Merienda de medios

Corrupción en familia

La preocupación por la familia es un principio muy arraigado en el PP y la prueba es que algunas de las corruptelas investigadas por Garzón se destinaron a fines muy cristianos. Así, por el viceramírez de El Mundo, García Abadillo, hemos sabido que Correa pagó la boda del diputado autonómico Martín Vasco y la comunión de uno de los hijos del ex alcalde de Pozuelo Jesús Sepúlveda, algo que la madre de la criatura, Ana Mato, debía ignorar, igual que desconocía todo lo concerniente al Jaguar de su esposo. El tal Correa era una especie de visa oro con gomina, o sea, el padrino perfecto.

Entre tanto sacramento sufragado por el clan, a Rajoy le ha tocado la penitencia de apechugar con Bárcenas, al que se acusa de haberse llevado a su cepillo 1,3 millones de euros. Tan numantina defensa del tesorero podría sugerir que el gallego mantiene con él alguna hipoteca inconfesable, pero no hay que ser malpensado. Si le tiembla el pulso no es por "patriotismo de partido", en expresión de José Aguilar en el Diario de Cádiz, sino por "su escrupuloso sentido de la justicia y su bonhomía personal", que es así como Ignacio Camacho le definía en ABC.

Después de crucificar al juez, los opinadores más diestros han llegado a la conclusión de que Bárcenas y el sobrecogedor eurodiputado Galeote tienen que hacer mutis "por lealtad al partido en el que militan desde hace años y por lealtad al equipo de dirección de ese partido". Lo decía en Granada Hoy Pilar Cernuda, que es al PP lo que Manolo el del bombo a la selección nacional, pero con mejor tipo.

De existir el "código deontológico de la profesión política" que proponía Pepa Bueno en El Periódico se disiparían los interrogantes. "¿Puede aguantar el tesorero del PP, Luis Bárcenas, señalado por un juez como presunto receptor de dinero corrupto, al frente de las finanzas del partido que puede gobernar España pasado mañana?", se preguntaba. Claro que hay cuestiones más inquietantes: ¿podría resistir Rajoy que un despechado Bárcenas tirase de la manta?

¿Masoquismo?

Si no hay nada que ocultar, mantener en su puesto al señor de la caja es puro masoquismo, más si cabe cuando lo probable es que la causa, lejos de extinguirse, termine en el Supremo. "A la dirección del PP se le acaba el tiempo de adoptar una postura firme y coherente ante los indicios de corrupción", urgía el editorial de El País. Rajoy, tic-tac tic-tac, se lo está pensando.