nos die pie a la historia que queríamos contar. Todo empezó porque muchos compañeros, al oírnos hablar, nos comentaban que contáramos nuestra historia en cómic. Es más, Miguel Ángel lo había pensado desde que estábamos en el hospital pero menos mal que no me lo dijo en aquel momento porque lo hubiera matado…(risas). Pero él sí lo pensó desde el principio, que se habían dado unas circunstancias que daban historias muy buenas para ser contadas en cómic.
En definitiva, toda la situación de Laia nos empujó a lanzarnos. Y a medida que íbamos contando a los amigos todos los avances de Laia, de repente te dabas cuenta que era una historia muy dura pero, a su vez, positiva. Si ves que todos tus amistades se alegran cada vez que les contamos algo que ha logrado Laia, por qué no llevarlo más allá. Por qué no contárselo a todo el mundo. El motivo principal de hacer el cómic no era desahogarnos ni hacer terapia ni nada, era simplemente el poder mostrar esa realidad. Poder hablar de diversidad funcional con toda la naturalidad y la normalidad del mundo. Ese era el principal motivo. Lo que sucede es que, sin buscarlo, ha sido una terapia y una catarsis total. Y como te comentaba, nos cambió también la vida profesional porque a partir de esa obra han venido más trabajos. Antes éramos un estudio de ilustración y cómic y ahora al revés, ya que casi todo lo que hacemos es cómic.
MA: Algo que no ha dicho Cris es que, cuando tomé la decisión y la logré convencer de hacer el cómic, coincidía con el primer concurso de Fnac Sinsentido e hicimos el esfuerzo de preparar las 16 páginas necesarias y la sinopsis para presentarnos. No ganamos, pero  quedó nuestro trabajo encima de la mesa y el editor nos llamó mes y medio después interesado en publicar nuestro trabajo.

Imagen del cómic 'Una Posibilidad entre mil'
Imagen del cómic ‘Una Posibilidad entre mil’
Imagen del cómic 'Una Posibilidad entre mil'
Imagen del cómic ‘Una Posibilidad entre mil’

Hay artículos y estudios que hablan de las funciones pedagógicas del cómic o de sus recursos didácticos. En alguno de estos estudios nombran vuestro libro e incluso en uno lo tildan de “medicina gráfica”. También sé de primera mano que profesores y profesoras lo han recomendado. ¿Os planteabais este horizonte o fue una sorpresa para vosotros?
MA: Cuando estás construyendo un guion o una historia lo que realmente te preocupa es que funcione narrativamente, que tenga un buen ritmo, que se entienda bien… tus principales preocupaciones son por la obra en sí. Si lo leerán o no. Pero nunca piensas cuál va a ser el alcance final. Una vez acabada empezó a tener todo este reconocimiento fuera del ambiente de cómic, donde tardó más en llegar. Empezó a tener más repercusión en ambientes relacionados con la medicina gráfica, la fisioterapia o la discapacidad.  Es algo que no buscas y, de pronto, descubres que tu historia tiene unos valores, que tú los tienes como persona pero no piensas que los puedes difundir como divulgador y te sorprende la respuesta que tiene en esos ambientes que nunca te has planteado como fin. Ese reconocimiento nos ha parecido siempre muy bonito.
C: ¿Recuerdas el psiquiatra que vino en un salón del cómic a una presentación nuestra? Nos contó que lo bueno de nuestro libro es que habíamos dibujado todas las fases del duelo que pasas cuando tienes un hijo “que no es el hijo que querías tener” y las habíamos reflejado perfectamente. El hombre le daba valor porque este tipo de historias personales ayuda a poner en contexto la historia del paciente, que muchas veces al personal sanitario es lo que le falta. La novela gráfica ayuda a explicar cómo una persona vive y convive con la enfermedad y ello ayuda a los médicos a tener una mayor empatía con los pacientes.
La corriente de Medicina Gráfica para nosotros también ha sido un descubrimiento. Aunque existe un movimiento anglosajón muy fuerte, en España ha empezado hace un par de años y en noviembre en Zaragoza es el primer congreso de Medicina Gráfica y estamos invitados. También nos han invitado a la facultad de medicina de Albacete. Se está moviendo mucho en esos ambientes, nos encanta y es muy interesante porque, aunque tú cuentas historias personales, quienes te escuchan son médicos y acabas teniendo charlas donde aprenden las dos partes. Esa unión entre paciente y ámbito sanitario es muy gratificante.

