Opinion · Memento

Jennifer DuBois: “El morbo por mirar cosas macabras es innato en los humanos”

Telebasura, un circo morboso que trata de ridiculizar a la clase obrera y, a su vez, entretenerla. Un espectáculo mediático que nos señala temas banales mientras que no atendemos a los problemas sociales que sufrimos en primera persona. En medio, políticos que se creen showmans, noticias falsas, dramatismo en prime time… La novela de Jennifer Dubois está focalizada en las décadas de los 70, 80 y 90, pero podría estar hablando de la actualidad perfectamente. En esas décadas las noticias eran el auge del movimiento de liberación gay en los 70, la crisis del VIH en los 80 y la reacción moralista de los 90.

Actualmente, son otros los problemas sociales y los movimientos que buscan emanciparse y posicionarse en primera línea política y mediática, pero Los Espectadores (editada por Editorial L’Encobert) nos transporta a otra época reciente para ponernos frente al espejo de nuestra realidad social y reflexionar sobre nuestra responsabilidad sobre el consumo de telebasura y la responsabilidad de las figuras públicas en su contribución a la cultura popular.

Jennifer Dubois ha sido finalista de los prestigiosos premios PEN y considerada por la National Book Foundation como una de las mejores escritoras menores de 35 años. Los Espectadores es la primera novela traducida al castellano de esta escritora y nos ayuda a reflexionar sobre los comienzos de la telebasura, tanto en EEUU como en el Estado español y nos anima a reflexionar hacia dónde nos dirigimos. ¿Vale todo para el espectáculo? ¿Quiénes son más responsables, los medios o los espectadores?

La escritora Jennifer duBois.
La escritora Jennifer duBois.

Para aquellas personas que lean la entrevista y no conozcan la novela, ¿quiénes son los espectadores de los que nos hablas?
Por un lado, está la audiencia de Mattie M Show, un programa de telebasura como el de Jerry Springer en los 90. Por otro lado, los dos personajes principales, Semi y Cel, que hacen de narradores del personaje de Matthew Miller / Mattie M a medida que evoluciona con el tiempo. Desde un político progresista en los años 60 hasta el presentador de los 90; o los espectadores que dan testimonio de la crisis del sida en los 80 y 90. Por otro lado, los lectores también son espectadores, por supuesto.

Considerarías que es una novela de carácter social?
En la medida en la que el libro trata cuestiones sociales y políticas, sí. No es una novela de tesis (no escribo siguiendo una agenda moral o política), pero me gusta pensar que hace cuestionarse problemas morales y políticos.

En España vimos el comienzo de la telebasura en un caso conocido como “las niñas de Alcàsser”, donde tres menores fueron secuestradas, violadas y asesinadas. Durante la búsqueda de las tres niñas, se inició una competencia por el share que llevaría a las televisiones a unos niveles nuevos (en esa época) de bajeza moral. ¿Cuáles son los orígenes de la telebasura, viralidad y retransmisión de tragedias en EEUU?
Esa es una pregunta muy interesante. Creo que la naturaleza de todo esto, ese morbo por mirar cosas macabras es innato en los humanos. Piensa en las peleas de gladiadores, los ahorcamientos públicos, etc. La modernidad no inventó estas cosas. Pero la tecnología ahora es muy diferente. En los Estados Unidos supongo que fue el caso de Baby Jessica (un bebé se cayó a un pozo y retransmitieron los intentos por salvarla; fue la noticia que básicamente creó a la CNN). Fue un punto de inflexión importante en los límites de contenido televisado.

Existe el debate de que retrasmitir las tragedias puede generar que se produzcan más casos, pero los medios ven negocio y parte de su producto televisivo en este tipo de casos, ¿debería limitarse la cobertura que se ofrece al espectador? ¿O es nuestra responsabilidad no darle relevancia y al final somos cómplices al consumir esos productos?
Creo que es importante que los medios de comunicación cubran cualquier aspecto de una tragedia que tenga un interés legítimo. Al mismo tiempo, existen formas de cubrir ampliamente este tipo de noticias mientras se omiten detalles que no son relevantes pero que pueden provocar importantes consecuencias sociales si se publicitan. Me parece que últimamente la prensa escrita está mucho más concienciada con esto. Por ejemplo, no explicando métodos de suicidio (si no es relevante para la historia), evitando destacar los nombres de los responsables de tiroteos, etc.

El protagonista, no sé si intencionadamente, recuerda a Jerry Springer, muy similar al papel de Robert de Niro en el Jóker. También en tu libro, al igual que en la película, la telebasura y las tragedias televisadas tienen sus consecuencias. ¿Consideras que existe una intención similar en tu obra y en la de Phillips?
La verdad es que no he visto esa película, así que no puedo hablar específicamente de esa conexión. Creo que Jerry Springer es una figura fascinante que ha penetrado profundamente en nuestra conciencia nacional, por lo que no me sorprende que hayan aparecido personajes similares en otras historias.

