Susana y la casta

Se nota que son de casta cuando embisten y entran al trapo, la inesperada irrupción de Podemos ha conmocionado el ruedo político, el viejo líder del envejecido partido socialista, Felipe González, aburrido de cobrar por bostezar en los consejos de administración, de vuelta de casi todo y de camino hacia ninguna parte, residente en ese limbo reservado para los políticos de casta, ha vuelto a la arena para echar tierra en los ojos de los “ingenuos” que aún creen, o comienzan a creer, en la utopía, utopía regresiva para el “progresista” González. No existen las utopías regresivas, las utopías no existen, por eso se llaman utopías porque no tienen un lugar donde residir. Seamos realistas, pidamos lo imposible, rezaba uno de los lemas del mayo francés, pidamos lo imposible porque lo posible es lo que tenemos y no nos gusta.

A Podemos le han salido numerosos intérpretes, augures a sueldo que definen y estigmatizan a estos “frikis” utópicos y bolivarianos, según González, terroristas antisistema para el PP , una especie de acné juvenil de la izquierda que no durará mucho según los falsos profetas y los analistas domesticados de la izquierda y la derecha. Las críticas, las maledicencias, las suposiciones y las especulaciones, configuran una imagen distorsionada y hasta grotesca de la formación. Que hablen de nosotros, aunque sea bien.

La casta ha reaccionado, el linaje, el encaste, debe defenderse de los “amateurs”, los políticos profesionales se resienten por la llegada de los bárbaros que no valoran ni el pedigrí ni el escalafón, aficionados que no respetan a sus mayores ni sus convenciones. Por eso la casta del PSOE apuesta por una política de casta. Susana Díaz es un ejemplo de encaste, una política de raza que jamás cotizó fuera de la política, su vocación y su carrera. Pero la política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos profesionales. Les dimos la mano y se llevaron el brazo. Susana es una política de raza, pero yo no soy racista y me importa un rábano que el candidato socialista se llame Díaz, López, Chacón o Madina. No me importan sus nombres, me preocupa desconocer las diferencias entre unos y otros, qué proponen, en qué se diferencian, qué piensan. De qué van y a dónde quieren llevarnos.

La oleada de descalificaciones, aberraciones y sinrazones que llueve sobre Podemos no hace sino reafirmar la profundidad de la herida infligida por estos advenedizos en la casta dominante. A los socialistas les dieron por donde más les duele, por la izquierda a la que renunciaron hace tiempo mandando a Marx al baúl de los recuerdos y jubilando a Pablo Iglesias, “el abuelo”, para asumir su papel en el juego de rol de la alta política, en el tinglado de la antigua farsa. La casta se defiende a dentelladas, el corporativismo se impone y los profesionales se revuelven temiendo perder sus privilegios ante los intrusos. Ladran, luego cabalgamos.