Opinion · Mundo Rural s.XXI

I Encuentro de Círculos de Molina de Aragón (14.11.15): banderazo de salida del cambio en el mundo rural

Javier Hernández. Consejo Rural Estatal de Podemos. Círculo sectorial Podemos Celtiberia-Mundo Rural.

La jornada del 14 de noviembre de 2015 fue un día señalado para el cambio rural. Ni siquiera los salvajes atentados de París, que obligaron a suspender los actos políticos de la tarde, ensombrecieron un resultado emocionante y prometedor. Casi 300 personas provenientes de 70 círculos rurales de Podemos y asociaciones ciudadanas se dieron cita en Molina de Aragón, la cabecera de la comarca donde las desafortunadas políticas rurales que se han venido desarrollando desde el desarrollismo franquista han tenido como consecuencia los índices más elevados de despoblamiento y envejecimiento de Europa. Todo había sido organizado con gran entrega por parte del círculo local de Molina y por el círculo sectorial Podemos Celtiberia-Mundo Rural, que tiene como objetivo desde su fundación (julio de 2014) poner en el centro del tablero la situación dramática del mundo rural. Ese objetivo se ha cumplido plenamente y Podemos ha tomado conciencia de esta deuda con el mundo rural, que debe convertirse en uno de los ejes de su acción política.

El debate en las mesas: buscando salidas para el mundo rural

De todo ello se trató en tres mesas que abordaban tres sectores de una problemática holística y compleja: Mundo rural vivo, Sostenibilidad y Medioambiente y Soberanía slimentaria. Todas están relacionadas y forman parte de una misma realidad, y eso mismo se constató en los debates, que contaron con la presencia de algunos expertos de gran prestigio, como José Esquinas, Fernando Fernández o Antonio Bonilla y cargos de Podemos, como la eurodiputada Estefanía Torres y la diputada de les Corts Valencianes Beatriz Gascó. Convergieron análisis, diagnósticos y soluciones, pero vamos a detallar algunas propuestas específicas de cada mesa.

En Mundo rural vivo, mesa coordinada por Diana Sánchez y Javier Hernández (Podemos Celtiberia-Mundo Rural) se incidió en primer lugar en la necesidad de activar un marco jurídico que ampare los derechos del mundo rural y pusiera en marcha medidas de choque urgentes. Todos convinieron que ya se había aprobado una buena ley (la de desarrollo sostenible del medio rural de 2007) que el gobierno de Zapatero metió enseguida en un cajón, así como el decreto de 2010 que la desarrollaba. Ese corpus jurídico promovía una aplicación de medidas basada en las comarcas, organización territorial más natural y parece que operativa. A partir de aquí se suscitó un interesante debate territorial en el que los círculos de Aragón compartieron la experiencia de comarcalización en su comunidad autónoma con sus luces y sus sombras. También se habló del caciquismo y clientelismo de las diputaciones provinciales. El problema no es solo de instituciones, sino del uso indebido y viciado que se hace de ellas, aunque la opción comarcalizadora aparecía como la más cercana y respetuosa con el marco natural y cultural del medio rural.

Se pusieron aquí sobre la mesa muchos datos que demuestran la marginalidad del mundo rural: el abandono de las instituciones, la inoperancia del Régimen del 78, la injusta distribución de fondos de la PAC, el desastre ganadero, la ausencia de una política industrializadora, el déficit de servicios educativos, sanitarios, etc. El medio rural aporta muchos recursos y sus contribuyentes reciben poco. Es de justicia revertir este desequilibrio, por ello se reclamó convertir la agonía del medio rural en una cuestión de Estado, activando una ofensiva jurídica, económica, política y social para paliar esa situación. Políticamente se generó este desastre y políticamente hay que solventarlo. Y aquí los ayuntamientos tienen un papel fundamental, apostando por una política de darles protagonismo, no de suprimirlos como pretende C’s o vaciándolos de sentido como ha hecho la Ley Montoro.

