Opinion · Notas sobre lo que pasa

Algunas incógnitas abiertas tras la dimisión de Domènech

Marià de Delàs

Hemos conocido a bastantes líderes que nunca prestaron apoyo a iniciativas políticas que ellos no encabezaran. No es el caso de Xavier Domènech, pero sí probablemente el de algunas personas que, con mayor o menor conciencia de ello, han creado las condiciones para su dimisión.

Él mismo nos explicó hace dos años en una entrevista, cuando se convirtió en portavoz de En Comú Podem, que él procedía de unas culturas según las cuales la construcción del liderazgo por sí misma “puede tener cosas negativas”. Unas culturas, dijo, bastante compartidas por la gente que protagonizaba los nuevos fenómenos políticos. “Ahí hay una reflexión sobre el papel determinante del liderazgo o del proceso histórico que yo como historiador aún no he decidido cómo se resuelve”, admitió entonces entre sonrisas.

Este martes sorprendió a la Executiva de Catalunya en Comú con la renuncia a su propio liderazgo. Y comunicó a través de redes sociales que había llegado el momento de “dejar paso a nuevas personas con ideas frescas y la energía necesaria para llevar a cabo los proyectos que el país pide para los próximos meses, que sin duda serán clave para el futuro”.

Ha abandonado todos sus cargos, tanto el de diputado en el Parlament de Catalunya, como el de coordinador general de Catalunya en Comú, como el de secretario general de Podem Catalunya. Asegura que seguirá trabajando en favor del “cambio que anhelamos todos y todas”, pero “desde otro lugar, volviendo a su trabajo y ayudando desde la base”, pero no cabe duda que su renuncia abre una crisis y deja abiertas no pocas incógnitas.

La Comissió Executiva de Catalunya en Comú le ha deseado lo mejor y ha atribuido su renuncia a “los ritmos frenéticos de la política actual”, que “hacen muy difícil que la gente común pueda conciliar sus vidas con la actividad política”. Ciertamente, el propio Domènech ha dejado escrito que las múltiples responsabilidades que ha asumido han recaído en exceso sobre las espaldas de su familia.

No en vano señala que tales responsabilidades, “en una etapa de construcción de grandes consensos”, le han agotado personalmente, pero también políticamente”. Se trata de dos factores que difícilmente se pueden separar, pero todo aquel que conozca un poco de cerca a los Comuns sabe que el papel de buscador de puntos de equilibrio entre diferentes posiciones políticas no es nada sencillo. Y que puede cansar. Mucho.

Las incógnitas abiertas tienen que ver sobre todo con los consensos en el interior del espacio de los Comuns, en el que conviven sensibilidades diversas, y en el que predominan las que pretenden mantenerse a distancia de las grandes movilizaciones del soberanismo.

Habrá que ver cómo se llena el vacío que deja Xavier Domènech, pero mientras tanto el liderazgo visible de ese espacio recae sobre la figura de Ada Colau, que antes de que la dirección de los Comuns dijera nada sobre la Diada de este año ya anunció en un artículo que ella no asistiría a la manifestación convocada por las entidades en la Diagonal de Barcelona.

Catalunya en Comú se ha desmarcado en múltiples ocasiones de las movilizaciones hegemonizadas por el independentismo. Llamó a participar en el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre, pocos días antes, y lo hizo después de una consulta interna que puso de manifiesto las discrepancias que existen entre sus dirigentes. Pidieron a la población que acudiera a votar, pero dijeron que no era el referéndum que necesitaba Catalunya y que lo valoraban solamente como una movilización.

Un llamamiento a la movilización que no podía resultar muy convincente para una audiencia a la que se le explicaba que aquello no tendría la efectividad que prometían los impulsores de la consulta.

Los Comuns siempre han defendido la necesidad de celebrar un referéndum acordado y con garantías. Ahora, lógicamente queda en el aire la pregunta sobre si la persona o personas que asuman los cargos que ejercía Domènech estarán dispuestos a defender el referéndum reivindicado por el president Quim Torra en su conferencia de este martes en el Teatre Nacional, como planteamiento de mínimos en el diálogo abierto con el Gobierno de Pedro Sánchez.

¿Participarán de alguna manera en la movilización del 11 de septiembre convocada por la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural? ¿Mantendrán la actitud expresada por Colau? ¿Convocarán su propio acto?

¿Se implicarán en alguna medida en la sucesión de acontecimientos que han de hacer visible la “Marxa pels drets socials, civils i nacionals” anunciada por el propio Torra?

Piden la libertad de las personas encarceladas preventivamente “por motivos políticos”. ¿Sumarán su voz a quienes piden su absolución? Y en caso de la más que previsible sentencia condenatoria, ¿qué respuesta darán?

La sustituta o sustituto de Xavier Domènech en el Parlament, ¿se identificará con alguna de sus corrientes internas o intentará ejercer un nuevo arbitraje?

Domènech asumía simultáneamente el liderazgo de Catalunya en Comú y el de Podem. Disipaba de esta manera los obstáculos que habían dificultado la confluencia. Parece poco probable que una sola persona vuelva a asumir la máxima representación en ambas organizaciones, pero queda abierto también el interrogante sobre la manera de dar continuidad a la relación con Podemos, teniendo en cuenta la confianza mutua que siempre manifestaron Pablo Iglesias y Xavier Domènech.

A nadie se le oculta que la renuncia de este último distorsiona el funcionamiento de todo el espacio de los Comuns, que necesita sobreponerse para encarar, política y organizativamente, las elecciones municipales del mes de mayo.