Opinión · Notas sobre lo que pasa

Los que pataleaban y daban manotazos en el Congreso han conseguido lo que querían

Marià de Delàs, periodista

¿A quien esperaban convencer con aquella bulla desagradable? Un buen número de diputados volvieron a provocar vergüenza por lo que puede llegar a pasar entre miembros de una institución del Estado que la ciudadanía tendría que poder respetar.

Ahora está bastante claro lo que pretendían y lo han conseguido.

La gente civilizada que oyó el ruido que hacían los representantes de VOX, Cs y PP durante el acto de acatamiento de la Constitución en el Congreso de los Diputados padeció cuando menos una cierta confusión. Una sensación que probablemente, en muchos casos, se transformó en vergüenza y tristeza por el hecho de ver como se permitía que miembros de un parlamento boicotearan la libre expresión de otros, hasta el punto de hacer inaudibles sus palabras.

Con aquel estruendo, con aquellos pataleos y manotazos, que las cámaras institucionales intentaron esconder, querían impedir que quién veía por televisión el inicio de la legislatura oyera las palabras de un número considerable de diputados, que consideraban necesario prometer acatamiento a la carta magna española “por imperativo legal” y expresar al mismo tiempo, en algunos casos, sus convicciones republicanas.

Es evidente que no querían convencer a nadie que no estuviera previamente convencido de la necesidad de hacer caer el peso de la represión del Estado sobre quién tuvo el coraje de impulsar y de implicarse en la organización de un referéndum sobre la posible proclamación de una república, catalana.

Pero aquellos golpes ruidosos tenían otro objetivo. Iban dirigidos a la Mesa del Congreso, a todos ellos, que no hicieron ni un gesto para intentar que el conjunto de la cámara se comportara cómo si de verdad respetara el pluralismo político y los derechos de todos aquellos que fueron a las urnas el pasado 28 de abril.

La flamante presidenta incluso dio la palabra al líder de Cs, Albert Rivera, para que hiciera una defensa visceral del régimen español, el monárquico, como lo podía haber hecho su colega de VOX, Santiago Abascal, y manifestara, no su desacuerdo, sino su enemistad con los defensores de la soberanía catalana.

Con aquella gamberrada, los diputados de la derecha anunciaban que su comportamiento durante esta legislatura puede ser todavía mucho más insolente con sus adversarios que cuando eran mayoría. Era una medida de presión, en un momento especialmente sensible.

Les ha dado el resultado que esperaban, y por eso ya levantan los dedos en señal de victoria, el último día de la campaña electoral, cuando el Tribunal Supremo se dispone a dejar visto para sentencia el juicio contra los diputados independentistas, que este viernes han visto como la Mesa del Congreso decidía suspender no solo los derechos políticos de Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Jordi Turull y Josep Rull, sino invalidar los de toda la población que representan.

Los partidos de la derecha han conseguido que los miembros del PSOE de la Mesa votaran de acuerdo con sus exigencias.

Ha dicho la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que la Mesa ha tomado “la decisión más prudente y garantista”, por haber hecho caso de un informe de los letrados de la misma Cámara, basado no en el mandato de los ciudadanos sino en un artículo, el 384 bis, de la ley de enjuiciamiento criminal.