El impuesto al pelotazo

Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, ha sido en estos días la musa inspiradora del laborista Gordon Brown. Allá por 1981, Thatcher y su fiel ministro de Economía Geoffrey Howe impusieron a los bancos británicos, para consternación de sus compañeros tories y deleite de los laboristas, un windfall tax, o sea, un impuesto sobre el pelotazo (literalmente en inglés, “impuesto sobre el golpe de suerte”), una medida de emergencia para paliar los efectos de la casi bancarrota financiera en que estaba el país desde finales de la década anterior. Les levantó a los bancos una quinta parte extra de sus beneficios de aquel año.
El precedente Thatcher lo había encontrado en la historia americana del siglo XX, ya que en Estados Unidos fueron impuestas windfall taxes durante las dos guerras mundiales y la de Corea, como soporte financiero de excepción. En 1980, en tiempos de paz, Jimmy Carter hizo lo mismo con el sector petrolero. De vuelta al Reino Unido, en 1997 el laborista Tony Blair volvió a copiar la idea cuando estableció un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las empresas de servicios públicos privatizadas por Thatcher, como British Gas o British Telecom. Con ese dinero financió incubadoras de pymes en sectores emergentes, lo que permitió la creación de 250.000 empleos. Años después de la Dama de Hierro, Brown acude ahora a una supertasa sobre los bancos. En esta ocasión, se trata de un impuesto adicional del 50% sobre los bonus de ejecutivos del sector que se paguen hasta abril del año que viene y se aplicará a todas las entidades financieras en Reino Unido, tanto si han recibido ayudas del Estado como si no.
Sin duda, el calendario –hay elecciones en mayo de 2010–  ha influido en la adopción de esta medida por parte del Gobierno británico porque tiene muy buena acogida popular por parte de los ciudadanos, que observan boquiabiertos cómo los bancos vuelven a repartir primas millonarias a sus ejecutivos. Por si quedara alguna duda del populismo de la medida, rápidamente se ha apuntado el francés Sarkozy, paladín de la derecha liberal europea, que de la demagogia ha llegado a hacerse una segunda piel. Aliado con Brown, ambos han intentado presionar a la Unión Europea, sin éxito por ahora, para extender el impuesto a todos los países miembros. En Alemania, Merkel no lo va a implantar, y en España, Zapatero se conforma con haber eliminado la reducción del 40% para rentas plurianuales superiores a ¡600.000 euros!
La medida de Brown –que se aplicará a los bonus superiores a 27.700 euros– es populista, sí… ¿pero es por eso menos atinada? Esta vez el sentido común del pueblo coincide con el oportunismo de los líderes europeos. El ministro de Finanzas británico, Alistair Darling, justifica la tasa explicando que si los bancos tienen ahora beneficios es porque su salvamento lo han pagado los contribuyentes, de forma que es una manera de devolver parte de lo recibido. 607 millones de euros espera recaudar el Gobierno británico por los bonus de unos 20.000 banqueros y lo destinará a programas de empleo y formación para los jóvenes.
Tampoco el windfall tax va a ser la solución definitiva porque hay maneras de sortear el impuesto. Por ejemplo, uno de los que tendría que pagar la tasa sería Goldman Sachs, el banco de inversión estadounidense que recibió 10.000 millones de dólares (7.379 millones de euros) de ayudas públicas procedentes del plan de rescate bancario de EEUU y cuyo presidente ejecutivo, Lloyd Blankfein, dijo que los banqueros “hacen el trabajo de Dios”. Este año, el apóstol Blankfein decidió pagar bonus récord a sus ejecutivos por un importe de 16.700 millones de dólares. El escándalo fue tal que tuvo que recular y anunciar que esas primas se abonarán en acciones del banco que no podrán ser vendidas en cinco años. Y le proporciona, además, la manera de librarse  de pagar el nuevo impuesto porque el cobro se hace después de abril de 2010. Otros bancos están ya planificando la estrategia para sortear el impuesto al pelotazo.
Mientras tanto –según un estudio de la Fundación Ideas utilizando datos de Estados Unidos– la brecha entre la retribución total de los ejecutivos de las mayores empresas y sus empleados sigue ampliándose: en 1970, un alto directivo ganaba 25 veces lo que un trabajador medio de su empresa; hoy, gana 250 veces más. 250 argumentos para reclamar un windfall tax.