Portada de 'Los espectadores' (Ed. Llibres de l’Encobert)
Portada de ‘Los espectadores’ (Ed. Llibres de l’Encobert)

¿Consideras que la política es la que marca la agenda cultural y la de los medios de comunicación? ¿o son estos los que influyen en la agenda política?
Otra pregunta fascinante, cuya respuesta probablemente varía mucho según la nación. No estoy seguro de que pueda separar completamente la cultura de las instituciones, al menos en los Estados Unidos, que es un país profundamente religioso (una realidad cultural confirmada por las instituciones).
Estados Unidos es una democracia defectuosa, hay muchas razones por las que las decisiones de los políticos no reflejan los puntos de vista de la gente en conjunto, pero sí que creo que los políticos a nivel individual tienden a satisfacer los deseos de sus circunscripciones, y eso incluye cualquier tema destacado en esa comunidad. Y luego existen aparatos mediáticos oportunistas como Fox News, que básicamente funciona como una especie de televisión estatal, aunque creo que es probablemente la demanda de dicho contenido lo que incentiva esa cobertura, más que un deseo directo de interferir en una institución en particular. Por lo tanto, existe una interacción entre lo político y lo cultural, y esa relación se ve influida por muchos factores. En general, yo diría que la política sigue a la industria cultural, pero ambas están muy distorsionadas por el dinero.

En tu novela se pueden ver políticos showmans, lo que ahora conocemos como fake news, la persecución de las minorías sociales… ¿Pensabas en Trump y en su discurso al escribir la novela o es un reflejo de que la presidencia de Trump no es tan distinta a otras anteriores?
La verdad es que comencé este libro mucho antes de que Trump emergiera como una figura política, aunque cuando lo describo ahora (un libro sobre un político y estrella de televisión), la gente inevitablemente imagina que la novela está destinada a dialogar con nuestra realidad actual. Sin embargo, veo a Matthew Miller como una especie de antagonista moral de Donald Trump: Miller es un buen hombre, con un noble impulso, que se desvía. Es alguien que, en otras circunstancias, podría haber hecho mucho bien.

También la novela tiene paralelismos con una serie de HBO creada por David Simons, The Deuce, ya que se ambienta en el mundo LGTBI y la aparición del sida, tema del cual existe una gran documentación. ¿Qué fuentes has utilizado? ¿Sigue siendo un tema arriesgado o actualmente es incluso mainstream y oportunidad de negocio?
No creo que sea particularmente arriesgado explorar artísticamente el sida, como demuestra el éxito de The Deuce o The Great Believers, de Rebecca Makkai: el riesgo real lo afrontaron artistas como Larry Kramer, que escribieron sobre el sida cuando era un tema tabú. Probablemente, la fuente más importante que usé fue And the Band Played On, una crónica imprescindible de Randy Shilts sobre los primeros años de la crisis del sida.

Al igual que en The Deuce, se corre el riesgo de que el lector o espectador relacione la auge del VIH con la comunidad homosexual, ¿cómo reaccionó la comunidad gay a la novela?
En Estados Unidos, en los primeros años de la epidemia, el sida afectó de una manera desproporcionada a la comunidad gay, razón por la cual el gobierno federal dejó que la enfermedad avanzase sin oposición durante tanto tiempo. No se puede escribir sobre el sida sin reconocer ese hecho. Tenía mucha curiosidad por ver cómo las personas que vivieron esa época reaccionarían ante el libro. Los lectores homosexuales que he tenido hasta ahora, especialmente los hombres homosexuales mayores, me han apoyado increíblemente.

Por último, aunque en muchos países se ha avanzado mucho en derechos LGTBI, sigue pareciendo un tema tabú en determinados ámbitos. En deportes como el fútbol, por ejemplo, no parecen existir homosexuales, aunque, por estadística, tiene que haber. En política sucede lo mismo. Sobre todo, entre hombres, porque parece que entre las mujeres está más aceptado. ¿Por qué un hecho que se está normalizando parece que sigue oculto y que no se ha logrado avanzar?
No sé nada sobre deportes, literalmente. Así que, aunque probablemente podría especular sobre los valores culturales de los espectadores de fútbol y los conceptos de masculinidad entre los deportistas, estaría inventando cosas. En términos de política, al menos en los Estados Unidos, creo que el éxito de Pete Buttigieg demuestra que hemos recorrido un largo camino, política y culturalmente, en un corto período de tiempo.