Revista Números Rojos

Superhéroes de barrio

Son personas normales, con su familia y amistades, su trabajo -cuando lo hay- y sus inquietudes. Son como tú, como quien tienes al lado, y son personas que en su tiempo libre se comprometen con la realidad que las rodea. Desde el derecho a la vivienda a la defensa de la sanidad, peleando, como muchas otras, ante las injusticias sociales. Aquí son pequeños espejos en los que cualquiera puede ver su reflejo, son gotas en el mar de gente que lucha por transformar el mundo, cada cual a su manera. Ocho de estos superhéroes y superheroínas nos cuentan su historia personal.

Texto: María Rodríguez Bajo

FRANCESACATHY BOIRAC

La valentía de no mirar para otro lado

Puede que España no fuera el mejor destino para un viaje en el año 1971, pero el precio del billete del Expreso Puerta del Sol era mucho más asequible que un vuelo rumbo a Argentina, así que Cathy Boirac (París, 1949), que ya había vivido en Estados Unidos, veraneado en Inglaterra y estudiado en Alemania, tomó el tren a la capital del país vecino para terminar de perfeccionar su español. Y se quedó.

Con los primeros años de la Transición la joven se asentó en Majadahonda, en aquel momento un pueblo sin alumbrado y habitado en su mayoría por pastores, con cuya asociación vecinal Cathy empezó a vincularse, un sueño que duró poco. "Los movimientos asociativos caímos en la trampa de pensar que podíamos elegir a nuestros representantes y que con eso era suficiente. La mayoría de las asociaciones nos disolvimos. Fue un grave error", reflexiona Cathy, actual jefa de departamento del portal de gastronomía del ICEX, a unos meses de su jubilación.

Pasados unos años, el nacimiento en 2009 de una plataforma en defensa por la sanidad pública la invitó a contagiarse de lleno en el compromiso por lo común. Cathy seguía la situación en prensa como una ciudadana interesada, hasta que asistió a una reunión para la formación de dicha plataforma. El momento definitivo llegó cuando alguien preguntó quién quería participar. "Todos miraban hacia otro lado y yo me dije: "Si has venido a esta reunión tienes que levantar la mano. Si no, ¿para qué?". Tres semanas más tarde repartía información en la Gran Vía de Majadahonda a unos viandantes que quedaban estupefactos cuando les mencionaban que la sanidad se estaba privatizando.

Aquella experiencia fue todo un aprendizaje para Cathy, quien admite: "Para mí lo más difícil de aceptar son los diferentes niveles de compromiso entre las personas". Y, sin embargo, aprecia la importancia de tomarse un respiro: "He tardado en hacer esta reflexión pero, por salud mental, hay que desconectar".

boyanoDANIEL BOYANO

La recuperación de lo rural

Estado y mercado se han revelado incapaces de administrar adecuadamente los recursos naturales pero estas dos no son, ni han sido, las únicas formas de regirse. Así empieza a hablar Daniel Boyano (Madrid, 1984) de los concejos abiertos, una forma de organización rural que se mantuvo hasta la década de los 90 y que ahora diferentes colectivos, entre ellos El Huerto del Pozo -en Sanabria- del que forma parte Daniel, quieren recuperar. Los concejos lo formaban los vecinos y vecinas del pueblo, "había muchos espacios en común, la propiedad privada casi no existía y la toma de decisiones era directa", va introduciendo Daniel.

Desde hace unos años, un grupo de unas 15 personas apuesta por recuperar este sistema de vida comunitaria en Sanabria. "Lo más importante son las relaciones personales y aprender a convivir, es lo que hace que los proyectos rurales fracasen o triunfen", relata Daniel. Dentro de las dificultades y alegrías con que se van topando por el camino, en El Huerto del Pozo se han encontrado que, quienes han fallado en intentos similares, no cuentan por qué. Por eso en su colectivo han decidido abrir una suerte de cuaderno de bitácora con sus aciertos y errores, "por si le puede servir al resto".

En un proyecto tan ambicioso como este -que comparte mucho con los movimientos indigenista y ecologista, que Daniel conoció en sus viajes por América Latina-, la permeabilidad a las y los demás es esencial. Pero "alejarse en determinados momentos del grupo no es malo. Cuando vuelvas a estar bien podrás dar tu parte positiva", desarrolla Daniel, quien alterna colaboraciones con universidades con la permacultura o la bioconstrucción, tratando de vincular trabajo con implicación social.