También tenéis cómics que son encargos, por ejemplo, del Ayuntamiento de Valencia o de la Academia Valenciana de la Llengua. ¿Os limita la capacidad creativa este tipo de libros o sólo trabajáis con encargos con los que tenéis ciertas afinidades
M
A: Por una parte, está claro que te coarta un poco porque no estás haciendo realmente lo que te apetece. Pero intentamos establecer unas pautas con los clientes, ya sea el Ayuntamiento o la Academia de la Llengua, en las cuales les exigimos que desde el principio respeten nuestra historia y nuestra narrativa porque si empiezan a meter mucha mano puede ser peligroso. Pueden hacer que la historia se desvirtúe o narrativamente no sea atractiva. Intentamos evitar eso desde la primera entrevista. Al mismo tiempo, a partir de que aceptan esas condiciones, intentamos hacerlos nuestros. Es decir, hacer una historia interesante y disfrutarlos. Por ejemplo, el cómic que hicimos que habla sobre el Siglo de Oro Valenciano, sobre el siglo XV y que tiene un contexto histórico muy interesante, realmente habla sobre una historia de amor entre adolescentes. U otro ejemplo, el cómic Pillada por ti que trata la prevención de la violencia de género, es una historia de amistad.
C: Todos los que hemos hecho por encargo son porque los temas nos gustaban y estábamos de acuerdo con ellos. Si nos propusieran un cómic sobre corridas de toros, obviamente no lo íbamos a hacer. Además, los temas que nos han propuesto de corte histórico nos han servido también para aprender. La fase de documentación es muy enriquecedora. Tanto el del siglo XV como el que hemos hecho de Blasco Ibáñez han sido muy apasionantes.

Ilustraciones para carteles, para prensa, conferencias, clases en la Universidad… ¿Para vivir de la ilustración es necesario diversificar las tareas relacionadas?
MA: Sí, es imposible vivir sólo del cómic. De hecho, ahora mismo es más complicado vivir de la ilustración que en los años 90 y 2000. Al mismo tiempo, al menos en mi caso, me gusta mucho diversificar. Yo no podría estar haciendo sólo una faena siempre. Me gusta mucho dar clase, también escribir o ilustrar y si me obligaras a hacer sólo una tarea durante toda mi vida, sería imposible. En ese sentido Cristina es más disciplinada que yo, que soy mucho más inquieto.
C: Sí es verdad que yo podría hacer cómic toda la vida pero hacer carteles o ilustrar cuentos infantiles también me gusta mucho. Lo bueno que hemos tenido estos últimos años es que hemos podido elegir un poco más nuestro trabajo. Al llegarte varias ofertas, puedes permitirte escoger trabajos que te apetecen hacer por encima de otros. También hemos intentado ser activistas, ya no sólo en nuestros cómics, sino intentar reflejarlo en los trabajos de encargo. Son aspectos que poco a poco hemos tenido más en cuenta y los intentamos incluir en la mayoría de trabajos que hacemos.

Relacionado con lo último que decías, al tener  una vida personal y profesional que os deja muy poco tiempo libre ¿habéis convertido vuestro trabajo en vuestra forma de hacer activismo?
C: Totalmente. Por ejemplo, a la última manifestación del 8 de marzo parece que se conjuraron los astros y pude ir y lo pensé, hacía muchos años que no podía ir a una manifestación. Y disfruté muchísimo de estar allí. Pero teniendo una hija dependiente y siendo los dos autónomos el tiempo es escaso. Entonces, hemos decidido que nuestra forma de hacer activismo sea a través de nuestro trabajo.
MA: Además, es inevitable. Si estás convencido de ciertas ideas, al final acaban reflejándose en tu obra. Siempre recuerdo un poema de Benedetti donde le acusan de partidista y él dice que sí y que lo seguirá siendo hasta cuando haga poemas sobre mariposas o nubecitas. Es decir, siempre aparecerá por algún lado esa parte de ti. En nuestro caso, es imposible diferenciar nuestro trabajo de nuestra vida y viceversa. Encima somos pareja, compartimos profesión… está todo tan unido que, al final, tu vida acaba entrando en tu trabajo. También hacemos trabajos donde no podemos ser activistas pero, en cuanto podemos, incluso aparece sin querer, sin pensarlo.
C: El otro día hablando con otras ilustradoras, decían que lo mismo hacían una ilustración y resultaba que toda la gente que habían dibujado era blanca. A nosotros nos pasa al revés. Yo si hago una ilustración con varios tipos de personas siempre se refleja la diversidad. Pero sucede sin pensarlo. Al final sólo estoy mostrando la realidad.

