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El 'stooping', otro invento de algo nada nuevo para que todo parezca más 'cool' (incluida la precariedad)

Desde hace años, algunos medios de comunicación han venido sacando artículos en los que lanzaban términos presuntamente novedosos que de nuevos no tenían nada. Muchos de ellos han sido criticados porque vestían de tendencia situaciones derivadas de la precariedad y de la pobreza. El nesting (no salir de casa durante el fin de semana)  o el coliving (tener que vivir en una casa compartida) son algunos de los términos que acaban en 'ing' y que romantizan la precariedad laboral.

Ahora, un nuevo término se ha colado en los medios de comunicación, el stooping, que consiste en recoger muebles de los contenedores y reutilizarlos, una moda que de novedosa no tiene nada. El artículo publicado en La Voz de Galicia explica que una mujer ha traído a A Coruña este "fenómeno" a través de una cuenta de Instagram. Lidia, así se llama, cuenta que el stooping es un movimiento colaborativo que consiste en que cualquier persona que vaya por la calle y se encuentre un "tesoro" le haga una fotografía y la mandé a una cuenta de Instagram con la ubicación.

Las redes han cargado contra el fenómeno

Aunque en el artículo se habla de la economía circular, de reducir el consumo y de generar menos residuos (cuestiones fundamentales), no se menciona que esta práctica también puede estar estrechamente relacionada con la precariedad laboral, algo que no ha sentado muy bien a multitud de lectores que han cargado contra el término, recordando los antes mencionados. Otros, directamente han explicado que el darle una segunda vida a los muebles es algo que se viene haciendo desde hace muchísimos años y que no por ponerle un nombre acabado en ing es una práctica diferente.

"Vamos a ver, sí pero no. Independientemente de tus necesidades económicas deberíamos empezar a dar una segunda vida a los objetos que puedan tenerla y no seguir consumiendo nuevos bienes materiales. Ni stooping ni mierdas, se llama reutilizar", ha explicado una mujer a través de su cuenta de Twitter. Lo cierto es que el mensaje no ha gustado en exceso y muchos han visto reflejadas situaciones de precariedad en esta práctica.

Hay muchos muebles que pueden tener una segunda vida

Aunque la polémica ha saltado a raíz de la publicación de ese artículo, lo cierto es que ya hay cuentas de Instagram de stooping en otras ciudades como Madrid y Barcelona. Es tan fácil como buscar la palabra clave en la red y se despliegan multitud de muebles, muchos de ellos en buen estado.

No obstante, el darle una segunda vida a los muebles no es nada nuevo e incluso hay grandes cadenas que se ofrecen a comprar los muebles que una persona ya no quiere o necesita para revenderlos a otros usuarios, como es el caso de Ikea que ofrece la opción de recomprar sus muebles usados.

Un 'boom' también relacionado con la precariedad de los más jóvenes

"Cuando yo me independicé cogí una casa sin amueblar porque era más barata. Mi pareja y yo estuvimos mirando y con nuestro presupuesto (650 euros al mes) lo mejor era coger una casa sin amueblar. Nosotros compramos la cama y el somier, pero el resto fue adquirido de segunda mano y de la basura", cuenta Rodrigo a Mierda Jobs.

"Hubo muchas cosas que compramos a través de Wallapop, cosas que necesitábamos con urgencia como el sofá, por ejemplo, pero otras las fuimos cogiendo poco a poco de la basura. De hecho, cuando llevábamos un mes y pico en la casa nos encontramos con que una pareja se había comprado un piso a pocos minutos de nuestra casa y estaban tirando cosas viejas de la casa que se habían comprado y pudimos coger las mesitas de noche, unas sillas de comedor, una mesa de salón pequeña y unos cuadros. La verdad que preferíamos todo nuevo, pero no podíamos gastarnos 2.000 euros", explica.

Rodrigo recuerda que sus padres también han cogido muebles de la basura, pero que eran muebles "especiales". "Hace años cogieron una cómoda antigua preciosa que restauraron y pusieron en la casa del pueblo. También una ventana de madera que la transformaron en un espejo… pero no es el mismo caso que el nuestro. Nosotros lo cogimos porque no teníamos dinero para los muebles. Los cogíamos para ahorrar un dinero que no teníamos, ellos los cogieron porque eran reliquias, algo que, si se restauraba, era una pasada tener, no sé si me explico", cuenta.

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