‘Txeroki’ y el queso

Hace año y medio, entrevistado en la web de ¡Basta Ya! al poco de ser despedido de El País, Hermann Tertsch chasqueaba su látigo contra la espalda presidencial: “Zapatero siempre considerará a un etarra como un revolucionario equivocado, pero al final recuperable para el frentepopulismo (…). Zapatero sabe que pierde y gana según quieran Txeroki u otros. Por eso hay que partir de que es un rehén de ETA”. Ayer, en ABC, tras la detención de Txeroki y otra, formulaba la gran pregunta: “¿Cree usted que el Gobierno español ha retrasado deliberadamente la detención del terrorista Txeroki para que esta espectacular noticia no eclipsara el inmenso despliegue de propaganda de consumo interno desplegado por Zapatero, su gobierno y su partido en la cumbre de Washington?”. A Tertsch no se la dan con queso y menos que nadie un rehén de los terroristas.

Otro de los que tienen el queso aborrecido es Federico I, cuyo delicado estómago se volvió del revés como un calcetín cuando el conde-duque de Logroño, su álter ego en la tertulia de la Cope, amplió a Gallardón la ofrenda floral que había iniciado con el ministro del Interior: “Pedro, vas a acabar hoy conmigo; después de Rubalcaba, Gallardón. Lo próximo va a ser el juez Del Olmo o Garzón”. Nada hubiera librado a Losantos del vómito: “Decía que era un buen día para felicitar a Rubalcaba. Pues no lo voy a hacer porque ni Rubalcaba en Interior, ni Bermejo en Justicia, ni Zapatero en la presidencia están persiguiendo a ETA con todos los medios a su alcance (…). Es más, Eguiguren ya ha dicho que hay que volver; y ya veremos si es en primavera”.

De volver a negociar con ETA se mostraba partidario Fernando Jáuregui en su columna de OTR. “A cambio de que dejen las armas y abandonen la clandestinidad para pelear como se debe en una democracia (…) el Estado puede acercar a los presos de la banda al País Vasco (…) y permitir una salida mínimamente airosa a quienes, sin delitos de sangre, han huido por la frontera, si desean regresar (…) Sospecho que solamente esta negociación pacificaría por completo el País Vasco”. Que se ande con cuidado porque como se entere Federico lo excomulga por obispo interpuesto.

El Bogart de la izquierda

Si eso ocurriera, a Jáuregui siempre le quedaría Sopena, que es como Bogart en Casablanca pero mucho más cabreado. En su artículo de El Plural defiende al Gobierno –no por habitual, infrecuente– de los ataques de la “derecha antipatriota”, y al mismísimo Wyoming, que ya podrá dormir tranquilo. “Se dijeron otras teorías malvadas como la de comparar a Txeroki con el Gran Wyoming. Y lo de Gran no es una exageración alguna. Millones de españoles lo creemos así”, sostiene. Este hombre eriza el vello.