En relación con este “activismo gráfico”, en vuestro último trabajo, El Día 3, tratáis el accidente de Metro de Valencia y todo el tema judicial y político que lo que le rodea. ¿Qué os motivó para convertir en cómic Lluitant contra l’oblit, el libro de Laura Ballester?
MA: Yo me sentía muy mal porque no había podido apoyarles como pienso que se merecían. Era una espinita que tenía siempre en el corazón. También era un tema al que no me había acercado porque sabía que me iba a indignar, a cabrear. Iba a tener unos sentimientos que no me apetecía tener porque, además, coincidió con el nacimiento de Laia y nos pilló en un momento personal muy crítico. Pero al mismo tiempo, piensas que en otra situación habrías estado ahí, hubieras ido a la plaza cada día 3 y me fastidiaba mucho no haber podido ir.
Entonces, coincidió que Laura Ballester vino a presentar su libro a Somnis de Paper (la librería que hay en nuestro pueblo, Benetússer) y me acerqué a escucharla pero no con la idea de hacer una adaptación ni nada. Lo que pasa que cuando oí a Laura y a uno de los padres de las víctimas, mientras explicaban toda la historia, ya pensé que detrás había una narrativa muy potente y que era una historia que se podía trasladar al cómic. Pero primero tenía que leerme el libro de Laura para ver si era adaptable, así que lo compré esa misma tarde. De camino a casa me leí 4 o 5 páginas y no necesité más. Ya sabía que se podía adaptar. Llegué a casa y le dije a Cris que olvidara todo lo que teníamos entre manos, que ya teníamos un nuevo cómic que realizar.
C: Lo tenía clarísimo y, como en las obras anteriores había confiado en él y habían salido bien, acepté. Al principio me costó porque me parecía un tema muy delicado. Una cosa es hablar de ti mismo y de lo que has pasado tú y otra es hablar de lo que han pasado otras personas. Porque nosotros no hemos pasado por la situación de perder la vida de un ser querido en un accidente. Entonces, me parecía muy difícil.
Pero como decía Miguel Ángel antes, sentíamos que nos habíamos olvidado de esa gente y de su causa y que, de repente, volvimos todo el mundo a recordarles gracias al programa de Jordi Évole. Sentimos que era una forma de resarcirnos y, pese a no haber estado en la plaza, quisimos contar la historia para que se pudiera conocer mediante nuestro medio de comunicarnos que es el cómic. Pero tengo que reconocer que, cuando me lo dijo por primera vez, daba mucho vértigo.
MA: Sí, era un tema muy complejo. Además, un tema con mucha parte técnica y judicial. Pero al mismo tiempo, el hecho de tener ya muchos libros detrás y habernos enfrentado a temas muy potentes, nos daba cierta confianza pese a que el miedo y el vértigo siempre están ahí. Pensábamos que ya no estábamos empezando, que teníamos mucha experiencia detrás y que era el momento en el que nos podíamos enfrentar a ese tema. Si hubiera sido nuestro primer libro hubiera sido un fracaso pero en ese momento nos atrevíamos a contar esa historia.
C: Otro punto importante fue quedar con Laura y explicarle que queríamos hacer una adaptación de su libro. Y la realidad es que hubo feeling desde el minuto uno. No sólo con ella, también con la Asociación de Víctimas. Ha habido conexión desde el principio y un trabajo conjunto de las tres partes. Les dijimos que o estaban de acuerdo con lo que estábamos contando o el libro no saldría. Les enseñamos el enfoque del libro, les gustó y les parecía bien. Y las cosas que no les parecían bien las quitamos sin problemas. Para mí, lo mejor del libro ha sido la relación con Laura y con la Asociación. Ha sido una pasada y hemos acabado siendo amigos íntimos.

