Merienda de medios

Excomulga y vencerás

A Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal, la espada flamígera le queda pintiparada. El jueves le vimos dando mandobles con ella, mientras pedía a los diputados católicos que votaran en contra de la nueva ley del aborto y amenazaba con la excomunión a quien osara participar en una interrupción voluntaria del embarazo, ya fuera legislador, médico, paciente o recepcionista. La excomunión es lo más. Al pecador se le aparta como a un griposo y se le pone en cuarentena hasta que se arrepienta. Ya se lo decía San Pablo a los Corintios: "¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?".

La ofensiva de los obispos ha sido bendecida por ese santo varón que es
Marhuenda. La fe mueve La Razón, lo cual no deja de ser una contradicción in terminis: "Cuando de por medio se dirimen cuestiones tan graves como la naturaleza sagrada de la vida humana, no caben equidistancias ni ambigüedades entre los principios morales y los intereses de partido. No se puede servir a dos señores", advertía en su admonitorio editorial.

En el PP deben de estar ahora dando gracias al cielo porque, si a Martínez Camino se le hubiera ocurrido sacar a pasear la tizona divina antes de las elecciones, Mayor Oreja, como Saulo, se cae del caballo. Si no llega a ser por el parqué, enciende una hoguera en la rueda de prensa. "¿Se imaginan a miles de fanáticos iluminados, supuestos soldados de Dios convertidos en guardianes de la ortodoxia católica, como hoy sucede en Irán con los guardianes de la revolución?", se preguntaba Ángeles Mora en el Granada Hoy. "Da repelús sólo pensarlo". Un poco sí, la verdad.
¿Que qué hace la radio de los obispos para apoyar la cruzada de sus dueños? Cristina L. Schlichting recoge firmas de mujeres virtuosas. Llevan un puñado: "Pone de relieve la inmensa piedad que sentimos hacia aquellas de nosotras que han tenido que abortar, la voz que alzamos en su nombre, afirmando que su situación es asquerosa y el fomentarla es una falta de corazón", nos recordaba. Bendita sea.

Caso perdido
Rezan, por ejemplo por Mapi Alonso, doctora en Ciencias de la Educación, que reconocía en el Noticias de Álava que había abortado. Pero el suyo es un caso perdido: "En ningún momento me sentí culpable ni víctima de nada, a pesar de que en aquel momento estaba penado por la ley (...). No fue más doloroso que una regla molesta". Excomúlgala, Camino, por lo de la levadura y eso.