Revista Números Rojos

Madrid resiste (y III)

Ya hemos visto en Madrid, ciudad neoliberal y Madrid, ciudad fracasada como la aplicación de políticas neoliberales ha creado una brecha social inaceptable en la población. Ante estas agresiones institucionales, muchos ciudadanos no reaccionan, pero cada vez es más numeroso el grupo de los que sí actúan en sentido contrario, protestando, asociándose y luchando por un modelo más sostenible y humano en el que merezca la pena vivir.

Texto: David Losa (@deividlost). Ilustraciones: Diego Estebo.

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 Una vez dadas algunas pinceladas para entender mejor la conquista y caída de la ‘Babilonia ibérica’, es hora de analizar la respuesta de sus ciudadanos frente al atropello permanente de derechos. Y aquí sí cabe hablar de victorias, como la de la paralización del proceso de privatización de seis hospitales, gracias a la actuación continuada y organizada de la llamada "marea blanca", "Que tanta gente de tantos perfiles se haya resistido globalmente, que no haya entrado en tentaciones particulares… ha sido una defensa contundente.", dice el medico salubrista Javier Segura.

Muy recientes también son los casos de oposición y victoria judicial de la ciudadanía frente al intento de privatización del 49% del Canal de Isabel II, o el órdago ganado por los trabajadores del servicio de limpieza viaria y de jardinería a su empresa concesionaria, cuando esta presentó un ERE que contemplaba 1.134 despidos, poniendo en evidencia el tufo de la privatización de servicios. Una de las iniciativas de resistencia más recientes es la Plataforma Madrid en Transporte Público, que lucha por "un transporte público, accesible y de calidad" frente a la degradación y el encarecimiento de estos. Como explica Mariano González, coordinador de Transportes y Movilidad de Ecologistas en Acción, una de las asociaciones implicadas: "La mayoría de los que nos movemos en transporte público vemos que, en unos años, de funcionar más o menos bien, cada vez los trayectos requieren más tiempo, los vagones están más llenos, hay más accesos cerrados, se eliminan líneas… Y esto no es debido solo, como ellos dicen, a un recorte de gastos, es posible que dentro de uno o dos años se saque a concurso la privatización de varios servicios".

Junto con Ecologistas en Acción, numerosas asambleas vinculadas al 15M y movimientos vecinales han apoyado esta causa. Es un ejemplo más de que la ciudad no está dormida. "Ahora las resistencias son muy diferentes y dispersas. Como el movimiento de ocupación, que demanda espacio frente a la voracidad de la ciudad. También están las luchas cooperativistas por la mala calidad de las VPO, las medioambientales, por los derechos de los inmigrantes… Hay riqueza de lucha para plantear batalla", advierte el sociólogo Emmanuel Rodríguez.

resistencia2_gmgiEste fortalecimiento del asociacionismo, donde confluyen numerosos colectivos, es confirmado a Números Rojos por Nacho Murgui, presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de la Comunidad de Madrid: "Hay un repunte de los movimientos vecinales, tenemos unos 260 en toda la Comunidad que suponen una amalgama de iniciativas heterogéneas y que van en aumento a medida que van surgiendo nuevos problemas que nos afectan". En Madrid, epicentro del 15M, asambleas de barrio y asociaciones de vecinos de toda la vida han creado una red tupida y luchadora: "La sintonía de los movimientos vecinales y las asambleas del 15M ha sido grande, y a medida que se han ido conociendo se han alimentado mutuamente. Juntos han jugado un papel fundamental en las batallas ya ganadas. Hay que dejarse de mensajes melancólicos. Moverse sirve para mucho".

Los numerosos proyectos culturales que han nacido recientemente con vocación de cercanía a los ciudadanos, la recuperación y rehabilitación popular de espacios en desuso, las actuaciones de ocupación social y frente a los desahucios y, en general, los numerosos grupos de trabajo y colectivos que luchan día a día, de forma desinteresada, por cambiar la fisonomía –y sobre todo el espíritu– de la urbe madrileña, en oposición a la vocación homogeneizadora y anestésica de las autoridades públicas, encarnan la esperanza de un futuro más humano que pueda sustituir al fracasado experimento neoliberal en que se ha convertido la ciudad.

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