Merienda de medios

Simplemente López

Las vascas y los vascos, que diría Ibarretxe, tienen desde ayer a un lehendakari in péctore que se apellida López, y la Tierra sigue girando como si nada. Esta constatación tiene descolocado al PNV que, tras anunciar el caos, ahora propone por boca de Arzalluz una rebelión. Tagore agradecía no ser una de las ruedas del poder, sino alguna de las criaturas aplastadas por ella, pero los nacionalistas vascos llevan 30 años sobre la carreta y, al apearse, lo han hecho con menos estilo que la catedral de la Almudena. Seamos comprensivos, pues.

Lo mejor de la investidura no ha sido escuchar al candidato socialista decir que su objetivo era "lograr la paz con generosidad pero sin precio político", sino contemplar cómo Ramírez resumía el discurso en su videoblog de elmundo.es con apostillas del siguiente tenor: "Bien Patxi", "Bravo Patxi" y "Tres hurras por Patxi". He aquí a un hombre entregado y culto, que citaba a Evtushenko –"qué tiempo tan extraño en el que la simple honradez se llama valentía"–, aunque no supiera pronunciar bien su nombre.

El PNV se va sin irse, aunque, como explicaba Florencio Domínguez en El Correo, su último hallazgo conceptual, "la idea de que seguirán liderando el país desde la oposición, es sólo un mantra para hacer más llevadera la pérdida del poder". Sobre la esperanza de vida del nuevo Ejecutivo sembraba dudas Enrique Lázaro en Última Hora. "¿Se puede gobernar cuando el 50% de la población te odia, algunos proyectan matarte y apenas te quiere el 4,6%?", se preguntaba con las estadísticas del CIS a mano.

Desde la tribuna, un Ibarretxe más acabado que el flequillo de Anasagasti creía que no, mientras clamaba contra el pacto PSE-PP, para el que predijo problemas de convivencia "después de la noche de bodas". En eso le daba la razón Juan Manuel de Prada, que ya desde antes de escribir en el L’Osservatore Romano era un tertuliano como Dios manda: "El PP va a tener que hacer oposición a Patxi López, no nos engañemos", certificaba en Espejo Público de Antena 3.

La teta de Ajuria Enea

¿A quién preocupa más el cambio? Según Anson en su Imparcial, "eran tantos los que mamaban de la teta de Ajuria Enea que la incertidumbre atosiga a una parte de la población". Y hasta Arcadi Espada se mostraba inquieto en Onda Cero por si "la rabieta del nacionalismo se materializara en actos, digamos de sabotaje". Confiemos en que López no se nos ponga nervioso.