«Acusaron a mi abuelo de destruir una virgen»

Antonio Pujazón murió con 29 años, fusilado con otras 17 personas. Lo dicen sus memorias, escritas durante los meses de espera desde su detención en Alicante hasta su fusilamiento en noviembre de 1939. “Gracias a esos escritos sabemos que no hizo nada de lo que le acusaron”, dice su nieto, Joaquín.

Este ferroviario republicano se afilió a la comisión del enlace antifascista de Orihuela al comenzar la guerra. Su misión consistió en inventariar todo lo que hubiera de valor en las iglesias para protegerlo de los exaltados. Una vez detenido pasó por el campo de Albatera donde fue denunciado por vecinos de Orihuela acusado de robar una virgen de Montserrat.

“Mi abuelo reconoció haber 3 preguntado por ella, pero desconocía dónde estaba. Lo dejó todo escrito y se lo entregó al cura que intentó confesarle en prisión”, explica su nieto.

La abuela de Joaquín fue expulsada de su casa tras quedar viuda con una hija de tres años y tuvo que sobrevivir con la venta de los muebles.
“Nunca quiso hablar de nada de la guerra, pero antes de que muriera conseguí grabarle una entrevista en la que cuenta las penurias de la represión. Mi abuelo fue juzgado en un juicio sumarísimo. Consiguió un testigo a su favor y los falangistas rompieron la declaración. En esa época, testificar a favor de un acusado era el camino más recto a la cárcel”, cuenta Joaquín.

Caso archivado el 5 de enero de 2010 por el juez de Orihuela Julián Cabrero López.

Incluido en el reportaje de Pere Rusiñol, Diego Barcala y Ángel Munárriz publicado en la edición de Público del 30 de mayo de 2010