Memento

Miguel A. Giner: “En los cómics de superhéroes puedes encontrar muchos reaccionarios”

Para las personas que disfrutamos de las novelas históricas escritas desde una aproximación al periodismo, la novela gráfica ha adquirido un gran protagonismo en los últimos años. Tal vez la dificultad de dedicar tiempo a leer en la actualidad, con tanto estímulo cultural a raíz de internet, o la versatilidad del formato, han hecho que crezca la popularidad de este género literario. Además de la publicación de nuevas historias, también muchos best seller se han adaptado a una versión gráfica al igual que muchas biografías de distintos personajes. Sin duda, son ejemplos del intento de llegar a un mayor público por parte de editoriales e ilustradores.

Dentro de la oferta, una de las obras más brillantes de 2020 fue, sin duda, Ofensiva Final, una novela que, a través de una historia ficticia nos traslada a Nicaragua y nos habla de pobreza, racismo, conflictos políticos... muchos de los horrores que suceden hoy en día, sobre todo en las zonas del sur del plantea y que, muchas veces, no queremos ver. Una obra con un gran poder visual y un guion formidable que hace de esta novela gráfica un documento de actualidad imprescindible.

La novela está ilustrada por Susanna Martín, autora nacida en Barcelona que cuenta con varias grandes obras en su trayectoria (en solitario o en conjunto), que ha ilustrado para medios como Pikara Magazine o El País, entre otros, y ha ganado dos veces el Premio de Cómic Lambda de Barcelona. Por su parte, el guion es obra de Miguel Ángel Giner, nacido en Benetússer (València), que ha publicado la mayoría de su obra junto a la ilustradora Cristina Durán, con quien ganó el Premio Nacional del Cómic en 2019 por su obra El Día 3, que habla del accidente del metro de València.

Ofensiva final es una historia ficticia que sirve como hilo conductor para sumergirse en historias reales. Aunque puede ser el relato de muchos países por desgracia, se da a entender que sucede en Nicaragua y he leído que surge de sendos viajes que hicisteis al país por separado, pero ¿cómo decidís hacer este cómic?
Miguel Ángel: En 2013 Oxfam, dentro de la campaña de sensibilización ComicOnTour, envía a unos pocos autores de cómic a diferentes partes del mundo para hacer un trabajo de investigación que luego se vería reflejado en unas historietas dentro del álbum Viñetas de vida. Cristina (coautora de la mayoría de mi obra) y un servidor viajamos a Nicaragua, en donde tuvimos más de 20 entrevistas con actores del periodismo y de la política del país, y numerosos encuentros con cooperativas, grupos de teatro, residencias de niñas y/o visitas a poblados con un nivel de pobreza alarmante. De toda aquella experiencia tenía claro que, tarde o temprano, haría una historia con todo ese material, pues era demasiado interesante como para dejarlo aparcado. Por aquel entonces Cristina no podía empezar un nuevo proyecto (estaba inmersa en dibujar Cuando no sabes qué decir) y tenía claro que la siguiente opción era Susanna. Su trabajo me gusta mucho, tenemos sensibilidades políticas similares y viajó justo después de nosotros a Nicaragua, con lo que facilitaba muchísimo el trabajo.

Aunque, como dije, hay un hilo narrativo y unos personajes inventados para la novela, los sucesos que ocurren son reales. Además de la imaginación, ¿cuál es el trabajo documental necesario para crear una obra así?
MA: La documentación es imprescindible. A mi modo de ver, este tipo de historias no se pueden hacer si no hay detrás una experiencia personal fuerte, si no has "pisado el terreno". La cuestión es que en el proyecto de Oxfam solo se podían hacer 15 páginas y yo tenía material recogido para hacer 500. Es un cómic que se complementa, incluso se completa, con otros dos: con el de Ondas en el río de Viñetas de vida, y con El bote de mermelada que hicimos también para Oxfam y que trata de la situación de las mujeres en Guatemala, donde una documentalista, que podría ser Iratxe, va a desgana a una cena de ricos a intentar buscar subvención para su próximo documental. Se puede leer aquí: https://issuu.com/lagruaestudio/docs/elboteduranginer

Miguel Ángel Giner Bou, guionista de "Ofensiva Final". Juanjo Laudes
Miguel Ángel Giner Bou. Foto: Juanjo Laudes

Más allá de contar historias, ¿existe un propósito personal detrás de esta novela?
MA: Como decía, tanto Susanna como yo somos activistas, tenemos una fuerte implicación política y prácticamente todos nuestros trabajos tienen un fondo de sensibilización social evidente, así que podemos decir que nuestro propósito siempre es reivindicativo. A veces es más directo, como en El día 3, otras veces es más sutil. En este caso, es uno de los trabajos más políticos que he escrito.

