Memento

Juanma Castaño, Risto Mejide y la corresponsabilidad

Juanma Castaño, en 'La resistencia'. (Movistar Plus)

Cada poco tiempo se repite la misma noticia: baja la natalidad en España. Es una información recurrente y que se va agravando con el paso de los años. Los más cavernarios dicen que se debe a que las mujeres ahora solo quieren hacer deporte, tatuarse y tener perros (sic), como si su obligación fuera ser madres. ¿La realidad? La situación socioeconómica de las jóvenes no deja siquiera valorar si quieren tener hijos. Pocas personas conozco que hayan llegado a los 30 años con una situación laboral y personal estable que les permita afrontar tal tesitura. ¿Para qué traer un bebé a un mundo en el que ni nosotras podemos mantenernos?

En cambio, entre las personas ricas no suele existir este problema. La tasa de natalidad de la clase alta no sufre grandes caídas ni mucho menos. Podemos ver a famosos de la televisión o futbolistas que antes de los 30 tienen varios hijos. No les preocupa el dinero, como es obvio, ni dónde van a vivir ni si van a poder alimentarse bien. Pero tampoco les preocupa demasiado la conciliación familiar ni mucho menos la corresponsabilidad de los hombres en los cuidados. Muchas veces las tareas "aburridas" de ser padre las delegan en la mujer o en alguna persona contratada (generalmente mujer) que se encargará de ellas.

Esta semana hemos visto como el periodista deportivo Juanma Castaño no tenía ni la menor idea de a qué curso iban sus hijos. Todo dicho entre risas en el programa La Resistencia y sin sentir el más mínimo pudor. "Les quiero mucho, me da igual al curso que vayan", sentenció. Porque el amor funciona así para la gente con dinero. Les importa pagar un buen colegio, pero saber el curso o el nombre del profesor o profesora es lo de menos. El cariño se compra para ellos. En cambio, sí parecía saber cuánto dinero tiene en el banco, porque para él eso es el amor. Porque está demasiado ocupado teniendo éxito como para tener una educación corresponsable. Porque cuando ya sabes que tus hijos tienen un futuro asegurado, imagino que importa poco el curso. La educación privada es un trámite para acabar colgando un diploma en un gran salón y el amor está en pagarlo, no en acompañar ese proceso.

Poco tiempo antes vimos al vendehúmos o presentador (no recuerdo qué era) Risto Mejide decir que odia cambiar pañales y que si puede delegar esa función, lo hará. Encima lo dice en público, orgulloso y mirando a la cara de la madre. Además, añade que es una actividad con "cero valor añadido". Porque para esta gente todo debe tener un valor y una recompensa inmediata. No es suficiente satisfacción el cuidar de tu bebé y verlo crecer. Debe devolverte algo. Este personaje también dice que pese a ello "la quiere mucho". Porque es necesario remarcar el amor cuando estás quedando como un ser deleznable. No, tal vez tu hija no te diga nunca qué bien le cambiabas los pañales, pero la recompensa no es el reconocimiento sino el poder hacer este acto como demostración del afecto hacia ella. Pero no saben hacer nada que no les reporte beneficio.

Dijo Agatha Ruiz de la Prada en una entrevista para la revista Telva que sus hijos "nunca supieron si eran ricos o pobres". Querida, si llegan a ser pobres lo hubieran sabido. En las zapatillas que tienen otros compañeros y a ti no te compran, en la ropa llena de rodilleras, en la comida, en las excursiones que no podías ir... en muchos lugares y rostros. Pero también lo notamos en el sobre esfuerzo para que estudiemos, en la mano que nos lleva al colegio, en las reuniones con profesores y en el acompañamiento de las tareas. Y es mucho más difícil que siendo rico, porque los horarios de la clase trabajadora no siempre permiten la conciliación y la compañía, pero llamar a la profesora por su nombre de pila o preocuparte por la evolución educativa de tus hijos no debería ser una faena o algo que no tiene valor añadido.

Vemos que para ellos el amor se compra y la educación también, pero muchas personas creemos que el cariño y la formación también se pueden construir. Y mientras nos cuidamos y nos educamos para edificar un futuro mejor, también pelearemos para que vuestros hijos no tengan más oportunidades solo por nacer en una familia acomodada. Tal vez así veáis el valor de cambiar pañales y sepáis el curso perfectamente.