Memoria Pública

«Mi abuela no quiso sembrar odio entre sus hijos»

Antonio Alcega fue una víctima atípica de los criminales fascistas. Tenía 47 años y vivía en una próspera situación económica. Era el cartero de Bureta (Zaragoza), propietario de un café en el pueblo, de varias vacas e incluso una fonda que en 1939 fue vendida por un millón de pesetas. Sin embargo, pese a no hacer mucho proselitismo, era militante de Izquierda Republicana y eso bastó para que fuera eliminado por los falangistas.
"No era muy habitual que se encargara de sacar las vacas, pero el día que le cogieron lo hizo porque iba vestido con ropa de trabajo", señala, su nieta de 50 años, Olga Alcega.
"Mis tías nunca nos contaron nada pero, siendo pequeña, una señora de luto se me acercó y me dijo: Olguita, cada vez que te veo recuerdo a tu abuelo cuando se lo llevaron".
Tenía 6 años pero empecé a preguntarme cosas. Mi abuela me llegó a decir que sabía perfectamente quién era el asesino pero que no dijo nunca nada a sus hijos porque no quiso sembrar en ellos el odio que mató a su marido", explica Olga. Antonio fue fusilado en Magallón, a siete kilómetros de su pueblo. La historia recuperada por su nieta dice que antes de su muerte ya había sido ordenado al gobernador de Zaragoza que se reemplazara al cartero. Tras su muerte quisieron expropiar las propiedades a la familia.
Caso archivado por el Juzgado número 2 de Zaragoza.

Incluido en el reportaje de Pere Rusiñol, Diego Barcala y Ángel Munárriz publicado en la edición de Público del 30 de mayo de 2010