Opinion · Mundo Rural s.XXI

MÁS ALLÁ DEL MINISTRO PLANAS: AMPLIAR Y SUPERAR EL MARCO DEL MINISTERIO DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACIÓN EN UN CONTEXTO DE OPORTUNIDAD.

Fernando Fernández Such

Experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural

 

 

Después de años de la prepotente presencia de la ministra Isabel García Tejerina, de su incapacidad para empatizar y generar relaciones positivas, y de su desdén hacia las organizaciones sociales de todo tipo, el talante de Luis Planas, como Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, en su comparecencia de la semana pasada en la Comisión del Congreso, fue todo un respiro. Pero además, su discurso volvía a una senda centrada con realismo en los retos del sector agrario y pesquero, abriendo posibilidades, y definiendo posiciones que permitirán el debate de propuestas desde postulados progresistas. Además, hay que destacar que, en apenas un mes, ha reorientado la senda de la negociación sobre la futura PAC que la anterior ministra había dejado muy deslavazada. Se ha reunido con las organizaciones agrarias, se ha reunido con los consejeros y consejeras de las Comunidades Autónomas avanzando en una posición común, ha definido el marco de negociación por tiempos y prioridades, y además, ha aceptado la propuesta que Unidos Podemos lanzó hace varios meses en forma de Moción en Pleno y que fue apoyada por el PSOE y el resto de los grupos, para que el Ministro de Agricultura, comparezca regularmente en la Comisión del Congreso dando cuentas del proceso de negociación. Lo aceptó sin ningún problema a la pregunta lanzada por el portavoz del Grupo Unidos Podemos – En Comú Podem -En Marea, Antón Gómez-Reino.

 

Sin embargo, algo preocupa desde su nombramiento, y sobre todo desde la conformación del equipo del Ministerio. Nos preocupa en esencia una cierta inercia y continuidad de los postulados y del modelo productivo que defendía la anterior titular de la cartera.

 

Cada uno tenemos nuestra propia experiencia en el sector agropecuario. Todos conocemos la realidad de las familias agrarias de siempre, que luchan cotidianamente por hacer viables sus explotaciones y cumplir con su profesión de manera muy responsable. También conocemos gente que no cumple, por su puesto y que ponen en jaque al sector frente a la sociedad. Pero yo al menos, percibo la realidad de un modelo agrario y ganadero que se abre paso cada vez con más determinación, y que está formado por mucha gente joven que se incorpora al sector impulsando un modelo de producción – transformación – comercialización,  un modelo de pequeñas y medianas explotaciones que tratan de comercializar de manera directa sus producciones de calidad, de los cientos y cientos de nuevos agricultores y agricultoras agroecológicas, de las personas que de pronto aprenden el oficio de pastor y que se arriesgan a la locura de ser pastores en el siglo XXI,  también agricultores y ganaderos convencionales, de los de toda la vida,  que de pronto, empiezan a transitar hacia otro modelo de explotación más autónomo y sostenible porque descubren que el otro camino les lleva a la asfixia. También muchos ganaderos extensivos, y muchas ganaderas extensivas, que se articulan en red defendiendo el papel de la mujer, y a los de la agricultura perirubana que se sitúan en los Parques Agrarios, y a los que se arriesgan a poner en marcha un banco de tierras. Pues honestamente, creo que a toda esta gente que representan una parte esencial de la revitalización del sector, el ministro se la dejó fuera y se olvidó de ella.

 

Me considero bastante pragmático y realista en mis análisis. No estoy situado en una idealización bucólica de lo que todo esto significa. Este sector emergente, este “nuevo campesinado”[1] como algunos autores le llaman, es un fenómeno que se extiende ya por toda Europa y que se analiza en los grupos de debate que la Comisión Europea impulsa[2]. Este nuevo campesinado, y no tan nuevo, se ha hecho visible en el último mes en tres eventos relevantes a los que he asistido; En el Congreso Internacional de Agroecología organizado en Córdoba, en la Jornada de debate celebrada en el Congreso de los Diputados el día 29 de junio, y en el propio CSIC el día 9 de julio.

