Cabeza de ratón

Por una razonable subida de precios

Terror en el supermercado. Que los precios sigan cayendo está provocando una ola de alarma social y el Gobierno advierte: la inflación es muy mala, pero la deflación puede ser peor, entre la anorexia y la bulimia el IPC adelgaza o se infla...

Escucho a una clienta preocupada decirle a la cajera del súper: "Perdone, señorita, pero estos yogures la semana pasada estaban a 60 céntimos y hoy están a 40, y además tienen una oferta del dos por uno. ¿No se habrán equivocado?". "No, señora", responde la cajera. "La cadena tiene una nueva política de precios, no sé si se ha dado cuenta de que si se lleva una docena de yogures regalamos unas gafas de sol y además donamos parte de los beneficios para luchar contra la celulitis invasiva...".

"Desde que se fue Cañete las cosas no funcionan como antes", señala un cliente de la cola que carga con un paquete extragrande de rollos de papel higiénico, con una oferta de un 50% más de superficie útil, que apenas puede mantener entre sus manos.

Escenas parecidas se producen en la carnicería y en la cafetería, en la tienda de chuches y alguna vez incluso en la gasolinera...

"Usted perdone, pero el litro costaba ayer 1,39  y hoy 1,35. A lo mejor se les ha estropeado la máquina", dice un automovilista responsable y preocupado por el tema. "No, señor, aproveche, que nadie sabe lo que va a durar esto, pero es que además le voy a regalar una barra de pan y dos entradas para el Gran Premio de Motociclismo de Vinaroz". Semejante irresponsabilidad saca de sus casillas al ciudadano repostante, que replica: "Pero dónde van con tanta oferta y tanta rebaja, ¿es que no se han dado cuenta sus jefes de que estamos al borde de una tremenda deflación? Si siguen bajando los precios llevarán este país a la ruina más absoluta". "Entonces hay que subir los precios para que nuestra economía vaya mejor... Perdone, pero no entiendo nada". Ante la perplejidad del empleado, el ciudadano responsable adopta un tono doctoral e ilustra a su interlocutor: "No niego que haya que bajar los precios cuando hay inflación para incentivar el consumo, aunque haya que sacrificar temporalmente parte de los beneficios. Pero ahora no tenemos inflación y los consumidores empiezan a consumir un poco más y ¡zas!, les bajamos los precios y se engolfan y se acostumbran mal y piden que los bajemos más. Ahora es el momento de subirlos, de detener esa deflación que frenaría la productividad porque los creadores de riqueza, de la suya y de la de sus empleados, ante el descenso de los beneficios, echarían el cierre y se llevarían los capitales, los que aún no se han llevado, a Las Islas Vírgenes...  Por eso tenemos que revertir la tendencia,  hay que subir los precios y crear un cierto índice de inflación. Y entonces, cuando volvamos a la inflación es cuando tendríamos que bajar los precios. ¿Comprende?".
El empleado interrumpe la perorata del ciudadano responsable: "Perdone, pero no me admiten su tarjeta de crédito". "Pruebe con esta otra", balbucea el ciudadano responsable y abochornado. "No, con esa no, que es la del club de pádel... la del parking... aquí está... esta es la de mi abogado". "Seguro que no es para tanto, hombre", trata de consolarle el empleado; el repostante parece al borde de las lágrimas: "Es que además de mi abogado es mi mejor amigo y vive cerca, así que voy a llamarle por teléfono para que me rescate... Me he dejado el móvil en la oficina... "¿Lleva usted metálico?", ironiza el empleado mientras el ciudadano responsable corre hacia el teléfono público con la tarjeta en la mano. "¿Metálico? Sí, eso es lo único que llevo, unas monedas de... ¿Admite las de cinco céntimos, o me da cambio?".