Los recursos del medio rural fueron el epicentro del debate de la Mesa de Sostenibilidad y Medioambiente, coordinada por Jorge Acero, del círculo sectorial 3E. Los bosques, el agua y otras fuentes energéticas, el territorio y otros activos que aporta el mundo rural para beneficio del mundo urbano deben ser puestos en valor y aprovechados de manera sostenible. Son riquezas de las que el medio rural apenas se beneficia y, en consecuencia, se agrandan las diferencias de servicios y calidad de vida respecto a los urbanitas. Esto tiene que cambiar. La gestión del agua fue uno de los temas centrales, poniendo en evidencia las malas prácticas llevadas a cabo estos años, apostando por su plena gestión pública, revisando las concesiones a empresas energéticas y controlando los intereses económicos en la construcción de infraestructuras, así como promoviendo tecnologías de desalación o el uso hídrico eficiente en todos los sectores

Se llegó a la conclusión de que se necesita un nuevo modelo productivo sostenible y ahí el mundo rural tiene mucho que decir con nuevas prácticas agropecuarias, energéticas, de comercialización y consumo (productos de proximidad, soberanía alimentaria) y de planificación del desarrollo que fomente la repoblación. Para hacer posible eso hay que empezar por la concienciación y la educación ambiental.

Todas estas problemáticas, son acuciantes en nuestro país, particularmente en la despoblada y envejecida España Rural Interior, pero tienen que contemplarse desde una perspectiva global. Eso es lo que aportó en buena medida la Mesa de Soberanía Alimentaria, coordinada por Beatriz Gascó. Se hizo alusión a los procesos históricos para reclamar la soberanía alimentaria, particularmente el encuentro de Selingué (Malí, 2007) donde se llegó a una certera definición: “es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”. Se prioriza así a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas, otorgando prioridad a locales y nacionales, empoderando a los campesinos y a la agricultura familiar, las economías y mercados la pesca artesanal y el pastoreo tradicional. Así mismo sitúa la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base de la sostenibilidad medioambiental, social y económica, promueve un comercio transparente garantizando ingresos dignos para todos los pueblos y preservando los derechos de los consumidores para controlar su propia nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y gestión de nuestra tierra, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad estén en manos los productores de alimentos, promoviendo nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones.

La soberanía alimentaria da prioridad a las economías locales y mercados locales y nacionales, otorgando la iniciativa a los campesinos, la agricultura familiar, la pesca artesanal y el pastoreo tradicional, al tiempo que coloca la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base de la sostenibilidad medioambiental, social y económica. La soberanía alimentaria promueve el comercio transparente, que garantiza ingresos dignos para todos los pueblos, y los derechos de los consumidores para controlar su propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y a la gestión de nuestra tierra, de nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad estén en manos de aquellos que producen los alimentos. Supone también nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones.

La liberalización del comercio y los tratados bilaterales como el TTIP constituyen una grave amenaza para el sector agroalimentario por la llegada masiva de productos con estándares de calidad muy inferiores a los europeos. La agricultura no es una mercancía, y por ello debe estar fuera de los acuerdos internacionales, además se deben eliminar las ayudas a la exportación ya que provocan dumping.

Necesitamos que la ciudadanía defienda una Política Agraria Comunitaria diferente a la de ahora, pero consciente de la conveniencia de dar apoyo a los pequeños productores de alimentos. Desde España promoveremos una regulación clara que defina qué es un “Agricultor a Título Principal” y que impida que 242 preceptores concreten el 44% de las ayudas, mientras que la mayoría no llegan apenas al 20%. Actualmente, hay 500.000 personas en nuestro país que reciben PAC sin ser agricultores. Por otra parte, necesitamos una cadena agroalimentaria que sea justa y equitativa. El 67% está controlado por siete empresas.

