Merienda de medios

Camps, el presunto

Al amiguito de El Bigotes le han calzado un auto, que no será de piel de potro como los zapatos que se hacía regalar, pero que le tiene encabritado el sillón de la Generalitat, hasta el punto de que no tardará en dar con sus huesos en el suelo. Ante un jinete descabalgado sólo cabe decir que se lo montó fatal. Camps es un cadáver político no por aceptar unos trajes, sino por querer un huevo a gente poco recomendable y por tratar, como parece, de salvar la parte de su autonomía más cercana al ceñidor trasero de sus trajes con una mentira innecesaria.

A estas alturas, quizás convenga hablar de Camps en pasado como hacía José García Domínguez en Libertad Digital: "La suya fue una tragedia volumétrica (...) Al igual que los trajes le quedaban un poco anchos, tampoco hubo manera de conseguir que el cargo dejara de venirle algo grande". Sin embargo, hay quien prefiere hacerlo en prosa, al estilo de Fernando Jáuregui en la coruñesa La Opinión: "Sigo pensando que lo suyo no es corrupción sino –que me perdone- estulticia"; e, incluso, en verso y rimando en consonante, como ese rapsoda de El Plural llamado Sopena: "Con la coartada de la bandera, numerosos peperos tienden fácilmente a llenarse la cartera".

De Camps se puede hablar muy bien, en la línea de Ignacio Camacho en ABC: "A día de hoy sigo creyendo que el Molt Honorable Camps no sólo no es hombre propicio a corromperse por unos trajes, sino que posee en efecto una honradez acrisolada"; o muy mal, como Giménez Alemán en RNE: "El señor Camps tuvo la ocasión al principio de reconocer que le habían hecho unos regalos (...) , en ningún caso, haber mentido al juez como lo ha hecho".

Eso sí, sólo César Vidal se permite hacerlo en plural mayestático, como los Papas y los Borbones. Don Herodoto tiene más clase que la Preysler, y si no lo locuta en latín es para que se le entienda. "Nos da la sensación de que lo tienen verdaderamente difícil para probar que Camps haya cometido cohecho; nos parece que raya en lo imposible", comentaba en esa Linterna de la COPE a la que se le acaban las pilas.

Ante el banquillo

Con todo, lo preferible es hablar claro: "Por simple indecisión, si no por algo más grave, el PP parece resignado a no desmarcarse de estos presuntos delincuentes", sostenía el editorial de El País. ¿Que por qué lo hace? Tal vez porque Rajoy quiere comprobar si a un presidente se le arruga el traje al sentarse en el banquillo.