Memoria Pública

«Tuvo una muerte lenta por intentar huir»

Joan Ferrà, jornalero fusilado en 1936 en Calviá (Mallorca), fue detenido el 22 de agosto de 1936, al anochecer. Su destino era la prisión de Can Mir, en Palma de Mallorca, pero no llegó nunca allí.

En Calviá los cuatro presos trataron de huir. Dos de ellos lo consiguieron, pero Joan y su compañero fueron atrapados por dos falangistas.
A su compañero Cristóbal Barceló lo mataron en el acto, pero a Joan le responsabilizaron del motín y le dejaron desangrarse poco a poco.

El rumor de su muerte llegó rápido a Galilea, su pueblo. Su cuñada, María Bordoy, de apenas 16 años, recorrió de madrugada los 12 kilómetros que separan Galilea de Calvià. Cuando llegó al pueblo ya le habían llevado al cementerio.
Lo habían desnudado y envuelto en una sábana. Compartía una fosa para tres personas con otro hombre. "Estaban esperando a un tercero y por eso María pudo verlo", explica el nieto de Ferrà, Gabriel.

María Bordoy no volvió al cementerio de Calvià hasta 72 años después, cuando Gabriel tuvo la iniciativa de recuperar la historia que había sido tabú en su familia durante décadas. "Llegamos allí y reconoció el lugar donde lo había visto envuelto en la sábana. Pocos meses después murió como si sintiera un alivio por haber transimitido esa información vital", recuerda Gabriel, nieto del jornalero del campo que murió en un crimen también sin investigar.

La jueza de Palma María del Carmen Abrines archivó el caso el 14 de octubre de 2009.