Habíais trabajado juntos en La Paradoja de Fermi, aunque se trataba de una temática muy distinta. Para quienes desconocemos el proceso, ¿cómo es el trabajo conjunto entre un guionista y una dibujante?
MA: Lo primero es que haya una sensibilidad parecida entre ambas partes. En mi caso, pregunto al o la dibujante qué grado de libertad quiere: hacerle yo el storyboard (o la planificación de cada página) o simplemente hacer una pequeña descripción literaria de las escenas. Todos y todas me piden un grado de libertad alto, pues pueden aportar parte de su creatividad a la obra, que es lo que a mi más me gusta. En fin, crear un diálogo entre el guionista y la dibujante. Los monólogos no son mi estilo.
Susanna Martín: Cuando se trata de un proyecto largo, es muy importante que haya una buena sintonía entre dibujante y guionista. A mí no me gusta que me planifiquen las páginas porque me siento más "ejecutora" que creativa. Si el o la guionista confía en mi trabajo, se puede establecer una suerte de dialecto gráfico que es lo que hace interesante una obra a dos manos. Yo también puedo enriquecer una historia aportando mi perspectiva y mi sentir. Dibujar un guion que no te llega ni a la patata ni a las entrañas es aburridísimo. Y sí, he tenido muchísima suerte con Miguel Ángel, no solo por compartir ideales y referentes culturales sino también porque hay un respeto mutuo y también al oficio.

"El cómic de aquí u otros países en los que hubo una dictadura militar siempre fue un medio muy de clase obrera" (Susanna Martín)

Vuestro trabajo, comparable a otras novelas gráficas como las de Joe Sacco, por ejemplo, bebe mucho del género periodístico e histórico. También anteriores trabajos por separado como el Día 3 o Gaza Amal están elaborados desde este enfoque. ¿Pensáis que el cómic puede acercar la historia contemporánea a la sociedad? ¿Y puede servir como herramienta de denuncia social?
MA: Absolutamente. En primer lugar, es un medio excelente pues la lectura es amena y rápida sin perder profundidad de discurso. Por otro lado, como autor, tienes un nivel de libertad creativa que otros medios, como el cine o la animación, no se pueden permitir.
S: Totalmente de acuerdo. A través del dibujo puedes retratar las historias más terribles sin por ello herir sensibilidades, al contrario. Llegas a más personas y sin límite de edad e identidad.

Además del mencionado Joe Sacco, hay otros dibujantes de éxito como Paco Roca, Zapico o Marjane Satrapi que utilizan el cómic para contar la historia más reciente pero, para un lector ocasional como yo, me da la sensación que siempre desde una mirada de izquierdas.  ¿Es una realidad o existe también mucho cómic reaccionario?
MA: Bueno, eso es porque lees este tipo de cómics. Si te das una vuelta por los superhéroes, que es lo que más se consume, puedes encontrar mucho reaccionario. Frank Miller ha sido acusado muchas veces de fascista. Y Batman es un rico que usa la violencia y su dinero para machacar a los barrios marginales de Gotham, lejos de buscar soluciones sociales. Supermán, Capitán América, Ironman, muy de izquierdas no los veo, la verdad.
S: Claro. Si miramos solo el cómic de aquí u otros países en los que hubo una dictadura militar (Argentina, Chile, Brasil…) hay que pensar que siempre fue un medio muy de clase obrera. Así que ha sido un campo de experimentación gráfica y discursiva durante décadas.

