Cabeza de ratón

Juegos de patriotas

"Otra vez se oye hablar de grandeza / Ana no llores, el tendero nos fiará" escribió Bertolt Brecht. A finales de los años sesenta, Adolfo Celdrán, cantante y autor alicantino, utilizó los versos del poeta y dramaturgo alemán (que combinaba en su repertorio con poemas de León Felipe, Miguel Hernández, Nicolás Guillén…) temas propios y adaptaciones como la del Bella-Ciao, himno de los partisanos italianos, que hace unos días sonaba en la plaza Syntagma de Atenas para celebrar la victoria de Syriza.

En la Puerta del Sol de Madrid, durante la marcha de "Podemos", Monedero, buen conocedor de estas retóricas y líricas, se arrancó con la lectura de unos versos que adjudicó a León Felipe y que, en realidad, eran de Adolfo Celdrán. No iba tan descaminado. La canción Que larga es la noche estaba incluida en un disco con versos de León Felipe, proféticamente llamado Silencio y convenientemente silenciado por la censura con el sello de "no radiable", categoría maldita entre otras cosas porque esas canciones a las que se les negaba la "radiación" también estaban prohibidas en la televisión única y en las actuaciones en directo.

Me pareció mucho más disculpable el lapsus de Monedero que la retórica patriótica que utilizó el compañero Iglesias invocando el dos de Mayo como gloriosa efemérides y fundamento del patriotismo popular. Ese pueblo indignado que se rebeló contra la imposición de un imperio extranjero era quizás el mismo que poco después gritaría en las mismas calles el "Vivan las caenas". Un déspota nacido y malcriado en la Patria era preferible a ese otro déspota, ilustrado e incomprendido, que se llamó José I y al que el pueblo llamó Pepe Botella, aunque sólo tomaba un poco de vino en las comidas. Se comienza invocando el patriotismo del dos de Mayo y se acaba dando vivas a Viriato, Guzmán el Bueno o El Cid Campeador y por supuesto a Don Quijote, referente común, perdedor sempiterno y quimérico desfazedor de entuertos, cuyo camino nadie ha seguido pero todos alaban.

Mi precoz desafección del patriotismo comenzó quizás cuando, a los once años en un colegio religioso, me convocaron para recitar una oda al dos de Mayo, obra épica, emética y lúgubre del vate Bernardo López García, cuyas estrofas funerarias tuve que memorizar. Sobre el escenario del teatro Juan Bravo de Segovia se escuchó mi voz de rapsoda preadolescente: "Y cuando en la hispana tierra/ pasos extraños se oyeron/ Hasta las tumbas se abrieron/ gritando ¡Venganza y Guerra!. El recitado tuvo impremeditados efectos especiales: Para reforzar el tono épico de "Pasos extraños se oyeron" dí una patada en el entarimado del escenario y una inesperada nube de polvo me envolvió por un momento, y hubo tantas risas como aplausos.

"El patriotismo- decía, El Perich, ingenioso y mordaz humorista catalán- es que un imbécil se sienta muy orgulloso de que un genio haya nacido en la casa de al lado". Si aparentas lo que no eres puedes acabar siendo lo que aparentas. En su patriótica arenga, Iglesias, se refirió, aunque sin llamarla nunca por su nombre a la segunda república española, referente mucho más cercano, entre otras cosas, porque como cantaba Paco Íbañez con palabras de Gabriel Celaya, todavía "los muertos no han enterrado como Dios manda a sus muertos" que siguen en las cunetas de la Historia. Mejor no meneallo, mejor quedarnos con esa segunda república, legítima, que tanto hizo por la Cultura y por la Educación, tanto como hicieron "los vencedores/caines sempiternos" para borrar las memoria. Cantantes de "protesta" como Adolfo Celdrán, Paco Ibáñez, Raimon y tantos otros, conservaron y enriquecieron el legado.

Sugiero a Monedero que siga buscando en las voces de esos poetas y de esos cantores los ecos de una tradición "patriótica" y poética, del Arcipreste de Hita ("Yo vi allá en Roma/ do es la Santidad/ que todos al dinero hacían humildad) del poderoso caballero don Dinero de Quevedo, o de don Luis de Góngora: "Ducados hacen ducados, escudos hacen escudos/ y tahúres muy desnudos/ con dados hacen condados/ cruzados hacen cruzados/ y coronas majestad/ Verdad.