Revista Números Rojos

"El Estado y el Gobierno israelíes no desean la paz"

Puede que una de sus mayores aportaciones haya sido acabar con los eufemismos y llamar a la Nakba, el éxodo palestino ocurrido en 1948, por su nombre: limpieza étnica. Tan odiado como respetado, hace un año charlamos con el historiador Ilan Pappé (Haifa, Israel, 1956) con motivo del 65 aniversario de esta herida que aún sangra. Ahora, con motivo de los nuevos bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza, recuperamos esta conversación centrada en los refugiados palestinos.

Texto: Edén Sánchez Gil*. Foto: María R. Bajo. Traducción: Ruth Martínez y Álvaro Yánez.IlanPappe

Recibió tantas amenazas de muerte que en 2008 decidió abandonar Israel e instalarse en Reino Unido, donde trabaja como profesor en la Universidad de Exeter. Experto en la Nakba, fue su constante denuncia de la limpieza étnica que Israel lleva a cabo desde hace 66 años con los palestinos lo que le valió el exilio. En la Casa Árabe de Madrid, Números Rojos conversa con el autor de libros como La limpieza étnica de Palestina (Crítica, 2008) o Gaza en crisis (Taurus, 2011), escrito junto a Noam Chomsky.

Han pasado 65 años desde la Nakba, ¿ve alguna solución al problema de los refugiados palestinos?

Creo que la única solución posible consiste en respetar la resolución de las Naciones Unidas, que defiende su derecho a regresar. No creo que esto vaya a ocurrir en breve, ya que el Estado de Israel rechaza esta solución, por lo que creo que la solución solo llegará cuando se hayan resuelto otros asuntos, como por ejemplo: ¿Cuál sería la naturaleza del régimen político de lo que hoy es Israel y Palestina? ¿En qué se basaría la relación entre palestinos e israelíes? Pero en mi opinión, la única solución pasa por preguntarles a los refugiados si quieren regresar o no.

Se habla mucho de la división entre Fatah y Hamás pero, ¿qué hay de la división entre los palestinos que viven en territorios ocupados y los refugiados en el extranjero?

Bueno, yo añadiría a los palestinos que viven en Israel. El problema es que el llamado "Proceso de Paz" ignoró totalmente tanto a los refugiados como a la minoría que vive en Israel. No podrá alcanzarse una paz total y justa mientras no se tenga en cuenta a estos dos grupos. Cualquier intento de resolver el problema teniendo solo en cuenta a Cisjordania y olvidándose de Gaza (evidentemente Hamás no es la solución) será un fracaso.

¿Cómo cree que afectará el reconocimiento de la ONU a los refugiados palestinos?

Bueno, tanto el reconocimiento por parte de la ONU, como de la embajada palestina, no son más que un símbolo. La cuestión es qué entiende la gente por este símbolo: si este símbolo representa no solo a Cisjordania, sino a todos los palestinos, entonces, se trata de un buen símbolo y podremos hacer una evaluación positiva de la resolución. Por el contrario, si este símbolo únicamente representa a una pequeña fracción de los palestinos, entonces creo que las oportunidades de alcanzar la paz serán mínimas.

Por primera vez Beijing se ha ofrecido para organizar un encuentro entre palestinos e israelíes. ¿Cómo valora esta iniciativa?

Desgraciadamente, creo que aunque China y Rusia tienen más probabilidades de desempeñar un papel más positivo que EE. UU. y la UE, no han sido capaces de ofrecer nada mejor. Se están limitando a utilizar las mismas ideas americanas, pensando que si vienen de China tendrán más éxito, lo que es un buen intento, pero de lo que no se dan cuenta es de que el problema no consiste en si la cumbre se celebra en Beijing o Washington, sino en que el Estado y el Gobierno israelíes no desean la paz. Lo que China tiene que decirnos ahora es cómo persuadir a Israel para que cambie de opinión.

¿Estima positivo que China se implique?

