Revista Números Rojos

Una economía con alma de mujer

Reapropiarnos de la economía, cuestionarnos la centralidad del trabajo en nuestra existencia, sustituir el objetivo de la acumulación por el del mantenimiento de la vida, darle valor a los cuidados... estas son algunas de las propuestas más atractivas de la economía feminista.

 Texto: Lourdes Pacho. Foto: Diney Mozer.

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"El feminismo denuncia una lógica heteropatriarcal que pone la vida al servicio de un fin mayor: el proceso de acumulación, desarrollo, crecimiento..., a la vez que menosprecia la sostenibilidad de la vida misma". La frase pertenece a Amaia Pérez Orozco, economista y feminista, quien reivindica el sostenimiento de la vida como eje de la economía, una vida, además, "que merezca la pena ser vivida", lo que las feministas latinoamericanas llaman "el buen vivir". Que lo más importante sea la vida de las personas (de todas las personas) es el objetivo que debería tener la economía para el feminismo. Un planteamiento que todos y todas nos hemos hecho alguna vez.

La postura de Pérez Orozo remite a ese dilema tan repetido: vivir para trabajar o trabajar para vivir. Repetido por unos después de jornadas laborales interminables, repetido por otras intentando sobrevivir a las famosas dobles jornadas, en el marco de la deseada y nunca alcanzada conciliación. Un concepto este, el de la conciliación de la vida laboral y familiar, que pretende (o pretendía) corregir esa lógica heteropatriarcal que niega la evidencia de que los seres humanos necesitamos, desde que nacemos hasta que morimos, cuidados para vivir. Una evidencia aparentemente innegable que contradice el hecho de que esos cuidados sean considerados, en la teoría y en la práctica, como no productivos. "La responsabilidad de sostener la vida está feminizada, privatizada e invisibilizada", afirma Pérez Orozco, doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid. No es ésta una cuestión baladí económicamente hablando: ese tiempo de cuidados, si fuera contabilizado, representaría el 54% de nuestro Producto Interior Bruto, según María Ángeles Durán, catedrática de Sociología y reconocida investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Removiendo los cimientos

"El hecho de darle valor y reconocimiento a los cuidados y a la experiencia femenina no es agregar un nuevo tema, es un cambio de paradigma. Y con eso cambia la metodología, los objetivos, las estadísticas, los indicadores, la forma de elaborar los presupuestos, las políticas económicas, etc. A todo eso se dedica la economía feminista", explica Cristina Carrasco, una de sus voces más críticas.

Ese cambio de paradigma es lo que hace tan interesante la economía feminista, porque la economía clásica, como toda ciencia, ha sido construida social y culturalmente, por mucho que quiera pasar por objetiva. Julie A. Nelson, de la Universidad de Massachusetts, en su artículo "Economía y Feminismo", es contundente al hablar de "perspectivas parciales y llenas de prejuicios sexuales, particularmente masculinos" y advertir de que "los modelos, métodos y pedagogía han sido mal percibidos como imparciales y asexuales en la economía, así como en otras disciplinas científicas. Tradicionalmente, las actividades masculinas han sido el centro de la materia, mientras que los modelos y métodos han reflejado un desarrollo histórica y psicológicamente masculino al valorar la autonomía y la separación más que la dependencia y la conexión".

Autosuficiencia, individualidad, aislamiento suenan a masculino singular. Por el contrario, la dependencia es femenina y se asocia a debilidad. De ahí que se menosprecie la interdependencia y la dependencia del entorno. Y es esta ecodependencia otra de las grandes aportaciones de la economía feminista y la base del ecofeminismo (consúltese a la autora Yayo Herrero).

Dentro de la economía feminista hay distintas corrientes que van, según Lourdes Benería, de la Universidad de Cornell, "desde los modelos neoclásicos ortodoxos, que no cuestionan el sistema económico, hasta los feminismos muy críticos con las desigualdades que produce el modelo capitalista predominante". Por su parte, Carmen Sarasúa, profesora de Historia Económica de la Universitat Autònoma de Barcelona, concreta: "El punto común es la búsqueda de la desaparición de la desigualdad de género y el logro de una sociedad más igualitaria, justa y humana". "En todo caso, un tema central –añade Benería- es el papel de las mujeres en muchos de los aspectos relacionados con la reproducción y las tensiones entre los procesos de acumulación capitalista y la reproducción social, tal como está ocurriendo actualmente con la crisis económica".

¿Crisis? Defina economía...

Amaia Pérez Orozco defiende que "tenemos que reapropiarnos del concepto de economía. No se trata de fuerzas inaprensibles o leyes divinas, sino de cómo gestionamos la vida. La economía va bien si nuestra vida cotidiana va bien". "Curiosamente, el término 'economía' tiene sus raíces en la palabra griega 'oikosnomia' que significa 'gestión del hogar', con lo cual pareciera que la disciplina debería incluir toda la producción que se realiza en los hogares al margen del mercado; pero esto nunca ha sido así, ni siquiera en sus orígenes" puntualiza Cristina Carrasco, profesora de Teoría Económica de la Universitat de Barcelona, quien a la pregunta de cómo es posible que la economía se nos presente como algo único e incuestionable, contesta: "Esta es la fuerza que puede tomar una disciplina que responde a la ideología dominante. Domina las facultades de economía, las revistas consideradas importantes, los contenidos de las asignaturas, los centros de poder económico, etc. Esto sucede en muchas disciplinas, pero lo percibimos menos porque no tienen el impacto social que tiene la economía; es la que dicta las políticas económicas". Y en esto coincide con la profesora Benería: "Los departamentos de Economía, en la mayoría de universidades, contribuyen en gran manera al no incluir cursos que representen la heterodoxia dentro de la economía, ¡que sí existe!, y no abren la puerta al análisis de distintos modelos alternativos".