Imágenes del comic 'El Día 3'Imágenes del comic ‘El Día 3’

Como hablábamos antes, habéis realizado varios trabajos para organismos públicos, ¿no os da miedo que este cómic pueda afectaros en vuestra carrera si hay un cambio de gobierno en las próximas elecciones municipales?
MA: En la anterior época del PP, en 24 años, sólo hicimos un cómic y porque era un encargo de la Biblioteca Valenciana. Sería volver a lo de antes y seguiríamos trabajando para editoriales o empresas privadas y ya está. No nos preocupa demasiado.
C: Es cierto que es un tema que siempre lo piensas. También al estar la Ley Mordaza, hubo momentos dibujando el cómic donde se cuentan los hechos bastante claros y daba cierto miedo. Pero si te da miedo y no lo haces, es lo que buscan. Y si no lo cuentas, están ganando ellos.

A nosotros siempre nos preguntan si creemos que la música sirve como herramienta transformar la sociedad. En vuestro caso, ¿creéis que mediante el cómic y la ilustración se puede aportar para un cambio social?
C: Totalmente.
MA: Sí. Creo que a unos niveles muy bajos porque el nivel de lectura es ínfimo, pero sí. De lo contrario no nos dedicaríamos a hacer cómic social y activismo.  Siempre piensas que, aunque afecte a un 2% de la sociedad, vale la pena. Pienso que siempre hay que apostar y tener confianza en que lo que estás haciendo sirva para algo.
C: De hecho, la repercusión de El Día 3 ha sido desbordante. La Asociación de Víctimas está muy contenta porque ha llegado a mucha más gente y ha tenido una gran repercusión a nivel de medios. Ha logrado conectar con muchas personas que no conocían el tema y ha sido gracias al formato del cómic. Eso demuestra que sí tiene cierto poder transformador.
MA: Al final, la música por su parte, el cómic por su parte, el cine por su parte…todo suma. El poder de la cultura es brutal y por eso nos lo están intentando borrar.

Imágenes del comic 'El Día 3'

Imágenes del comic ‘El Día 3’Exacto. Como comentabais, con el Partido Popular no habéis podido trabajar en todos esos años. A nosotros no nos dejaban actuar en la ciudad de Valencia e igual a muchos otros grupos. Al final, si ves que están intentando prohibir ciertas expresiones culturales es porque realmente tienen poder transformador. Terminamos mirando hacia el futuro. He leído en una entrevista que vuestros próximos trabajos no son en conjunto y contáis con otras ilustradoras o guionistas. ¿Buscáis salir de la comodidad, pensáis que trabajar con otras profesionales os puede ayudar a aportar cosas distintas u os habéis cansado ya de trabajar juntos? (risas)
C: Seguimos trabajando juntos pero a nivel de obra personal necesitábamos nuevos retos. La maquinaria conjunta está tan engrasada que necesitas nuevas motivaciones.
MA: Al final se trata de salir de la zona de confort y trabajar con otra gente con la que nos apetecía muchísimo trabajar. Al mismo tiempo, cuando tienes una obra de relativo éxito como ha sido El Día 3, el problema es qué haces después. Y en este caso nos apetecía hacer trabajos con otra gente.

¿No os da cierto miedo que por separado no tengáis el mismo éxito?
MA: No, porque al final si te preocupas mucho por este tipo de cuestiones que son ajenas a ti, es un peligro porque te puede machacar. Si tiene éxito o no trabajar con otras personas, si hay buenas o malas críticas, ya lo dirá el tiempo. Escapa a nuestro control y no vale la pena preocuparse.
C: Además, la ventaja que nos ha dado haber hecho unas obras que, más o menos, han tenido buena repercusión es que, cuando quieres trabajar con otras personas, la gente sí que quiere trabajar contigo. Eso hace que trabajes con gente válida y de confianza y creo que sí pueden funcionar los nuevos libros.
MA: Si no funcionan pensarán que no funcionamos tan bien por separados como juntos. No pasa nada, volveremos juntos y demostraremos que juntos tampoco funcionamos tan bien (risas).