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Se alquila cama: cuando la precariedad no permite ni tener una habitación para vivir

-Buenos días, soy Marta y llamo porque he visto que alquilas una cama en una habitación compartida y quería un poco de información. Precio, cómo es la cama, si puedo hacer uso de otros lugares de la casa como el baño, la cocina, o el salón...

-Pues tendrías una cama individual, una mesita de noche y medio armario. Compartirías la habitación con una chica de Ecuador que es muy tranquila y tendrías acceso al servicio y la cocina. El precio son 175 euros y estarías en la zona de Villaverde. Además, en el precio están incluidos los gastos de luz, agua y calefacción.

-¿Y con cuántas personas viviría en la casa? ¿La cama es una litera?

-Sí, dormirías en la litera de arriba. Somos cuatro, pero en la habitación sólo vosotras dos. Además, yo paso muchas horas fuera de casa y la que sería tu compañera también porque trabaja como externa. Se va muy temprano y no llega aquí hasta las siete de la tarde más o menos.

Esta es una de las conversaciones que mantengo con personas que alquilan camas, en vez de habitaciones. Hay algunas que buscan compartir la habitación para aligerar los gastos, mientras que otras se dedican a alquilar camas en las diferentes habitaciones de los pisos para ganar más dinero. Incluso, hablo con una mujer que alquila media cama porque en su habitación solo hay una grande y necesita compartir gastos. Los precios varían entre los 165 y 185 euros y la mayoría de personas que las alquilan son mujeres migrantes que trabajan en las labores domésticas.

En mi búsqueda me encuentro en Idealista con una especie de albergue que ofrece camas a 180 euros al mes. Y, por las fotos, veo que duermen mínimo 4 personas en la misma habitación. Cuando llamo por teléfono la mujer me explica que hay mucha gente que vive en una cama durante todo el año y que hay otras personas que solo se quedan unos días. "Hay armarios, taquillas y hay una cocina con nevera y microondas. Además, hay calefacción y aire acondicionado en todas las habitaciones", me asegura. En cambio, cuando miro en Internet, la mayoría de reseñas son muy negativas y muchas personas aseguran que las camas tienen chinches, que duermen hasta 16 personas en una habitación y que es fácil que te roben.

Decido acercarme y cuando llego la mujer me explica que dormiría en la habitación destinada a mujeres. Me hace un pequeño tour y me muestra la que sería mi cama en una habitación bastante pequeña con otras nueve mujeres más. Cuando entro, observo que la mayoría de las mujeres son migrantes, al igual que los hombres que forman corrillo en el recibidor. Las camas son pequeñas, seguramente de 80, y las personas tienen sus pertenencias debajo de las literas. "Puedes utilizar la cocina, el baño y la salita de estar", me explica. También me enseña una habitación destinada a los hombres, un poco más grande, aunque no llego a contar el número exacto de camas porque hay personas durmiendo y no quiero molestar.

En alguno de los anuncios a los que llamo me explican que hay bastante gente interesada en la cama y que no van a concertar más visitas. De hecho, de un día para otro se eliminan varios anuncios a los que tenía pensado acudir. No obstante, consigo encontrar uno por Milanuncios y cierro con la mujer una visita para esa misma tarde a las ocho, que es cuando llega de trabajar.

Algo que observo de los anuncios es que todas las camas para alquilar se encuentran en zonas muy humildes de Madrid en las que los precios son más bajos. Hay camas para alquilar en Orcasitas, Vallecas, Villaverde, Pueblo Nuevo... pero ninguna en la zona más céntrica de Madrid. Además, por lo que observo, en Barcelona no hay tantas camas en alquiler y en ciudades como Sevilla o Bilbao no existen anuncios para compartir habitación, mientras que en Valencia sí que encuentro un anuncio de pisos colmena en el que en una misma sala hay 10 camas separadas por cortinas (por 150 euros cada una) para que los inquilinos tengan más intimidad.

