Memento

Gracias, Vallekas

 Vecinos de Vallecas convocan dos concentraciones en contra del acto de presentación de la candidatura de Rocío Monasterio, para las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid, junto al líder de VOX, Santiago Abascal, este miércoles en el distrito de Puente de Vallecas, Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez
Vecinos de Vallecas convocan dos concentraciones en contra del acto de presentación de la candidatura de Rocío Monasterio, para las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid, junto al líder de VOX, Santiago Abascal, este miércoles en el distrito de Puente de Vallecas, Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez

Como si el espíritu de Hermann Tertsch les hubiera invadido, una parte de la izquierda ya tenía las crónicas escritas antes del acto de Vox de ayer en Vallekas. "Es lo que querían", "han ganado ellos", "han logrado quedar como víctimas" y a seguir con la matraca del no hacerles casito.

En algunos ambientes está bien, tal vez en redes sociales vale la pena no seguirles el juego y no difundir ni sus bulos ni sus brindis al aire, pero cuando vienen a la puerta de tu casa a propagar su mensaje fascista, lo mínimo que puede hacer un demócrata es plantarles cara e intentar echarlos de ahí.

No se puede ignorar por completo a un partido político que tiene barra libre en prime time y al cual los matinales televisivos más vistos han comprando su discurso sin pestañear. Ya hemos comprobado que pasar de ellos, que intentar minimizarlos, que sacar sus vergüenzas, que probar que muchos de sus candidatos vienen de asociaciones nazis, que otros han cometido delito no funciona, porque tienen unos medios complacientes.

Si ayer no hubiera ido ningún vecino o vecina a plantarles cara hubieran difundido otra cosa. Hubieran vendido una victoria y que Vallekas ya no es roja. Hubieran infiltrado a alguien para lanzarles una piedra o se hubieran inventado ese lanzamiento aunque no hubiera imágenes, porque les compran el relato sin pestañear los distintos medios.

Más allá de eso, como decía, es un deber democrático plantar cara a los fascistas si acuden a tu barrio. Porque esa acción no va destinada a la caverna mediática ni valora si cuadra en la estrategia política del partido de turno.

Ese acto de respuesta, en primer lugar, quiere señalar que no toda opinión es válida y que difundir odio hacia las minorías y hacia el pobre no tiene cabida en nuestra sociedad. Esa concentración le está diciendo al migrante, al homosexual, a las mujeres, a los vecinos y vecinas de barrio humildes, que no están ni solos ni solas. Que pese a la sociedad de la repulsa al diferente que pretenden implantar, todavía hay personas que creen en el bien común y combaten las desigualdades.

La protesta vecinal de ayer sirvió para que antifascistas de otros puntos del Estado nos sintiéramos orgullosos del barrio de Vallekas, para que entendamos que callar e ignorarlos no sirve de nada si no viene acompañado de un silencio mediático y, también, para que la extrema derecha sepa que no nos vamos a quedar callados y no les vamos a dar la victoria de antemano.

Gracias, Vallekas. Gracias a los vecinos y vecinas que les plantaron cara en la calle. Gracias a quienes colgaron pancartas en sus balcones. Gracias a quienes acallaron con sus cánticos los discursos de odio. La única lectura política que se debe hacer de ayer es esa. Porque si al fascismo se le intenta ignorar sin más, no podremos desentendernos de ellos cuando ya estén dentro de nuestras casas.