Modos y Modas

Persecución infernal

¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO

Es lunes y me desperezo. La relación causa-efecto rige mi vida. Pongo la tele mientras me hago el desayuno y empieza el acoso: una mujer bellísima me invita a cambiar mis croissants de chocolate por unas tortas que parecen de palomitas. Me agarro el michelín y decido ir directa a la ducha, sin bollería ni leches. Abro el agua y una mujer más bella que la anterior me sugiere que la ducha fría reafirma la piel. Toco sus pezones, que miran al techo, y me convenzo de que no hay dolor. La hijaputa me guiña un ojo y me alcanza los zapatos de tacón para cuando acabe. Dice que me harán más estilizada. Tocarle los pies no me interesa, así que dejo que desaparezca sin más.

Suspiro aliviada en el ascensor hasta que me acerco a la parada del bus y una morena impresionante sale de la marquesina. Me arregla el pelo tal y como lo lleva ella. Si ha logrado que nos parezcamos digo yo que estaré pibón. El caso es que sólo me ha dejado un ojo para ver. El otro es para figurar, supongo, tapado ahora por mi pelo. Gracias a mi repentino auto parche pierdo dos autobuses y empiezo a sentirme solidaria con la tercera edad. Finalmente llego al trabajo y el jefe me comunica que no tiene tiempo de reunirse conmigo ahora pero que puedo esperarlo en el café de enfrente. Creo que se ha equivocado de persona, así que me siento en mi sitio y empiezo a estornudar. Estoy jodida, pero destaco.