"Batman es un rico que usa la violencia y su dinero para machacar a los barrios marginales de Gotham, lejos de buscar soluciones sociales" (Miguel A. Giner)

El éxito de los autores mencionados y la publicación de la versión gráfica de novelas históricas, ¿ha servido para que el cómic se deje de asociar a un público juvenil o friki? ¿O hace tiempo que eso quedó atrás?
MA: A nivel cultural y teórico hace tiempo que quedó atrás. A nivel de sociedad, pese a que se han dado grandísimos pasos, aún queda un poso de pensamiento único en donde los cómics son para niños, como las películas de animación. Y está claro que South Park o Persépolis, por poner dos ejemplos, no son para niños.
S: Uf, yo creo que hay mucha confusión. Se dice que es de niños (no de niñas) y curiosamente en las escuelas no se leen cómics. El profesorado no tiene nociones ni es lector de cómics actuales. Yo me he visto dando talleres a criaturas de diez años con Mortadelo y Filemón como referente comiquero. Curiosamente hay menos títulos de cómic infantil que adulto. Y cómic juvenil… apenas hay. Y a mí también me ha pasado que, cuando digo que dibujo cómics, me preguntan si hago cosplay en los salones. Cuando sales de tu burbuja te das cuenta de lo marciano que suena decir que dibujas tebeos y que casi nadie lee cómics (risas).
En general, en este país no se valora ni se cuida la cultura, y los planes de Educación son para echarse a llorar, cuando debería ser lo principal a resolver. Habría que inculcar más el amor a la cultura y a las artes -todas-. Y de paso que nos cuiden más a la gente que intentamos trabajar de ello. Es algo que se ha visto durante la pandemia.

Susanna Martin.

Susanna, formas parte del Colectivo de Autoras del Cómic, que según vuestra web lucháis "por la igualdad real y efectiva en un mercado tradicionalmente dominado por el hombre como es el de la historieta". En los últimos años sí parece haber un auge de autoras pero, visto desde dentro, ¿cómo está el sector en términos de igualdad?
S: Por desgracia, no hay igualdad. A las autoras nos siguen invitando a mesas redondas sobre "ser mujer en el mundo del cómic", en las entrevistas la mayoría de las preguntas giran en torno al supuesto género de una, en los salones de cómic las autoras invitadas somos minoría a pesar de que cada año publicamos más…  Y podría seguir con más ejemplos que hacen que sigamos sin romper ese techo que nos han puesto. Sí creo que nuestro camino profesional es más duro por todo lo que aún arrastramos (tener que cuidar y criar, no tener el mismo apoyo familiar o profesional que un chico, aguantar babosadas sexistas de colegas, etc) y el esfuerzo será siempre doble o triple, depende de la situación de la que vengas. Muchas veces me han preguntado si las autoras somos más transgresoras y reivindicativas. Yo dibujo historietas y personajes que me hubiera gustado leer. Solo queremos dibujar tebeos, como el resto de nuestros colegas hombres, y que nos dejen de clasificar o mirar con una lupa.

Por último, es difícil obviar la pandemia. En vuestro caso, ¿cómo afecta la falta de ferias y la dificultad de hacer presentaciones en vuestro trabajo?
MA: De forma muy negativa. En presentaciones, ferias y salones se compran y se firman muchos libros. Como las dedicatorias suelen estar muy curradas, acompañadas de dibujos, muchos lectores se suelen esperar a estos eventos para llevarse un libro firmado. Por otro lado, es un momento para encontrarnos con los y las colegas y compartir experiencias y sensaciones, casi lo que más nos gusta de esos eventos.
S: Yo añadiría que por nuestra profesión tan solitaria (te pasas meses y meses trabajando en lo mismo teniendo poca vida social), asistir a una feria o salón representa una recarga energética y creativa muy grande. Yo siento que he perdido eso este año, entre otras cosas.

Decían que esta crisis sanitaria podía hacer que los artistas y autoras se inspirasen y creasen más. ¿En vuestro caso ha sido así?
MA: Eso lo dicen porque no tienen hijas (risas). Si tus hijas no pueden salir de casa, acabas haciendo de todo menos trabajar: de profesor, de peluquero, de animador… y si una de ellas es dependiente, ya ni te cuento. Durante el confinamiento yo no logré sacar más de cuatro horas al día de trabajo, así es difícil que las musas te visiten.
S: ¡Para nada! Aparte de esa reducción de jornada laboral por tener que cuidar o atender a otros miembros familiares, por miedo a no tener trabajo este año y cuando se paralizaron todos los proyectos en los que estaba trabajando durante el primer confinamiento, cogí otros encargos que me llegaron, así que mi nivel de estrés ha incrementado y no he podido oxigenarme mentalmente entre proyecto y proyecto. Creativamente, una mierda.

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