Lourdes Benería resume las alternativas que proponen, a grandes rasgos, las distintas corrientes del feminismo económico: "Las que se acomodan al feminismo liberal, proponen soluciones dentro del sistema. Por su parte, los feminismos de izquierda proponen cambios en el sistema económico hacia modelos más igualitarios, que incluyan las diferencias de género y la centralidad de la reproducción social y del mantenimiento del bienestar individual y colectivo

Ahora defina crisis...

Amaia Pérez Orozco define la actual crisis como "de cuidados, de reproducción social y ecológica" y la califica de "civilizatoria". "Es una crisis multidimensional y acumulada que pone en evidencia la insostenibilidad y la injusticia del sistema" añade.
Parece incuestionable que la actual crisis ha puesto en evidencia que nuestro modelo económico no funcionaba tan bien como creíamos o nos querían hacer creer, aunque Carmen Sarasúa puntualiza: "Creo que ni siquiera los 'talibanes' del libre mercado han dicho nunca que el sistema funcionaba muy bien. Mucho antes de que empezara la crisis se sabía, por ejemplo, que la pobreza y la desigualdad seguían creciendo en todo el mundo, empezando por EEUU y Europa".

También existe la creencia general de que las crisis se repiten cíclicamente y que se acaban yendo por donde han venido, aunque no tengamos ni idea de por dónde, y también la sospecha general de que, al final, el sistema sale reforzado, lo cual alienta la idea de que incluso podrían ser provocadas, como los incendios. "Las crisis son inherentes al sistema, esto ha sido explicado desde diversos enfoques. La crisis fue provocada, pero creo que no en el sentido que se plantea. Grupos de poder actúan buscando su propio beneficio, aunque saben que de esa manera puede provocarse una crisis", aclara Cristina Carrasco.

Lourdes Benería opina: "El crecimiento tan enorme del sector financiero hace que esta crisis sea más desestabilizante que otras anteriores. Podría ser que si no se pone fin al crecimiento desorbitado de este sector, a expensas de la economía real y del 99% de la población que no se beneficia de ello, el sistema podría ser auto destructivo. Esto implica que, efectivamente, se encuentren soluciones parciales dentro del sistema". La ciudadanía espera una reacción. Su parte más conservadora se conformaría con esas soluciones parciales; su parte más decididamente transformadora desearía un cambio de sistema. Así se posiciona Cristina Carrasco ante esta cuestión: "Que de una crisis profunda pudiera construirse algo diferente, teóricamente es posible, pero muy difícil. Al menos en la crisis que estamos viviendo, los sectores que podrían construir algo distinto están muy debilitados. Pero el futuro es muy difícil de predecir en estos momentos. Por eso es importante seguir trabajando, reflexionando, buscando puntos de encuentro entre todas las personas y colectivos que estamos por un cambio en el mismo sentido".

Soluciones feministas

LOURDES BENERÍA, economista, experta en género, desarrollo y globalización: "Es urgente una regulación de los mercados financieros, por lo menos como la que se puso en pie tras la crisis de 1929 y que se desmanteló en la época neoliberal. Una regulación de la especulación desestabilizante y de productos como los alimentos. Aumento de los salarios mínimos, límites a los salarios altos, impuestos a las altas rentas, reparto del empleo y la tasa Tobin para regular los flujos financieros".

 CRISTINA CARRASCO, especialista en economía feminista, cuidados e indicadores no androcéntricos. "Fortalecer el sector público. Aumentar sus ingresos con impuestos a las grandes fortunas, el control de capitales o la lucha contra el fraude fiscal. Reducir la producción de determinados productos (por ejemplo, coches) e incrementar la de otros (por ejemplo, servicios de cuidados que son necesarios y no contaminantes). Reducir la jornada laboral para redistribuir el trabajo".

 CARMEN SARASÚA, doctora en Historia y miembro de la International Association of Feminist Economics. "Reforzar los órganos de control del sistema financiero; luchar contra la corrupción; reforzar las leyes de protección social; aumentar la recaudación fiscal; luchar contra el fraude fiscal; que la prioridad sea el bienestar de las personas, especialmente de los más desprotegidos; reforzar los servicios públicos. Y en el caso de España, desarrollar un modelo económico más productivo, basado en el conocimiento, más generador de empleo cualificado, y menos en la especulación y en la destrucción medioambiental.

 AMAIA PÉREZ OROZCO, economista y feminista. "Hay otras formas de organizar la economía para que sea social y solidaria: la colectivización, la autogestión, el trabajo comunitario. Quitar recursos (dinero, tierra, espacio físico, tiempo) a la lógica de acumulación del capital. Reformas fiscales, expropiación de la vivienda vacía, reducción de la jornada laboral...".

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