Memento

Pau Llonch (Versembrant): "La escuela es una institución republicana que debemos defender con uñas y dientes"

Desde hace unas semanas, los principales debates en torno a la pandemia de la COVID19 se han centrado en la vuelta a las aulas. Lamentablemente, la mayoría de las horas que se han dedicado a tratar el regreso de la educación presencial han sido para hablar sobre la seguridad sanitaria y, por el contrario, ha habido poco espacio que trate sobre la importancia educativa que tiene la interacción social en las escuelas. Tampoco se ha planteado si es necesario dejar espacio entre las asignaturas curriculares para tratar la pandemia, sus efectos y hablar abiertamente de ello entre los estudiantes porque, nos guste o no, el mundo no es igual que cuando se vaciaron las aulas hace ahora 6 meses.

Si la vuelta al colegio es complicada, también supone un reto mantener la actividades extracurriculares que acompañan en el crecimiento de los alumnos y alumnas a través de otras herramientas y otros recursos educativos. En esa tesitura se encuentra Versembrant una escuela popular itinerante de Catalunya que pretende fomentar la conciencia crítica de los jóvenes mediante el arte urbano y el hip hop. Una de las claves de esta propuesta educativa está en la idea de empoderar en sus capacidades a quienes participan apoyándose en la cooperación y la cohesión de grupo.

Pau Llonch es el impulsor y educador en el proyecto. Además, escribe en diversos medios, es economista y miembro del Seminario de Economía Crítica Taifa y, también, MC del grupo de rap catalán At Versaris. Aunque con su música ha recorrido muchas ciudades y países, hace tiempo que cambió el escenario por las aulas y entendió la capacidad transformadora que tiene el arte en general y el hip hop en particular. Acaba de editar El rap a l’aula: Aprenentatges d’una revolució en marxa (Associació de Mestres Rosa Sensat), un dossier donde detalla su propuesta de reorientación educativa.

Sirve como excusa para hablar de educación de una manera más amplia, porque hay debates que hay que afrontar no sólo cuando son noticia. Porque la enseñanza no debe ocupar un espacio importante en primera plana sólo cuando, como ahora, se ve más como un problema que como una solución. Porque la educación debe estar en constante revisión, pero, sobre todo, ser blindada. Porque es un derecho y no una obligación. Porque no puede responder sólo a criterios del mercado.

Pau Llonch durante uno de los talleres de Versembrant.

Versembrant dice ser una escuela popular itinerante. Salvando las distancias, tiene similitudes con el teatro universitario La Barraca que dirigió Lorca durante la II República. Ambas surgen de la idea de educar mediante la cultura y de hacerla accesible en distintos lugares sin importar la condición social y economía. Parece que casi 90 años después sigue siendo una educación cuasi residual y entendida como extracurricular, ¿por qué cuesta tanto incorporar este tipo de enseñanza en la formación del alumnado?
Antes de hablar de las causas, merece la pena entender bien la gravedad del asunto. En primer lugar, conviene subrayar que esa dificultad está muy extendida en todo el mundo, no se trata de un problema español o catalán. Ken Robinson, recientemente fallecido, atribuía ese sesgo educativo -que consiste en priorizar algunas materias como las matemáticas o la lengua por encima de artes y humanidades- al hecho que todos los sistemas públicos nacieron en el siglo XIX para satisfacer las necesidades del proceso de industrialización. Eso implicó una jerarquía que priorizaba las materias más útiles para el mercado laboral. Sin embargo, creo que el problema es aún más grave y se ha acentuado en los últimos 50 años; el sesgo educativo no ha implicado solamente priorizar unas materias por encima de las otras, sino desatender un conjunto de dimensiones de la construcción de la persona que, en la primera mitad del siglo XX, sí tenían una gran importancia en los textos de desarrollo infantil y en la teoría educativa. Como explica a la perfección Pablo del Río, uno de los referentes que debemos reivindicar a cada segundo cuando discutimos estos temas, funciones superiores de la consciencia como la voluntad, el control y la disciplina, la profundidad de la sensibilidad o el altruismo y el desarrollo moral, así como el plano de futuro o la capacidad de sacrificio, han sido abandonadas y aplastadas por el intelecto y las capacidades cognoscitivas como únicos legítimos gobernantes del currículum escolar. Todos somos víctimas de este abandono.
En la medida que se desplazan esas dimensiones de hecho humano, se apartan también los instrumentos que permiten su desarrollo, que son básicamente las obras de arte y la literatura, el teatro o la danza. Desde Vygotski, cuando hablamos de psicotecnias, nos referimos a la acción sociocultural mediante la que se realiza esa construcción mediada de las funciones superiores de la mente. Dicho más sencillamente: la mente es un constructo producto de la actividad mediada y, muchas de sus funciones más importantes, no pueden desarrollarse sin actividad creativa, artística o literaria: la obra de arte es un instrumento de transformación de esas funciones mediante una técnica de los sentimientos. Sin embargo, cuando se introduce el conocimiento artístico en el currículum es mediante el "acumulacionismo" informacional y el enciclopedismo: memorizar la fecha y una descripción sucinta de una obra en lugar de vivirla, y construir las emociones que nos suscita en sentimientos. El arte se convierte en contenido textual y verbalista y eso implica desatender las estructuras narrativas y dramáticas de las obras y la creación cultural e identitaria. En este contexto, ¿a quién le puede extrañar que un sistema de actividad como el hip hop, que pone en el centro precisamente todas esas dimensiones desatendidas de lo humano, sea bien recibida por comunidad educativa sedienta de motivación y de sentido?

