Sobre la cadena perpetua

Ernie Loquasto, el sempiterno habitante del Savoy, se lo explicó una vez a José Luis Alvite, el mejor columnista de La Razón: “La Ley y el crimen se parecen en que sólo consiguen obediencia cuando despiertan temor. Es el miedo al castigo lo que hace sumiso al hombre”. Admitiendo este razonamiento, el referéndum que pide el padre de Marta del Castillo para decidir sobre la implantación de la cadena perpetua tendría mucho sentido. Lo que pasa es que ni esto es Chicago en los años veinte, ni padecer un hecho terrible carga de razón a quien lo sufre. ¿Deben decidir las víctimas de los accidentes de tráfico cuáles han de ser los límites de velocidad?

La cadena perpetua es la ley del talión vestida de Versace, tan brutal como dejar mancos a los ladrones y bastante antieconómica. Es posible que en alguna época hubiera en las cárceles más talento que en las universidades, pero ahora lo que abundan son delincuentes a los que convendría rehabilitar porque su mantenimiento nos sale por un pico. “Condenar a alguien para toda la vida no sólo es terrible, sino carísimo. Hay que darle de comer y de dormir. Vigilancia y alojamiento. Nadie ha encontrado en ningún país una solución mejor, pero en el nuestro se nos oculta el coste real”, aseguraba ayer Manuel Alcántara en El Correo.

En Estados Unidos, que son muy mirados para eso del dólar, la crisis les ha empujado a echar cuentas. En el económico La Gaceta podía leerse lo siguiente: “Una condena a muerte cuesta diez veces más que la cadena perpetua. De hecho, en varios estados están en trámite proyectos para abolirla”. En resumen, enchironar de por vida a un asesino es más barato que darle matarile y, a su vez, sale más económico rehabilitarle tras una pena prolongada que dejar que se muera entre rejas.

Es verdad que el ahorro de costes no es un argumento definitivo. En La Voz de Cádiz, Ángel Gutiérrez compara la crueldad de la cadena perpetua con la del asesinato. “¿No es más inhumano matar a sangre fría a una chica de 16 años y hacer desaparecer su cuerpo?”, inquiere. Pregunta por pregunta: ¿El objetivo de la Justicia debe ser igualar en barbarie a los criminales?

Inconstitucional

“Más le valdría a Bermejo preparar una reforma del Código Penal que incluya la cadena perpetua para determinados delitos”, sugiere Justino Sinova en El Mundo. ¿Sería esto posible? Javier Pérez Royo lo rechaza en la edición andaluza de El País: “No tiene cabida en la Constitución”. Se requeriría modificarla mediante “mayoría de dos tercios en ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y la ratificación en referéndum”. El mecanismo es idéntico al que se exige para cambiar la primacía del varón al trono. ¿Aceptará la Corona compartir papeleta con la cadena perpetua?