Opinion · MierdaJobs

Lo que no vemos en los turnos de noche: así es vivir con miedo al salir del trabajo

Las mujeres en España denuncian una violación cada cinco horas. Además, cuatro de cada cinco mujeres han sufrido acoso sexual en la calle según un estudio de la ONG Plan Internacional.

Tocamientos, persecuciones y palabras inapropiadas son algunas de las cosas que padecen las mujeres cuando van solas por la calle, cosas que se acrecientan cuando la luz cae.

Desde hace años, se viene escuchando la frase “queremos ser libres, no valientes”, frase utilizada por el movimiento feminista ante los casos de violencia machista y agresiones sexuales.

Parece una obviedad que las mujeres deban ser libres de caminar solas por la calle a cualquier hora del día o de la noche, pero lo cierto es que no es así.

Aunque el mundo se detiene por la noche para muchos y muchas, la realidad es que muchas personas trabajan para que, con la luz del día, el mundo siga girando.

Las mujeres que entran o salen de trabajar cuando la noche ya ha caído deben enfrentarse al acoso que ya sufren durante el día, pero con el agravante de que sus acosadores juegan con una ventaja: la oscuridad.

En Público hemos hablado con varias de estas mujeres que cuentan situaciones a las que se han tenido que enfrentar al salir, entrar o estar en el trabajo de noche.

Una buena parte del sueldo se le va en taxis

Irene tiene 27 años y es periodista, aunque todavía no ha encontrado trabajo relacionado con su carrera y por ello trabaja en una tienda de alimentación de Alicante.

Trabaja en horarios rotativos por lo que hay días que sale a las diez de la noche y otros que acaba su jornada a las tres de la madrugada.
“Los días que salgo a las diez, cojo un autobús hasta mi casa, pero los días que salgo a las tres, cojo un taxi hasta mi casa porque no me fío de ir andando”, explica.

“Piensa que cada vez que cojo un taxi me gasto diez euros, por eso alguna vez he ido andando, pero siempre procuro no volver sola por lo que puede pasar”, confiesa.

“Cuando me cogieron para el trabajo y me explicaron los horarios me planteé lo complicado que seria salir a esas horas, pero necesitaba el trabajo sí o sí, por eso lo cogí”.

Rosa sufrió un intento de violación

“Yo trabajaba como camarera en Salamanca y vivía a unos diez minutos del bar. Cuando empecé a trabajar, un día volviendo sobre la una de la madrugada, iba caminando por una calle muy céntrica y, según pasé por el portal, un chico me cogió y me metió dentro. Me puso contra la pared e intentó bajarme la ropa, pero tuve suerte porque otro chico bajó y me ayudó. A partir de ese día tomé la decisión de no volver sola nunca más”.

Tras ese episodio tan traumático, Rosa tomó la decisión de que su padre le viniese a buscar todos los días. “Los días que el no podía me cogía un taxi o llamaba a mis amigas, pero yo sola no me atrevía. De hecho, lo acabé dejando porque lo pasaba fatal”.

Raquel ha tenido que encerrarse en un vestuario varias veces

“Actualmente trabajo en una instalación deportiva de Madrid. Mi turno empieza a las seis de la mañana y hasta las ocho estoy sola. Entre mis funciones está la de hacer los vestuarios para que a las ocho esté todo listo. Me ha pasado, más de una vez, estar haciendo los vestuarios y que entrasen chavales jóvenes y borrachos a la piscina y tener que encerrarme dos horas en el vestuario hasta que llegasen mis compañeros”.

Raquel cuenta que ha tenido que ver cómo hacían hogueras en el establecimiento y cómo intentaban quemar el cuarto en el que trabajan algunos de sus compañeros.
“Tengo que trabajar en silencio absoluto para escuchar cada ruido. Sinceramente, me da mucho miedo”.

Entre las mujeres estos hechos son cotidianos, forman parte de nuestras conversaciones. No de forma generalizada, pero si recalcitrantemente repetitiva. «Queremos ser libres no valientes» no es un eslogan, es un deseo que debería ser realidad.