Multiplícate por cero

Impuestos que no se pagan: acabar con los módulos

Ahora que ya ha comenzado la campaña electoral y que los candidatos usan las propuestas fiscales como gancho para atraer votos, les propongo una medida políticamente incorrecta: acabar con los impuestos que sólo existen para que no se paguen.

Si queremos recaudar más, hay que cobrar más impuestos a los ricos, por supuesto, pero también hay que cargarse el sistema de módulos del IRPF. Los ricos –incluyendo las grandes empresas– cuentan con asesores que les buscan los agujeros legales –y a veces no tan legales– para pagar menos y los módulos son el sistema legal que permite a la inmensa mayoría de pequeños empresarios, comerciantes y profesionales autónomos pagar a Hacienda mucho menos de lo que les correspondería en justicia. Ambos, ricos y moduleros, son un enorme foco de desequilibrio fiscal en contra de los asalariados, que son los auténticos paganos del impuesto.

¿Cuánto cree que tributa, por ejemplo, un taxista en el IRPF? Prácticamente nada. Y no exagero. El rendimiento de un taxista en estimación objetiva –lo que se conoce como módulos– no se calcula por lo que factura de verdad sino por el rendimiento que se adjudica de antemano por trabajador y por kilómetros recorridos. En el caso de un taxista sin empleados y con un recorrido anual de 50.000 kilómetros (una media habitual), el rendimiento neto es de 9.910 euros. Descontando las reducciones por trabajo, el mínimo personal y familiar (vamos a suponer que tiene un hijo) y aplicando la tarifa del IRPF, le sale una cuota de 531 euros, es decir el 5,3% del rendimiento estimado. Y si la declaración es conjunta porque su cónyuge no trabaja no pagaría absolutamente nada.

Que tributar por módulos sale muy rentable lo demuestra el que, de los 51.600 taxistas que hay, el 97% declara por este sistema, que es optativo. Y lo que pasa con los taxistas (no es manía, soy consciente de que tienen un trabajo muy sacrificado, pero es que están entre los que menos pagan de media) se repite con la mayoría de los colectivos que pueden estar en módulos.

El resultado es que el rendimiento neto declarado por los contribuyentes en módulos ronda los 10.000 euros, exactamente 10.862 euros en 2009, un 6% menos que en 2008 y el mismo importe promedio que se declaró en 2001. Esos 10.862 euros representan un 30% menos que el promedio de ingresos declarados por el conjunto de contribuyentes en el IRPF. Y es un 57% inferior a la media declarada mediante el sistema de estimación directa, que es el que utilizan los empresarios, profesionales autónomos y comerciantes que no están en módulos.

Facturas falsas

Además de la baja tributación que permiten los módulos, el sistema se ha convertido en una fuente de facturas falsas ya que al transportista, comerciante o albañil no les afecta en su tributación cuántas facturas emitan, siempre que no superen los 450.000 euros anuales que es el límite que les expulsaría de este sistema. Su rendimiento se calcula por elementos objetivos como la dimensión del camión o del local, el consumo de energía eléctrica o el número de trabajadores; lo que facturen no influye en nada y unos cuantos se aprovechan de esto.

Es verdad que en el sistema de módulos no están las grandes fortunas, pero también es cierto que va en contra del principio constitucional de que los impuestos hay que pagarlos en función de la capacidad adquisitiva. Y, como colofón, al tener unos rendimientos declarados tan bajos aunque no se correspondan con los ingresos reales, pueden recibir más ayudas públicas (becas, etc.) que asalariados con ingresos reales más bajos pero declarados en su totalidad.

Imagino que diciendo esto me estoy granjeando un millón y medio de críticas, justo los votos que no quieren perder los candidatos. Pero ya avisé de que era una propuesta políticamente incorrecta.