La conspiración del bebé

Una enfermera puede inyectar leche en la vena de un bebé y causarle a muerte. Es un error terrorífico, como se ha dicho, pero más pavoroso aún sería arrojar a la hoguera a esta mujer sin identificar a los responsables de una cadena de negligencias, cuyo último eslabón era la presencia de personal no experimentado en una UCI de neonatos. Es legítimo preguntarse por qué no se aplica la especialización a la enfermería, por qué los calibres de las sondas de alimentación intravenosa y nasogástrica son idénticos o por qué el hospital no contaba con un sistema de alarma para detectar el fallo. Y conviene saber si faltan recursos porque la Administración madrileña hace economías.

El debate es inevitable, aunque a Edurne Uriarte le gustaría que asumiéramos que estamos ante “un error absurdo, tonto, increíble, terrorífico, mortal, cometido, en efecto, por una enfermera”, y abandonásemos el “pensamiento conspirativo”, ese que “está muy ocupado buscando otros culpables, denunciando fallos sistémicos, apuntando a las responsabilidades políticas”. Esto es lo que realmente preocupa a la reina del gerundio de ABC.

Pero no sólo a ella. Lo que más inquietaba a Fabiola Martínez, la liberal editora de una denominada Red Liberal, es que esos sucios izquierdistas salpiquen la impoluta fachada del consejero de Sanidad de Aguirre. “El consejero Guemes, él, siempre da la cara, no se esconde porque actúa como lo hacen los valientes y los políticos de verdad. Esos que tienen el alma limpia y los sentimientos a flor de piel”, resaltaba en una carta de amor que publicaba en El Semanal Digital.

¿Es preciso estar enfermo para opinar sobre Sanidad? Entonces, ¿qué tipo de fiebre puede llevar a un tal Ángel Esteban a escribir lo siguiente en el Málaga Hoy?:“A mí me gustaría que por cada aborto español, los telediarios dedicaran al menos los mismos minutos y los periódicos las mismas portadas que a Rayan, y nos dijeran el nombre de los apenados padres, nos contaran su historia, el pisito que se estaban comprando, la cara de vacío de la pobre abuela que ya no será abuela (…)”. ¿Quién se equivocó de sonda con este hombre?

El avión real
Ha molestado, finalmente, que Mohamed VI haya fletado un avión para trasladar al fallecido. “¿Por cada marroquí que muere en las pateras tendría que enviar el Rey el avión para repatriar su cadáver?”, inquiría Amando de Miguel en Onda Cero. Y digo yo, ¿qué tendría de malo?