Como señalas, utilizáis como herramienta educativa el arte urbano y el hip hop que, pese a que a los adolescentes sí les atrae, tiene muy mala prensa y sigue considerándose un arte menor y vulgar. ¿Es una barrera utilizar el rap a la hora de llegar a los centros educativos? ¿Cómo se puede cambiar en el imaginario colectivo esa idea errónea de la cultura hip hop?
No es una barrera en absoluto, al menos por ahora. Al contrario, el cuerpo docente está lleno de personas con mucha sensibilidad en relación con los problemas que estamos comentando y reciben con los brazos abiertos todas las propuestas que, con rigor y un diseño educativo adecuado, impliquen una mejor comprensión de cómo funciona el aprendizaje humano, a la luz de muchos descubrimientos neurocientíficos recientes. Por cierto, eso también implica una reorientación de las materias de matemáticas y lengua, porque el problema, como decía, no es con una materia u otra, sino con cómo pretendemos enseñar. El pensamiento matemático es lo más alejado a algo tedioso y repetitivo, es juego y, sin embargo, ese mismo sesgo del que estamos hablando lo ha convertido en el objeto del odio de la mayoría del alumnado.
Pues bien, el rap es un sistema de actividad práctico con el que se movilizan muchos aprendizajes concretos que están en el currículum, pero de forma mucho más efectiva porque conecta con esas dimensiones que hemos dicho que son fundamentales en el hecho humano: el rap es drama, consiste en construir un escenario virtual desde el que cualquier joven puede comprenderse a sí mismo, puede sentir que su vida importa para el resto del grupo y le sirve para proyectarse en el futuro. Además, como cualquier ejercicio dramático (y en parte el rap lo es) permite el control de las emociones en un marco representativo. ¡Es una herramienta brutal! Igual que lo es el teatro. Prueba de ellos son los proyectos de drama education que tan buenos resultados están dando, especialmente en Inglaterra.

Portada del dossier educativo escrito por Pau Llonch.

Uno de los principales teóricos en los que respaldas tu propuesta educativa es el psicólogo ruso Vygotsky, quien entendía que los niños y niñas desarrollan primero su aprendizaje mediante la interacción social (interpsicológica) para después interiorizarlo a nivel personal (intrapsicológico).
Ahora que se pone en duda el regreso a las escuelas por el COVID-19 y que muchos padres y madres prefieren no llevar a sus hijos al colegio, ¿crees que puede ser peligroso para el desarrollo personal y educativo esta falta de interacción en las escuelas?
Me parece evidente que eso va a influir. Hace años que existe un debate en torno a las metodologías educativas que ha abierto paso a prácticas interesantes, que ahora vivirán un retroceso por la pandemia. Pero confiemos en que esto sea temporal. En cualquier caso, como materialista, estoy convencido que el principal enemigo de la reorientación educativa que necesitamos son las ratios, los insuficientes presupuestos públicos, la segregación escolar y muchos otros hechos incontrovertibles que deben ser atacados en primer lugar. Sin estos elementos, trasladaríamos la responsabilidad de esa transformación educativa a los docentes, infiriendo que el problema es que deben cambiar de mentalidad. Cómo señala Rendueles, esos tics subjetivistas que ningunean la importancia de las condiciones materiales son el idealismo contemporáneo contra el cual hoy Marx hubiese escrito su Ideología Alemana.
Dicho esto, las subjetividades importan. Es en ese sentido es en el que Vygotski y toda la corriente histórico-cultural del desarrollo se devienen fundamentales. A muchos marxistas repetir el cuento de las condiciones materiales les ha servido, sobre todo, para no tener que hacer ningún esfuerzo en dilucidar cuáles son los mecanismos exactos por los que esas condiciones nos afectan, y los ha llevado a caer en toda suerte de determinismos que sólo pueden llevar a la inacción. Los seres humanos estamos supeditados por nuestras condiciones, pero precisamente lo que nos hace humanos es que, mediante la práctica vital, somos capaces de comprender esos condicionantes y mandarlos al carajo. Es muy difícil comprender conceptos como el de praxis dentro del marxismo sin comprender la visión vigotskiana de cómo, a través de la práctica, transformamos nuestro entorno, pero también nos transformamos a nosotros mismos. Pero volviendo a lo concreto, si tuviese que resumir la aportación vigotskiana, es que es una concepción científica de la naturaleza humana. No necesitamos creer en duendes ni en cosas muy metafísicas y podemos, por lo tanto, permanecer en los confines de la ciencia y la psicología defendiendo que la mediación artística para la construcción psicológica y educativa de lo humano es central.

