Opinion · Notas sobre lo que pasa

Cs, «la banda» y las «fuerzas del cambio»

Marià de Delàs, periodista

Pedro Sánchez y significadas personas del PSOE señalan a menudo que Podemos ha impedido por “segunda vez”  la formación de un “gobierno socialista”.

Cada vez que lo han dicho, después y durante el reciente debate de investidura, se esperaba algún tipo de réplica o comentario, por parte de diputados de Podemos o de otro grupo de izquierdas. Pero no.

Cualquier seguidor de la vida política española recordará los detalles de la “primera vez”. Lo que pidió el PSOE a Podemos en 2016 era apoyo a un acuerdo que  había firmado con Cs, de manera bastante ceremoniosa, por cierto.

Un acuerdo negociado con Albert Rivera, de espaldas a Podemos.

Pedro Sánchez defendió en aquel tiempo su candidatura con un argumento: las “fuerzas del cambio” tenían que poner fin a la etapa de gobierno del PP, que presidía Mariano Rajoy. Y el socio preferente del PSOE era un partido dirigido por una persona  de raíces ultraderechistas, que hoy, cuando habla de los resultados obtenidos en las urnas por partidos más o menos de izquierdas y/o soberanistas, dice que son el “botín”, como si se tratara de un robo.

Habla de los miembros de una “banda”, formada por los dirigentes de estos partidos, que quieren “repartirse el botín”. Y la palabra “banda” la usa con intencionalidad y profusión, reiteradamente, sin disimular el propósito de levantar reacciones airadas. Si no hay nadie que les detenga, veremos como los dirigentes de Cs la utilizarán una y otra vez en diferentes escenarios, del mismo modo que califican sistemáticamente de “golpistas” a los defensores del derecho a la autodeterminación de Catalunya.

Todo el mundo recordará cuando el término “políticamente correcto” para referirse a ETA siempre era “la banda”. Parecía una obligación designar de este modo a la organización terrorista para cualquier persona “con sentido de Estado”. Se diría que estaba escrito como una norma de obligado cumplimiento en los libros de estilo de las redacciones de muchos medios. Ojalá hubiera sido solo una «banda».

Ahora este hombre, Albert Rivera, ha decidido utilizar la misma palabra para referirse a la actual mayoría del Congreso de los Diputados. Con este aspecto crispado que exhibe cada vez más, articula intervenciones con las que parece querer reventar la vida parlamentaria.

Cs ha practicado a menudo la provocación. El filibusterismo ha caracterizado desde siempre su actividad en el Parlament de Catalunya. Sus acciones en la calle han estado en muchas ocasiones dedicadas a herir la sensibilidad de la mayoría de la población que visitaban. Parece que quieren hacer de la ofensa un eje central de su táctica  política.

El año 2016 mucha gente ya conocía suficientemente bien el origen y el talante del partido de Rivera. Resultaba extraño, ciertamente, que contara con el apoyo de algunas personas  intelectualmente respetables.

Hay que suponer que era por este motivo que muchos demócratas defendieron en aquel tiempo que había que apoyar al acuerdo PSOE-Cs, a pesar de las advertencias de otros muchos.

Pero más allá de quien conociera mejor y quien no la naturaleza del partido de Rivera, así como las entidades que habían contribuido a su creación, lo que quedó claro es que Pedro Sánchez había pactado con él y había descartado otros apoyos bajo presión de buena parte del establishment financiero y mediático. Lo dijo él mismo y eso sí que se le ha recordado recientemente.

Lo que no se recuerda con suficiente claridad es que Podemos le hizo un gran favor cuando hizo fracasar la investidura que tenía pactada con Cs.

Sólo hay que imaginar qué tipo de legislatura le esperaba a Pedro Sánchez compartiendo gobierno con Albert Rivera, que pocos meses más tarde, después de otras elecciones, acordó con el PP que Mariano Rajoy seguiría como presidente, y con una dirección del partido socialista que le obligó a dimitir por no querer facilitar con su abstención la investidura del líder de los “populares”.

Ahora se puede discutir sobre la actual correlación de fuerzas, la decisión de Unidas Podemos en el nuevo intento de investidura de Pedro Sánchez, las propuestas de unos y otros, las ofertas desestimadas, las consecuencias y lo que se puede negociar de aquí a septiembre.

Hay que hablar sobre todo esto, pero sigue abierto un gran debate sobre qué escenario resulta más favorable para la mayoría de la gente, la gente normal. ¿Un nuevo intento de coalición? ¿Un pacto de Gobierno de izquierdas a la portuguesa?

El PSOE intentará de nuevo obtener la abstención de la derecha para poder gobernar en minoría. Ya lo está anunciando. Quizás lo consigue y sería contraproducente para las políticas de izquierda, para la defensa de las medidas de justicia social y de las libertades, porque todo tiene su precio.

Se conoce de sobras lo que interesa al PP y ahora está muy claro para casi todo el mundo que Cs no es una “fuerza del cambio”. El camino que defiende Rivera es el de la involución.