El ‘Watergate’ de Esperanza

A Esperanza Aguirre le ha estallado en la cara un Watergate justo cuando se disponía a liquidar al presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, para poner en su lugar a su mano derecha, Ignacio González, en una muestra más de su hondo liberalismo. Por lo conocido hasta ahora, unos espías de andar por casa un tanto pazguatos han vigilado a qué hora llegaban al despacho el vicealcalde Cobo y el ex consejero díscolo Prada; y otros, de andar por el extranjero, han seguido con cámara oculta a González por Colombia y han documentado muy profesionalmente otro viaje suyo y de su santa a Suráfrica. Mientras se aclara si se trata de los mismos espías y quiénes pagaban sus servicios, a Aguirre, al parecer, se le han quitado las ganas de dejar a Blesa en el paro.

¿Querían ver los espías del “vicepresidente del Kilómetro Cero” si éste se iba “de sotas” (Raúl del Pozo dixit) o si se corrompía aceptando viajes carísimos de empresarios agradecidos para dejarle compuesto y sin Caja? González ha dicho que los 8.000 euros del viaje de él y su señora a Joha-nesburgo los pagó de su bolsillo en metálico, una cantidad que todos llevamos encima por si hay que coger un taxi. “Las derechas de Madrid se están destripando”, pregona Don Raúl en El Mundo.

Como la trama es compleja, en El Periódico no han querido equivocarse. “Las fechas de los presuntos espionajes y los personajes afectados sugieren que en el trasfondo de estas turbias prácticas pueden estar las guerras intestinas del PP madrileño (…). Pero también puede ser otro episodio, de más calado, relacionado con el intento de hacer doblar la rodilla a Rajoy. E incluso puede estar el pulso por el control de Caja Madrid”. Acertarán seguro.

El logroñés Ramírez, que como escribe Marcello en Estrella Digital se ha puesto en este Watergate carpetovetónico “del lado de Nixon”, afirmaba en la Cope que “Aznar ha hecho gestiones directas o indirectas con el entorno de Aguirre haciéndole llegar el mensaje de que Blesa es su amigo y de que le gustaría que continuara”. Después, remataba su argumento: “Blesa es el eslabón que le permite a Gallardón tener el apoyo del matrimonio Aznar en su intento de convertirse en el sucesor de Rajoy”. Esto es, que a Aznar le gustaría que su amigo siguiera forrándose y que su mujer fuera alcaldesa.

Cabezas rodantes

En 59 segundos, Gallardón admitía que “no está probado” que los hombres de Paco (Granados, consejero de Interior de Aguirre) fueran los espías de Cobo, aunque se remitía a declaraciones del Anacleto-jefe a El País, en las que reconocía la existencia de un cuerpo parapolicial con tareas “al margen de cualquier competencia de la Comunidad”. Ayer pedía una investigación y que rodaran cabezas. ¿Peligra el peinado de Esperanza?