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Nuevo caso de idealización de la precariedad: aplauden a un repartidor de Glovo que estudia bajo la luz de una farola

La precariedad laboral no es una situación bonita, ni divertida en absoluto. Por mucho que se empeñen en idealizarla, la realidad es bien distinta. La precariedad pasa por no poder independizarse, por no llegar a fin de mes, por tener que vivir en una habitación, por tener que soportar condiciones laborales abusivas o por trabajar y seguir siendo pobre, e incluso por todo lo anterior a la vez.

Aunque en los últimos años hemos podido ver cómo diversos medios de comunicación y personajes conocidos han idealizado o blanqueado la precariedad laboral, la realidad es que cuatro de cada diez personas en España tienen trabajos precarios y dos de cada tres hogares no consiguen llegar a fin de mes.

Cada cierto tiempo, en las redes sociales se pueden leer mensajes en los que personas totalmente anónimas, sin darse cuenta, convierten en algo "cuqui", en algo heroico o en algo susceptible de aplauso la precariedad que sufren las personas.

Esta vez, la idealización se ha dejado ver en un grupo de Facebook llamado Beneméritos GC. En él, un usuario ha compartido la imagen de un joven repartidor de Glovo sentado en el suelo, aparentemente estudiando bajo la luz de una farola, mientras espera que le entre un pedido. En el texto se puede leer lo siguiente:

"Ocurrió anteayer en Pedregalejo (Málaga).

A las 21:00, un joven espera alguna llamada de "Glovo" para entregar algún pedido a domicilio y mientras tanto, sentado en el suelo estudia a la luz de una farola. Sacó su libro y unos apuntes y estuvo estudiando casi 20 minutos hasta que le entró un pedido.

Mientras unos rompen escaparates, saquean tiendas y destrozan las calles en favor de un delincuente reincidente, otros buscan la forma y sacan tiempo de donde sea para labrarse un futuro prometedor.

Sobra decir que mi aplauso del mes va para este joven desconocido".

La realidad de muchos de estos repartidores es que tienen que esperar delante de los establecimientos llueva, hiele o nieve (sin cobrar un céntimo por la espera) para que les entren pedidos por los que se les pagan -como es el caso de Glovo- 1 euro y medio de tarifa base. Muchos de estos trabajadores comen sentados en el suelo cerca de los grandes restaurantes de comida rápida o directamente se quedan sin comer para poder llevar algo de dinero a casa.

En este caso, la idealización de la precariedad no sólo viene por parte del usuario que publicó el comentario, sino también por los cientos de mensajes que aplauden que una persona tenga que estar sentada en el suelo, estudiando a la luz de una farola, mientras espera un pedido. Porque, aunque no se conoce realmente si ese joven estaba estudiando o leyendo cualquier otra cosa, las personas aplauden que esté estudiando en esas condiciones: sentado en el suelo, bajo la luz de una farola, en lugar de estar en su casa, sentado en un escritorio, con una iluminación en condiciones, una silla cómoda y todos los elementos necesarios para que no se destroce los ojos y la espalda.