Creo que sí, pero también tenemos que ser muy precavidos en Palestina. Nos gustaría que China se involucrase en materia diplomática y política, pero creo que también lo harán en otros asuntos, como cuestiones militares y económicas, temas que siempre juegan más a favor de Israel que de otros países.

La iniciativa china; el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, tratando de revivir el proceso de paz; la iniciativa de paz puesta en marcha por la Liga Árabe... ¿Todavía queda espacio para el proceso de paz?

Creo que no queda ninguna posibilidad de construir la paz basándonos en la idea de los dos Estados, da igual lo que se ofrezca. Lo que tenemos que hacer es pensar en otros términos, pensar en descolonizar Palestina.

¿Qué pasos cree que habría que dar para avanzar en esa dirección?

Lo que tenemos que hacer es analizar a Israel como Estado colonizador y decir que los sionistas han colonizado Palestina. Tal vez la dirección a seguir sea la que se utilizó con el apartheid en Sudáfrica, que consistió en decir: "Tenéis una ideología, una estrategia, una visión, que no aceptamos en el mundo civilizado. Queremos que redefináis la forma en que se manejan las relaciones entre el pueblo nativo y la comunidad colonizadora".

¿Y cuál es para usted la mejor solución?

La única solución: un único Estado democrático. Una persona, una voz. Desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Formo parte del movimiento que está intentando fundar las bases para esta alternativa, con cooperación in situ, tres o cuatro comités para la solución de un Estado único (en Gaza, Haifa, Jaffa, Jerusalén, Ramala) y conferencias por todo el mundo. Creo que algo se está gestando, pero tenemos que entender que va a llevar un tiempo.

Pero esa vía difícilmente será aceptada por EE. UU. y la UE, y menos por los israelíes.

¿Sabes? La mayoría de los blancos de Sudáfrica no quería que se acabara el apartheid, pero se les obligó a hacerlo. Y cuando se terminó con el apartheid, los blancos todavía eran racistas pero si vas hoy en día a Sudáfrica todos los blancos te dicen inmediatamente: "Yo siempre estuve en contra del apartheid". Creo que esto mismo va a suceder en Israel, que los judíos israelíes dirán: "Yo no era sionista". La historia nos muestra que si no le damos alternativa a la gente y le decimos que queremos que sean algo diferente, no todo el mundo, pero sí la mayoría, responderá: "De acuerdo, tendremos que ser otra cosa porque no tenemos alternativa."

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Israel, colonia europea

Desde que el movimiento sionista fuera fundado a finales del siglo XIX por el periodista austrohúngaro Theodor Herzl, su objetivo no fue otro que crear un Estado judío en la tierra de Palestina, que entonces solo contaba con una población judía del 4%.

En las sucesivas décadas los líderes sionistas compraron terrenos, fomentaron la inmigración judía, crearon grupos paramilitares y lobbies pro sionistas, todo para conseguir colonizar Palestina. Sin embargo, las metas sionistas no hubieran podido llevarse a cabo de no haber sino por el mandato británico en Palestina (1917-1947). Durante este mandato, los británicos permitieron la inmigración en masa de judíos a Palestina, propiciando el aumento de la población que pasó del 10% en 1917 al 33% en 1948.

En 1947 la comunidad internacional tuvo que tomar una decisión sobre Palestina cuando Gran Bretaña, exhausta tras la Segunda Guerra Mundial, pasó la cuestión a Naciones Unidas. En 1947 los palestinos representaban dos tercios de la población y poseían más del 90% de las tierras. Pero, en lugar de conceder la independencia al pueblo palestino, la ONU propuso la creación de dos Estados: uno judío, con el 55% del territorio, y otro árabe en el 45% restante. Occidente secundó la propuesta por el sentimiento de culpa después del Holocausto.

En menos de un año (febrero 1947- octubre 1948) las fuerzas sionistas echaron a unos 700.000 palestinos y destruyeron más de 500 pueblos árabes, ante la mirada pasiva de las fuerzas británicas, que acabarían por abandonar Palestina el 14 de mayo de 1948.

*Edén Sánchez Gil: analista político especializado en Oriente Medio.

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