A las ocho de la tarde acudo a la habitación que tenía programada al sur de Madrid. El piso tiene tres habitaciones, una cocina y un baño por lo que interpreto que el salón es una habitación más. La habitación es pequeña y cuenta con una litera, un armario de dos puertas y una cómoda pequeña. La mujer me explica que mi cama sería la de arriba y que podría utilizar la cocina y el baño siempre que quisiese. Pide por la habitación compartida 175 euros y un mes de fianza y, desde luego, me anticipa que no hay contrato.

La mujer, que es muy agradable conmigo, me cuenta que ella no puede permitirse lo que cuesta una habitación completa porque tiene que mandarle dinero a su familia y que la persona que estaba antes compartiendo con ella era una mujer interna que sólo dormía los sábados por la noche, pero que no le importa que yo duerma toda la semana. "Al final es cuestión de llevarse bien y respetarse una a la otra", me cuenta. Cuando le digo que no estoy interesada me sonríe y me dice que no me preocupe, que ya habían llamado otras dos personas que querían ver el piso, por lo que me supongo que no le costará encontrar compañera de habitación.

No es legal alquilar camas ni habitaciones compartidas

La abogada, politóloga y activista por el derecho a la vivienda, Alejandra Jacinto, explica a Mierdajobs que "para los usos de los inmuebles (ya sea habitación, comercial u hotelero), lo primero que tiene que haber es una licencia (la cédula de habitabilidad en el caso de las viviendas) y en Madrid se junta que muchas viviendas que deberían tener esa licencia no la tienen y que la Comunidad de Madrid hace la vista gorda". Además, añade que, en teoría, hay un régimen sancionador sobre usos en la Comunidad, aunque "otra cosa es que se esté aplicando".

Por otra parte, explica que el arrendamiento de habitaciones civil (entre particulares) está regulado en el código Civil, pero que hay empresas (como las de los pisos colmena) que no se encuentran en terreno civil "sino que se mueven en una nebulosa entre todas las figuras civiles y mercantiles y se aprovechan, en cierto modo, de poder moverse impunemente".

"Si se investigara y se desincentivara este tipo de prácticas podrían ser sancionadas desde el punto de vista administrativo, sancionadas por la vía de consumo o incluso a través de reclamaciones civiles", cuenta.

La abogada explica que alquilar una cama es legal (como por ejemplo la cama de un hotel), pero que no se puede camuflar una actividad mercantil en una actividad civil como es el arrendamiento de vivienda. Además, pone el foco en las condiciones mínimas que debe tener una vivienda según los estándares internacionales y explica que en el artículo 11 del Pacto Internacional de los Derechos Económicos Sociales y Culturales las viviendas deben ser "adecuadas".

Por otra parte, la abogada Beatriz Duro explica que alquilar camas no es ilegal, aunque esos contratos no estarían sujetos a la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), algo que también pasa con los albergues privados. "Otra cosa es que el arrendatario subarriende una habitación o una cama sin consentimiento del propietario. En este sentido no sería legal y el propietario, si se enterara, podría rescindir el contrato".

Duro pone de manifiesto la precariedad de las personas que alquilan camas. "En estos casos vemos que ambas partes son precarias porque el inquilino que lo pone en alquiler seguramente estará en una situación precaria y necesita compartir esa habitación para compartir gastos con otra persona que a su vez también es precaria". Además, explica que están en situación de vulnerabilidad porque al no tener contrato por escrito tienen más complicado demostrar que tienen un contrato verbal y que residen ahí. También añade que, al no estar amparados por la LAU, tampoco podrán acogerse a las medidas de protección para personas en riesgo de vulnerabilidad social aprobadas por el Gobierno y reforzadas por el Covid.

Las camas calientes una de las realidades más precarias

Aunque parezca que compartir habitación o alquilar una cama o media cama es el último paso de la precariedad, siempre hay un escalón por debajo. A principios de los 2000, en España se conocieron las denominadas camas calientes. Estas camas se alquilan por turnos por lo que pueden llegar a dormir varias personas en el mismo colchón. La mayoría de personas que alquilan estas camas son personas migrantes y pueden llegar a pagar entre 100 y 150 euros por su turno de siete u ocho horas. El colaborador de Público Ferran Barber realizó en julio del 2020 un reportaje para Público TV sobre las camas calientes y las terribles condiciones de vida de los jornaleros africanos en Lleida.