También la desesperada posición en la que se encuentran determinadas pesquerías que, por culpa de un reparto basado en criterios políticos de las cuotas pequeñas, se ha dejado a muchos buques sin cuota antes de que finalice la temporada. A todo ello hay que añadir la caída de la renta agraria en más de un 7% en 2014 en nuestro país, que manifiesta las enormes dificultades por las que este sector sigue pasando y que, por tanto, apunta a un cambio de modelo productivo que es más que necesario.

Hay varias medidas que Podemos podría implementar en el caso de tener posibilidades:

  1. Incluir el Derecho a una Alimentación Adecuada en la Constitución Española.
  2. Lanzar el espacio para el/la “Defensor/a de las generaciones futuras”.
  3. Poner en marcha un Banco de Tierras impulsando la creación de una Agencia Estatal Pública de la Tierra y un Plan Especial de Uso Social de la Tierra en fincas públicas y privadas con el objetivo de facilitar el acceso de jóvenes y mujeres a las actividades agro – ganaderas, forestales y de conservación del patrimonio común, natural y paisajístico.
  4. Creación de un banco de semillas que garantice la conservación de nuestra biodiversidad, entre otras muchas medidas.

Hoy en día hay una tendencia alarmante de uniformar las dietas de todo el mundo, que se caracteriza por una pérdida de micronutrientes que lleva al aumento de enfermedades oncológicas y cardiovasculares. No sólo les interesa a las multinacionales de la alimentación, sino que las leyes nacionales de semillas, a través de la exigencia de que sólo las semillas estables y uniformes puedan ser comercializadas están apoyando ese tipo de dieta. La estabilidad y la uniformidad de las semillas es la peor forma de luchar contra el cambio climático. Consumir es un acto político. Debemos transformar el carro de la compra en un carro de combate pacífico.

              Refrendando el compromiso con el medio rural

La comida fue en un palacio del siglo XVI. El histórico Señorío de Molina de Aragón apenas tiene población, pero sí mucho patrimonio histórico-artístico que desde el círculo local se reclama como una fuente de potencial de riqueza.  Fue el almuerzo compartido un momento idóneo para conocerse y estrechar lazos entre círculos rurales venidos de toda la Península y las islas incluso. Por la tarde se reanudaron los actos en la iglesia conventual de San Francisco rebosada por unas cuatrocientas personas. El círculo de Molina y Podemos Celtiberia-Mundo Rural organizaron una sesión marcada por el testimonio inolvidable de un niño del pueblo de Milmarcos que relató cómo se vive en los pueblos e instó a Podemos a rescatar el mundo rural levantando una ovación unánime. Intervino también la concejal de “Molina se mueve” (vinculado al círculo local) y otros compañeros y compañeras que resaltaron la identidad vinculada a la mítica Celtiberia, que ocupa hoy día el territorio más despoblado de Europa (7 hb./Km2). Samhain, la llamada de la tierra y los druidas se sumaron para reclamar esa conexión con las raíces para mirar un futuro más próspero para estas tierras y el mundo rural hispano.

Se leyeron las conclusiones de las mesas por parte de los coordinadores y hubo dos discursos que resumían todo el sentir de lo que allí se había tratado por la mañana y que estaba en el espíritu de los participantes. Ariel Jerez, coordinador del Consejo Rural Estatal y candidato principal de Podemos al congreso por Guadalajara, y Marta Chordá, de Podemos Celtiberia-Mundo Rural y candidata al congreso por Zaragoza desgranaron las claves que llevaron a convocar ese encuentro para reclamar ese necesario rescate rural. Sí, el mundo rural lo necesita, así como un pacto de Estado para acabar con una situación insostenible. Es la riqueza presente y la del futuro inmediato y nos atañe a todos los ciudadanos y ciudadanas; o tomamos conciencia a nivel de Estado de esto o podría ser irreversible. El I Encuentro de Círculos Rurales de Podemos se ha convertido en un aldabonazo, en una mecha inicial para prender un movimiento reivindicativo que vaya más allá de los límites partidarios y coloque la cuestión rural en el epicentro abriendo el camino hacia un futuro más prometedor y justo.