No le digas a mis padres que estoy en...

El maletin del dinero, en camello

Dicen que las negociaciones en el desierto de AQMI son largas, arduas, lentas. Tan lento como pasa el tiempo en el desierto del Sahel, a la velocidad de los escarabajos peloteros que lo recorren sin rumbo. ¿Cómo negociar en un lugar en el que para empezar no hay cobertura de móvil, ni electricidad, ni siquiera agua? Los teléfonos vía satélite son una solución rastreable y por lo tanto peligrosa para los de Al Qaeda. ¿Cómo se comunicarán con los negociadores?

Desde aquí se puede comprobar lo difícil que resulta transitar el Sáhara maliense. Los locales saben que ni los modernos 4x4 a la última son útiles cuando las dunas aprietan, en un terreno resbaladizo, seco y alejado de la civilización. La semana pasada me pasé cuatro horas sacando a palazos la arena acumulada bajo la rueda del 4x4 a varios kilómetros de Tumbuctú. Cuatro horas bajo el sol del desierto con la agradable compañía de cuatro niños Tamashek que empujaban el coche al grito de tres con más empeño que fuerza.

Me pregunto cómo estarán viviendo estos dos meses los secuestrados Albert, Alicia y Roque, quemados bajo ese mismo sol, contando las horas y los escarabajos peloteros, cubriéndose la cabeza con ropas tuareg locales y despertándose como yo, con la oración de las cinco de la mañana, obligada primera cita del religioso musulmán. Y en este desierto inmenso de 600.000 km cuadrados, me pregunto ¿cómo llegará el maletín del dinero hasta el Sáhara maliense? ¿en camello?