Merienda de medios

Rajoy, el político Brummel

La prueba de que Rajoy está crecido es que se presentó en Tengo una pregunta para usted sin su corbata roja de la suerte, y eso dice mucho de su creciente autoestima. Tras la victoria electoral en Galicia, el del PP se ha creído que puede ser presidente, ya que cumple el requisito fundamental de no saber inglés, y no le importa reconocer que Trillo se equivocó en el asunto del Yak-42, que en Madrid se espiaba o que el 11-M y ETA son tan incompatibles como el agua y el aceite. Estamos ante un político Brummel, de los que mejor cuanto más cerca, aunque hay fragancias que perduran poco y no combaten los malos olores de un partido mal ventilado.

Rajoy estuvo más previsible que Marhuenda, viejo subordinado suyo en funciones de director de La Razón, quien, al analizar de nuevo el 11-M en la Cope, dejó boquiabierto al apóstol Federico: "Hubiéramos tenido que romper las relaciones diplomáticas con Marruecos, pero nos la tuvimos que envainar (...). Alguien quería vengarse de Aznar por el tema de Perejil", afirmó rotundo. Cómo sería la cosa que Losantos tuvo que hacer un inciso antes de llamar mentiroso a Mariano: "Pero eso es una conjetura...".

Los analistas opinan que Rajoy estuvo sincero, casi tanto como la conductora de La Mirada Crítica, María Teresa Campos, una mujer de fidelidad hertziana –"que conste que yo no le vi porque estaba viendo Telecinco pero lo he leído"–, o como la propia Cristina Alberdi, que no vio el programa entero "porque tuve unas llamadas telefónicas". Aun así, a la tertuliana de Punto Radio no le cupo duda: "Ha salido reforzado".

"Supo transmitir humanidad y emocionalidad y fue capaz de hablar de manera natural de sus orígenes gallegos, de sus dos hijos, de su padre, de su mujer o, incluso, del tío carnal de esta", aseguraba en ABC un tal Daniel Ureña. "El nuevo Rajoy se presenta como un político tranquilo, cercano, populista por momentos, campechano, amable...", desgranaba Lucía Méndez en El Mundo. ¿Hablamos del mismo Mariano?

La nota

El 82% de la audiencia concedía a Rajoy el aprobado tras su intervención televisiva. El plural Enric Sopena, lógicamente, se encontraba en el 18% restante, y muy soliviantado además: "¿A qué espera la izquierda, con Zapatero a la cabeza, para gritar ¡basta! ante la posibilidad de que un embustero compulsivo se instale en la Moncloa?". Pues sí, va a ser que Rajoy no lo hizo mal.