Cabeza de ratón

Los ladrones van a la oficina

Desarticuladas la banda de Blesa y la cuadrilla de Rato, cautiva o desarmada la facción de facinerosos que se nutrían de las ubres esquilmadas de la Caja de Madrid, se publica la lista de consejeros beneficiarios de tarjetas de crédito generosamente donadas por la cúpula de crápulas que dirigían el lucrativo cotarro de una entidad nacida con presuntos fines sociales, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, benéfica institución cuya piedad se concentraba en empeñar los últimos recursos de una población depauperada y empobrecida.

Los beneficiarios de estas tarjetas regalo cobraban por su complicidad con la trama, consejeros que no aconsejaban, entre otras cosas porque la mayoría de ellos no tenía ni la más remota idea de los asuntos financieros que se trataban, ni tampoco quería tenerla porque estaban allí para ver, oír y callar o para mirar para otro lado, hacer oídos sordos y silbar con aire de "yo no he sido". Los consejeros agraciados al parecer no se preguntaron nunca de donde venía ese maná en forma de rectángulos de plástico , sabían que no se lo merecían, nunca hubo comparsas mejor pagados que ellos, testaferros y hombres de paja que asistían a las asambleas y hacían bulto para cubrir las apariencias y dar cobertura y coartada a los manejos de los capos nombrados por los políticos que sobornaban sus conciencias y sus bolsillos. Dietas, gastos de representación, tarjeta negra de caja B, dinero bien blanqueado que brotaba caudaloso por las ranuras de los cajeros, dinero automático, rápido y libre de impuestos.

Una sustanciosa partida de los pagos efectuados por los consejeros con sus tarjetas regalo fueron en restaurantes. Había hambre y sed atrasadas y tenían que sacarle el jugo al chollo antes de que alguien se diera cuenta y denunciara tanta mamandurria. Consejeros de todos los grupos políticos acreditados, a derecha e izquierda, cobraban y asentían, ni siquiera sabían de qué iba aquello de las "preferentes" ni por qué protestaban tanto los "preferentistas". Los más avisados vislumbrando que aquello acabaría mal corrieron hacia los cajeros automáticos, los centros comerciales y los restaurantes de lujo al grito de "A mí que me registren".

En su descargo aducen algunos beneficiarios que ellos no habían pedido semejantes privilegios, pero a nadie le amarga un dulce, a caballo regalado no le mires el diente y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga, que es de bien nacido ser agradecido. ¿Suponían los presuntos consejeros que sus remuneraciones y prebendas se debían a sus méritos personales?. Tal vez algunos creyeron que se les agradecían los servicios prestados, sus impecables trayectorias y sus aquilatadas virtudes, el número de imbéciles es infinito.

Pero hay casos excepcionales, nadie duda que Ricardo Romero de Tejada, exalcalde de Majadahonda, secretario general del Partido Popular de Madrid y principal muñidor del "Tamayazo" que aupó al poder a la derecha en la Comunidad madrileña, se merece el agradecimiento popular y el homenaje de las masas del partido. Puede que necesiten volver a utilizar sus servicios de fontanería. Sale bastante caro pero compensa.