"El principal enemigo de la reorientación educativa que necesitamos son las ratios, los insuficientes presupuestos públicos, la segregación escolar y muchos otros hechos incontrovertibles"

Esta pandemia ha activado la educación on-line para frenar la expansión del virus. Esta idea, además de acentuar las diferencias sociales entre alumnos, muchas veces carece de la parte emocional de la educación y se centra en terminar las tareas curriculares sin más. Vosotras, mediante el proyecto Fight The Covid, también os acercasteis a la educación virtual. ¿Se puede trabajar la interacción social y las emociones por internet?
Es mucho más difícil y mucho menos fecundo, pero no es imposible y no tenemos más remedio que probarlo en las condiciones actuales. Pero ojo, a veces se confunde el papel de lo colectivo en esto del aprendizaje. Decir que el origen del aprendizaje es social, y hablar como comentabas del proceso de internalización del conocimiento, desde el plano interpsicológico al intrapsicológico, no implica necesariamente que las metodologías deban ser siempre en grupo y siempre presenciales. Cuando yo aprendo a tocar el piano con unas partituras, esa partitura es ya una mediación cultural, un instrumento repleto de sociedad que existe en el plano social antes que yo lo internalice. Una de las vulgarizaciones del trabajo de Vygotski, creo, es pensar que todo se soluciona trabajando en grupo. Dicho esto, es evidente que las cuestiones emocionales y que tienen que ver con la creación de sentido en la escuela están íntimamente ligadas al grupo, y que la educación online es un contrasentido. El proyecto Fight The Covid ha sido una herramienta para salir del paso, pero nos encantaría poder enterrarlo si esto de la pandemia remite.

Una de las críticas que hace el profesorado ante la vuelta a las aulas es que no se puede volver al temario sin abordar la situación de estos meses. No entienden que se dé clase sin más y no hablar de los efectos de la crisis sanitaria. ¿Por qué existe ese miedo a tratar componentes psicológicos y sociales en las aulas? ¿Crees que se debe a la continua denuncia de la derecha sobre el adoctrinamiento cuando se sale del temario habitual?
Ese un tema crucial. La escuela es una institución republicana que debemos defender con uñas y dientes. No es meramente el lugar donde se fabrican proletarios y se realizan subjetividades acríticas, como han sugerido algunas izquierdas miopes. En eso, la derecha y alguna izquierda foucaultiana se parecen bastante, porque los primeros quieren que la escuela sea eso que los segundos dicen que ya es. Frente a esa derecha cavernaria que quiere degradar la enseñanza pública y convertirla en una mera instrucción de subjetividades para el mercado, la izquierda sólo puede defender la función republicana de la escuela desde la convicción que el pensamiento crítico y el debate anclado en lo que ocurre en la sociedad debe ser uno de sus pilares.