 

Todas las cuestiones que el ministro enumeró como prioridades en su comparecencia son relevantes para el sector agrario y pesquero en general, y también para este nuevo sector emergente al que me refiero. Ni por asomo estoy planteando que las prioridades marcadas por el ministro no sean importantes. Por lo tanto, no voy a hablar en este artículo de la necesidad de mejorar la cadena alimentaria, ni del papel de los seguros agrarios, ni del apoyo a sectores concretos, ni del control sanitario en frontera, ni siquiera de la PAC.  Voy a hablar de otras cuestiones que ya no son anecdóticas, ni minoritarias, sino que forman parte de las reivindicaciones de los que queremos darle una vuelta al sector para poder ampliar su dinámica. Eche de menos que no se incorporaran nuevos elementos al marco general de análisis y propuesta de este Ministerio que tanto necesita romper con él continuismo y la inercia. Por lo tanto, voy a permitirme enumerar algunas de estas ideas, con el ánimo de identificarlas claramente para sobrepasar la situación actual y empezar a plantear propuestas claras. Espero que el sector social que defiende estas propuestas comenzará a articularse para presionar en este contexto de oportunidad.

 

En primer lugar, seguimos esperando de una vez por todas, que el ministro socialista se posicione en relación a la aplicación de la ley 45/07 de Desarrollo Sostenible del Medio Rural. Es el único esfuerzo serio que hemos tenido de política de estado para el desarrollo rural y no me equivoco si digo que existe un amplio consenso entre las asociaciones y organizaciones de defensa del mundo rural en exigir su aplicación, que pasa por evaluar lo realizado, por elaborar el siguiente Programa Nacional, y empezar a desarrollar los Planes de Zona empezando por las comarcas claramente más desfavorecidas a partir de convenios interinstitucionales con dotación presupuestaria.

 

En segundo lugar, es necesario abordar ya y de nuevo, la cuestión del acceso a la tierra en España. Es un tema emergente en el que existe ya suficiente consenso político y social.  Por diferentes razones la estructura de la tierra en España está inmovilizada y solo es posible acceder a ella disponiendo de importantes capitales fuera del acceso de la gente que se incorpora al sector[3]. Existen experiencia suficientes y reflexión sobre el tema para empezar a poner en marcha medidas. Pero, además, y ligado a este tema, está la necesaria protección de los suelos de alto valor agrológico. La protección de los suelos, la restauración, y el uso sostenible que recupere su fertilidad son cruciales tanto para mitigar como para adaptarse al cambio climático. Por el contrario, el uso insostenible del suelo, el laboreo excesivo, el cambio de uso del suelo, el sellado de los suelos fértiles y otras acciones liberan una cantidad de CO2 a la atmósfera muy superior a la de otros sectores. En España en las tres últimas décadas, se han producido procesos muy rápidos de ocupación del suelo sin prácticamente ninguna planificación que tome en cuenta las perspectivas ambientales y climáticas a futuro. Esto ha supuesto la desaparición de zonas vitales como los suelos de huerta, las vegas, la primera línea de costa o las zonas húmedas cuando se deberían haber protegido para las generaciones futuras. Es imprescindible una ley que proteja estos suelos.

 

En tercer lugar, hay que hacer una revisión de la Ley 19/95 de Modernización de Explotaciones Agrarias precisamente para revisar los conceptos con los que nos hemos venido manejando de explotación prioritaria, agricultor a título principal, calculo de UTAs y otras cuestiones que son esenciales para reconocer este modelo emergente del productor – transformador – comercializador, que con explotaciones de menor tamaño y diversificadas tratan de impulsar este modelo que tiene su viabilidad en los elementos del control del proceso en su conjunto.

 

En cuarto lugar, ni se mencionó la necesidad de impulsar, un salto de escala en la extensión del modelo agroecológico que encierra la esencia del debate de la transición ecológica del modelo de producción agraria y ganadera, más allá de la necesaria aplicación de la innovación tecnológica. El debate sobre el salto de escala se ha producido ya en el seno del CSIC y ha generado pensamiento y propuesta que espera poder ser aplicado. El sector de la agricultura y la ganadería ecológica, necesita pasar de una política de incentivación vía subvenciones directas a otra política de expansión. Además, se trata de recuperar o revitalizar la extensión agraria vinculada a la innovación y transferencia de tecnología para la transición.  Al mismo tiempo, como introducir la economía circular en un sector en el que el esquema es absolutamente ganador.

