Madrid bien vale unas risas

Cuerpo a tierra que vienen los nuestros. El fuego amigo acribilla a Ignacio González con balas que hieren más que las del enemigo. Los rivales están en el bando contrario, los enemigos en el propio. Lo dijo hace tiempo Esperanza Aguirre, experta en amistades peligrosas. Si Esperanza y Nacho presidieran las candidaturas madrileñas al Ayuntamiento y la Comunidad, el PP madrileño seguiría en manos, sucias manos, de una banda de desalmados cuyas fechorías lamentamos todos menos sus beneficiarios y sus votantes abducidos por un partido en quiebra y su espejismo virtual, esa España y ese Madrid que solo ven ellos y los que esperan algo de ellos. Ni el propio Mariano se cree lo del millón y medio de empleos, ni siquiera medio empleos o minijobs, pero por lo menos en el Partido Popular madrileño cunde la esperanza de que queden numerosas vacantes para ocupar esos puestos antes desempeñaron El Albondiguilla, El Gafitas y sus colegas, alcaldes, consejeros, concejales, asesores… El partido necesita caras nuevas, igual de duras pero mejor maquilladas que las anteriores. Aunque hay que reconocer que una breve estancia en la cárcel rejuvenece y revitaliza, los especialistas recomiendan que los expresidiarios pasen una temporada de descanso esquiando en Baqueira, Andorra o en Los Alpes, bronceándose en el Caribe o jugando con la tablet hasta que puedan disponer de sus malganados ahorros que escamotearon a tiempo. La plaza de tesorero del PP está ocupada de forma interina, es muy difícil encontrar sustitutos de la talla moral de Sanchís, De la Puerta o Bárcenas; no abundan y deben de estar muy solicitados para otros puestos de confianza. Blesa, que era un posible candidato, ha quedado tocado y si logra hurtar la prisión se dedicará seguramente a la caza mayor para desquitarse de la cacería emprendida contra él por un quítame allá esos millones de euros y un sácame de encima a esa turba de preferentistas que me han convertido en su presa.

El Madrid de las tarjetas black, de los Bárcenas, los Granados y los Díaz Ferrán se merece una lluvia de fuego, amigo o enemigo, para purificarse, una quema, una liquidación final por cese de existencias. Solo Mariano parece incombustible en su urna de hielo, bajo una capa de silencio gélido que oculta sus intenciones y provoca el llanto y el crujir de dientes de los que esperan ser designados por su índice mayestático, en el que se concentran las esencias democráticas del PP, tan volátiles y evanescentes. O Esperanza, o Nacho, o ninguno de los dos, pero nunca los dos. Nacho se lo debe todo a Espe, que le dio paso a la Presidencia de la Comunidad, aunque fuera un regalo envenenado por los conflictos de la privatización y los recortes en sanidad, educación y dependencia. Ahí estaba Nacho, dando la cara y viendo como se la partían a sus colaboradores más cercanos antes de señalarles la puerta giratoria para que regresaran a la empresa privada. Pero ha llegado la hora del reto final, o Espe o Nacho, cuestión de supervivencia en los que los abrazos disimulan las puñaladas y los besos los mordiscos en la yugular.

El ático de Marbella que está en Estepona y viene de Delaware ha vuelto a salir a la palestra con ese grado de paranoia, de espionajes, contraespionajes y recontraespionajes que lleva tiempo acomodado en la Comunidad de Madrid, como un ectoplasma que persigue a Esperanza Aguirre. Pero Nacho declara su inocencia, él ni siquiera sabía lo que era una sociedad offshore (yo tampoco lo tengo muy claro), y de Delaware no hablemos. Creo que también le han tenido que explicar qué es un testaferro y un hombre de paja. Ignacio González no sabe nada de nada de lo que no quiere saber, buen discípulo de esa gran maestra de la elusión que es Esperanza Aguirre. Quizás se conforme con presidir el Canal de Isabel II para privatizarlo. Si algo funciona bien, pese a sus esfuerzos por estropearlo, hay que repartirlo entre los amigos. A los enemigos, ni agua.