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Tocamientos, besos y amenazas: así usan las casas de apuestas a sus trabajadoras para ganar dinero

La preocupación por las casas de apuestas es un tema que cada vez está más presente en la sociedad española.  Las plataformas de barrio que se dedican a luchar contra esta lacra crecen cada vez más, pero sus grandes enemigas se están adelantando y se presentan frente a los colegios, los polideportivos y los parques de niños.

En España, el 20% de los menores entre 14 y 17 años confiesa que realizan algún tipo de juego de azar, y la cifra tiene visos de aumentar si no se pone freno a este problema social.

Son muchos los “atractivos” que utilizan este tipo de locales para conseguir que los hombres entren a apostar su dinero. Las luces, la bebida barata, los bonos y las mujeres.

La mayoría de las operadoras de juego son operadoras con “a”. Mujeres jóvenes, con un físico determinado que son utilizadas como reclamo para los clientes.

Paula, Marisa, Daniela y Claudia (nombres ficticios para proteger su identidad) son cuatro de esas mujeres que han tenido que padecer acoso por parte de los clientes y aseguran que “es muy habitual” y que todas sus compañeras “han vivido situaciones muy similares”.

Marisa trabajó en un salón de juegos durante dos años en Málaga y tuvo que dejarlo. “Yo entré porque conocía a una persona que trabajaba ahí y pagaban bien. Poco a poco empecé a conocer a mi jefe que decía que sólo contrataba a mujeres porque nosotras aguantamos más cosas y porque a la vista somos más atractivas para los hombres que entran a apostar”.

Marisa debía llevar un uniforme “sexy” para atraer a los hombres y en ningún momento se podía saber que tenía pareja. “Llevábamos faldas cortas y escote. Aunque fuese invierno teníamos que ir muy ligeras de ropa y si nos poníamos medias de invierno a nuestro jefe no le sentaba bien. Además, no podíamos decir que teníamos novio porque, entonces, ya no estábamos disponibles”.

Las insinuaciones y el acoso sexual también están a la orden del día para las mujeres que trabajan en este sector.

“Se creen que están por encima de ti y te tocan, te dicen de pasar una noche con ellos…”.

La ludopatía, mezclada con el alcohol, provoca situaciones muy violentas entre los trabajadores y, precisamente en Málaga, una empleada de un salón de juegos falleció a causa de 70 martillazos a manos de un cliente al que habían echado del local.

Paula trabaja para Cirsa, una empresa de juego española. “No pasa todos los días, pero sobre todo a principio de mes, que es cuando la gente tiene más dinero, hay más problemas. A mí me han pedido besos, darme masajes, esperarme a la salida del trabajo… a una compañera mía le señalaron los pechos desde muy cerca”, explica.

“Aunque lleves el nombre en la chapa nadie te llama así. Para todos eres “cariño”, “nena”, “guapa” … yo les he dicho a mis compañeras que pueden decir a los clientes que no se sienten cómodas, pero si se enteran los jefes no lo verían bien”, añade. “Además, en mi caso sólo tenemos un chico, el resto todos somos mujeres…”.

Otro punto que se repite es la poca o nula credibilidad que otorgan los clientes a las operadoras y encargadas.

Daniela era una trabajadora de Nevada, un salón de juego que trabaja mucho con Codere. Después de dos años trabajando allí decidió dejarlo.

“En dos años sólo he conocido a tres hombres operadores de sala, lo demás éramos todo mujeres. La falta de autoridad que sufrimos por parte de los clientes es alucinante, da igual que seas encargada, siempre te van a pedir hablar con un hombre”, confirma Daniela.

“La imagen era fundamental, aunque nosotras llevábamos una ropa normal era obligatorio ir muy arregladas. A mí me han llegado a decir que me maquillase más o que me arreglase bien el pelo”.

De nuevo, el acoso sexual también era un “añadido” a su puesto de operadora.

“Desde que llegan, los clientes ya te dicen “princesa”, “cariño”, “guapa” … Han intentado tocar a compañeras, muchos clientes llegan y te dan dos besos nada más verte, te cogen de la cintura siempre que pueden… En mi caso me han mandado mensajes a mi perfil de Facebook, me han seguido en Instagram, han amenazado a mi novio porque yo no estaba disponible… Cuando dabas el aviso a los jefes se solían tomar medidas, pero si el cliente era habitual y se dejaba mucho dinero tienes que aguantar prácticamente de todo”.

Claudia pasó cuatro meses en Sportium y ya tuvo suficiente. “Todos los clientes eran bastantes babosos. Cuando entré yo tenía 19 años, la edad perfecta para los jefes. Es el tipo de chica que buscan, chavalas de entre 18 y 20, no cogen mujeres mayores porque no les interesa… Ya te digo que muchos clientes te dicen burradas, a mí me han amenazado hasta con violarme”, cuenta Claudia.

En el caso de Claudia el vestuario debía ser largo, pero les obligaban a maquillarse “mucho”, llevar las cejas perfiladas y ser muy delgadas. “Esto es muy claro, si no cabes en el uniforme que te van a dar, no te van a coger”.

Como muchas otras operadoras, Claudia cuenta a Publico que sufrió situaciones de acoso muy graves: “ Un día un señor vino con un café un rato antes de que abriese con un café y cuando entró me dio una cachetada en el culo e intentó besarme. No me lo podía creer”.

Claudia asegura que en ningún caso los jefes intervinieron. “Es más, te hacían sentirte mal por habérsela liado a un cliente suyo”, afirma.

Como ellas, Jimena, Sara y Alicia han contado situaciones muy similares durante el tiempo que han trabajado en casas de apuestas y salones de juego.

Ana Ercoreca, presidenta del sindicato de Inspectores de Trabajo, asegura que, si las trabajadoras denuncian estos hechos, la empresa estaría atentando contra su dignidad y sería un delito muy grave para la Inspección de Trabajo. “Nadie puede obligar a una trabajadora a que vista de una manera, ni a que se comporte de una manera determinada”, asegura.

Las casas de apuestas no sólo son cómplices y se aprovechan de la ludopatía, también utilizan a sus empleadas como reclamo y las someten a este tipo de situaciones.

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