 

También echamos de menos un discurso más elaborado que mostrara una estrategia clara de apoyo a la ganadería extensiva. Siendo uno de los sistemas de producción más beneficiosos, sin embargo, es de los que se encuentran más amenazados. Lo sabemos “NO hay paisajes, sin paisanaje, y el paisanaje que gestiona el territorio es fundamentalmente el ganadero y ganadera extensivo”. Es necesaria una apuesta clara por este modelo, y desarrollar un Plan de Fomento de la Ganadería Extensiva y con ello, abordaremos cuestiones tan conflictivas socialmente como la compatibilidad con la fauna salvaje, la cuestión de la sanidad animal, la gestión de ecosistemas privilegiados como la dehesa y tantas otras cuestiones que tienen que ver directamente con la gestión natural.

 

En sexto lugar, es urgente después de 14 años desde la aprobación de los Reglamentos 852/04, 853/04 y 854/04 del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea, una norma general que tenga por objeto la Flexibilización del Paquete Higiénico Sanitario para las explotaciones agropecuarias y las industrias agroalimentarias de pequeña escala, de artesanía alimentaria o que se muevan en circuitos de venta directa. Es un reclamo de todo el sector desde hace años. Es urgente para dinamizar todo un entramado de proyectos productivos agroalimentarios ligados al territorio y al medio rural, en lo que, además, es una clara discriminación con las oportunidades que existen en otros países de nuestro entorno para el mismo tipo de explotaciones. Vinculado a ello, es necesario que el Ministerio, tome en serio la estrategia e impulso de los circuitos cortos de comercialización, la venta directa, la comercialización de productos ecológicos y desde luego una estrategia basada en la compra pública alimentaria con criterios de responsabilidad social y ambiental que tanto bien podría traer a la dinamización del sector.

 

En séptimo lugar, y aunque el ministro habló de la pesca. la pregunta clave a la que no dio respuesta es ¿Cómo piensa revitalizar su Ministerio al sector pesquero? Lleva años sumido en la decadencia. Apostar por un modelo de pesca sostenible y de bajo impacto requiere definir claramente lo que entendemos por pesca artesanal y de bajo impacto a partir de una ley orientadora del apoyo público que luego tiene que ser coherente con la gestión de la Política Pesquera Común que hace el Ministerio. Pero, además, parece que va siendo hora de impulsar nuevos instrumentos y herramientas de revitalización. Porqué no un plan de incorporación de jóvenes al sector similar al que existe en agricultura.   Porqué no empezar a poner en marcha un Sistema Nacional de Seguros a la Pesca, que podría empezar con los seguros por mala mar.

 

 

Tampoco se comprometió claramente con una nueva política alimentaria que conectaría de forma clara con una ciudadanía cada vez más consciente y critica. Los problemas derivados de una dieta insana son ya evidentes y tienen un sesgo además de clase. Abordar este tema en profundidad significa ser mucho más proactivo con las medidas necesarias, aunque en algunos casos conflictivas como sería; una nueva fiscalidad alimentaria, un replanteamiento de la normativa de etiquetado basadas en los perfiles nutricionales de los alimentos, y desde luego el control de la publicidad alimentaria, o la oferta de comestibles en ámbitos socialmente sensibles como las escuelas o los hospitales.

 

Por último, y no menos importante, existe un problema real con la representatividad del sector. Hablar de representatividad y democracia en el campo significa hablar de una mayor participación y capacidad de decisión e interlocución con mayores dosis de impacto real. La situación actual genera tensiones dentro del sector y, sobre todo, y pese a que no se perciba así, considero que lo debilita frente a la sociedad.  Es necesario buscar una alternativa justa y adecuada para todas las organizaciones con implantación real en el territorio puedan participar en igualdad de condiciones.

 

En definitiva, un programa complementario, que no opuesto, al presentado por el ministro, para trazar una senda que amplíe el escenario y los actores buscando en todo caso la revitalización necesaria.

 

[1] Monyor i Rico, N.; B. Macías, y S. Flament (2016), Incorporación de jóvenes al campo en España. Relevo generacional y nuevos perfiles del joven campesinado desde una perspectiva de género. Fundación Mundubat

[2] EIP-AGRI Focus Group New Entrants into Farming Buscar todos los documentos y reflexiones en https://ec.europa.eu/eip/agriculture/en/content/new-entrants-farming-lessons-foster-innovation.

[3] Soler, C y F. Fernández (2015), Estructura de la propiedad de la tierra en España. Fundación Mundubat – COAG – PR