Trillo, el penitente

A Federico Trillo se le ha adelantado la Semana Santa y le han encendido los cirios en la Audiencia Nacional, donde se juzga a varios militares que estuvieron a sus órdenes por las falsas identificaciones de 30 víctimas del accidente del Yak 42. Con viento duro de levante, el valeroso ex ministro se ha quitado de en medio para esconderse bajo las piedras. “Lo que me asombra es que el señor Trillo estará dentro de 15 días de costalero en Murcia en un paso que siempre hace. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿Qué pensará de su decencia personal y política?”, se preguntaba ayer Arturo González en La Mirada Crítica de Telecinco.

Dudaba José Cavero en Diario Crítico de que Trillo resistiera en su imagen actual “la recuperación de aquella su vieja experiencia como ministro del Gobierno de Aznar”, pero está comprobado que este hombre lo resiste todo, incluso a los fantasmas. Las culpas, si las hubo, siempre la tuvieron otros. El portavoz de Justicia del PP eludió sus responsabilidades por hacer viajar a los militares en ataúdes con alas y porque se entregaran los muertos a sus familiares como quien reparte los naipes de una baraja, sólo para llegar a tiempo a los funerales de Estado. A cambio de que no se le juzgue ahora, la Historia jamás le absolverá.

“Todos los militares tienen a gala que culpar a los subordinados de las propias responsabilidades trae deshonor y el desprecio de los compañeros. Pero el señor Trillo lo debió de olvidar hace años. En este juicio, desde luego, no están todos los que son. A mí, particularmente, me falta al menos uno”, afirmaba Fernando Reinlein en Nueva Tribuna acerca de la clamorosa ausencia del ex ministro ante el Tribunal, siquiera como testigo.

Trillo no está en la sala de vistas ni se le espera, por mucho que al singular director de El Plural, Enric Sopena, le cueste creer que no haya sido él mismo el que exigiera comparecer. “¿Ha derrotado el miedo a la gallardía de la que tanto hace gala?”, inquiría ignorante de que el miedo siempre guardó la viña.

“Juntacadáveres”

El “juntacadáveres” –en expresión de Manuel Alcántara en La Verdad– es para su compañera y tertuliana de Punto Radio Alicia Sánchez Camacho “un representante de los ciudadanos españoles escogido en democracia por las urnas (…) y ahora no le compete dimitir o no”. Se confirma que la desvergüenza es terriblemente contagiosa.