Uno de los elementos que tratas en el libro es la dieta cultural, que viene a ser la construcción de nuestra realidad a través de lo que consumimos. Pese a que el influjo de la globalización y de los medios de comunicación sigue siendo abrumador, parece que Internet ha abierto una ventana de posibilidades para que la juventud no tenga gustos homogéneos. Por tu experiencia, ¿qué peso sigue teniendo la televisión, el cine y la música más comercial en la educación cultural de los jóvenes?
Uf, esto también es un tema central. ¡Qué buena entrevista! Tengo más dudas que certezas en este tema. Pero mi intuición me dice que internet no es una ventana abierta a la heterogeneidad, sino todo lo contrario. Es necesario desarrollar la sensibilidad, el pensamiento crítico y muchas otras virtudes para encontrar en internet algo que no sea, precisamente, homogeneidad a raudales. Para diagnosticar el peso de la televisión, el cine y la música en la educación harían falta estudios profundos, como los que en su día materialistas como Pablo del Río y Amelia Álvarez hicieron en España. Eso si es ser materialista: entender que para sacar conclusiones de algo hace falta estudiarlo en profundidad y no sacar conclusiones llenas de funcionalismo, aporías o falacias. En cualquier caso, defendemos que la escuela debe ser un lugar para poner en el centro la dieta cultural del alumnado, cuestionarla, repensarla y que, al final, sean los jóvenes quienes se adueñen de esta dieta y la construyan, no meramente como consumidores, sino también como productores. Eso sí es transformador.

En los talleres de rap que impartís abordáis siempre determinados problemas sociales como el racismo, el machismo, el clasismo… Ante el auge de la extrema derecha y la irrupción de Podemos en el Gobierno, parece que existe una juventud que siente que defender valores más "tradicionales" es la nueva manera de ser el enemigo del sistema. Tal vez en Catalunya sea un marco distinto, pero ¿crees que existe un retroceso en el respeto y en los derechos sociales de las minorías entre los jóvenes? ¿Lo habéis apreciado en vuestros talleres?
Tampoco puedo ser exacto en esa respuesta, pero, por mi experiencia, los jóvenes en la escuela son mucho más tolerantes respecto a la diversidad de lo que lo éramos nosotros cuando yo era joven. Por ejemplo, el nivel de normalización del que gozan los debates de género o identidad y orientación sexual es mucho mayor. Al menos eso es lo que yo percibo en Catalunya, y he estado en centenares de centros educativos. Creo que la extrema derecha fracasó en su intento de convertir en un problema identitario la crisis de 2008, pero no está tan claro que no lo consiga ahora, cuando la depresión económica que viene se recrudezca y el vínculo social se enfríe por el Covid19. Siempre decíamos que el estado español y Portugal eran las excepciones a la deriva extremista y xenófoba de Europa, pero no está claro que podamos seguir diciéndolo. Si la presencia de Podemos en el Gobierno, además, genera frustración porque no consigue consolidar derechos sociales y económicos, eso dará más gasolina a Vox. No soy nada optimista en ese sentido. Si a eso le sumas que el anticapitalismo no consigue salir de discursos vacuos y huecos de "recuperar las calles" en un momento en el que eso, particularmente, es imposible, no queda mucho margen para el optimismo.

Los últimos capítulos del libro los dedicas al aprendizaje y aportas una parte teórica para entender el rap y también tareas y herramientas para componerlo. Nosotros que venimos de otros tiempos donde se aprendía el rap practicándolo en la calle con los amigos y, muchas veces, lo utilizábamos como forma de desahogo personal, ¿qué puede aportar la teoría a un estilo de música tan visceral e intuitivo?
Yo creo que mucho. Es cierto que cada uno hace una aproximación distinta a una práctica cultural como el rap, pero nadie absolutamente escribe ajeno a técnicas, por mucho que su interiorización práctica no le permita distinguir cuál de ellas usa y por qué. Veamos algo técnico, espero que el lector no versado en rap no se pierda: el mero hecho de mover una rima externa (coincidente con el cuarto pulso del compás, tú ya sabes de qué va eso) y hacer que "caiga" más tarde, por ejemplo, justo después de la caja, es ya una técnica. Que uno lo haga sin haber pensado claramente que lo es, y cómo combinarlo con otras técnicas (cómo figuras retóricas de todo tipo y otros muchos recursos de los que hablo) no quita que esté usando técnicas. Combinar conocimientos técnicos con intuición y visceralidad es exactamente lo que convierte una canción buena en una obra de arte. Esa catarsis que sentimos cuando un tema es bueno (¡y que transforma físicamente nuestro cerebro!) es precisamente un cortocircuito entre forma y contenido Eso, por cierto, está también en Vygotski mejor explicado que en ningún sitio. Lo único que hago es ordenar y sistematizar técnicas para que alguien que escriba pueda entender mejor por qué unos versos funcionan más que otros. O qué le falla en su canción y qué podría mejorar. El arte es una técnica social del sentimiento y eso implica que es social. Pero además de lo emocional, también requiere de una técnica.