¿Salirse del proyecto? Es una duda que no se le plantea, "en todo caso dudo sobre cómo encaminarme mejor hacia el objetivo inicial", apuntala Daniel.

VIVIENDAANTONIO TALLADA

Construyendo 
tejido social

En la Barcelona de 2002 era una odisea encontrar un piso de alquiler. Antonio Tallada (Barcelona, 1964) se acababa de separar y solo pudo encontrar un apartamento de precio astronómico. Con sus ingresos de una empresa de pladur entonces se lo pudo permitir pero unos años después la crisis estalló y arrasó con toda la construcción. Con la empresa a pique y sin ingresos, Toni fue desalojado.

Entonces no tenía ni idea de cómo funcionaba eso de los desalojos ni tampoco existían todos los referentes y redes de apoyo desplegadas hoy en día. Así que Toni atravesó esta "traumática" experiencia, como él la recuerda, con una maleta donde trasportó todo lo que pudo salvar de su casa, iniciando así su periplo por habitaciones en pisos compartidos.

"Entonces vi una reunión sobre vivienda de la asociación 500x20 y empecé a meterme en el tema", explica Toni a Números Rojos. Ahora está en paro y le dedica casi tanto tiempo como a un trabajo a jornada completa -aunque sin sueldo- pero durante un tiempo compatibilizó su anterior trabajo como taxista con el activismo: "Era un poco estresante, sobre todo cuando había reuniones o problemas imprevistos. Más de una vez he aparcado el taxi, asistido a una reunión y vuelto a trabajar", reconoce.

Desde hace años varias asociaciones comenzaron a dar uso a los pisos vacios propiedad de bancos. El propio Toni ocupa uno desde hace año y medio en Nou Barris. ¿No han tenido problemas?, le preguntamos a este hombre que se desmarca del imaginario común del okupa: "A los bancos estos pisos no les interesan, no tienen salida comercial. Aquí la ocupación la llevan a cabo familias y gente joven", nos cuenta.

Este hombre, que ha hecho del activismo su vida, reconoce que estar así implicado puede llegar a ser agotador, pero su participación social le ayuda: "Me siento respaldado. No todo es trabajar y ver fútbol. Aquí estás construyendo tejido social".

VALENCIAHÉCTOR RODRÍGUEZ

Nada se mueve si tú no lo empujas

"Estoy metido en todo pero en nada en profundidad", se sincera Héctor Rodríguez (Valencia, 1978) al iniciar la conversación. Algo bastante común entre muchas de las personas que participan en movimientos sociales. Héctor comienza contándonos cómo comenzó a ‘contaminarse’ de la participación social: "Yo intentaba ser coherente con mi entorno pero nunca había estado en nada colectivo, no creía en la sociedad. Pero con el 15M me coloqué mucho y empecé a repensarlo todo", arguye Héctor.

Casi como si hubiera ocurrido por descuido, este chico llegó en ese revolucionario mayo de 2011 a la plaza del Ayuntamiento de Valencia (rebautizada como del 15M) y preguntó en el primer puesto que encontró si podía ayudar en algo. La gente que allí encontró, abierta, ilusionada, le enganchó. "No hice nada, me quedé en el puesto de logística e iba a escuchar a las asambleas", repasa con Números Rojos. El siguiente paso en su biografía de lucha fueron la marcha a Madrid celebrada ese mismo verano y, finalmente, la organización de la asamblea popular en Benetússer, el municipio donde vive.

Ahora el pueblo tiene en marcha una plataforma del Yo Sí Sanidad, una sede de la PAH y están empezando a organizar la recuperación de una residencia de la tercera edad que la Generalitat vació para su rehabilitación y lleva cerrada desde entonces. "Me doy cuenta de que cuando arranca algo son cuatro los que dan los primeros pasos y luego se va sumando más gente. Lo que me gusta es arrancar", reflexiona el educador infantil.

Metido en tantas cosas -"llevo unos años en que pienso más en la lucha que en mi vida personal", admite-, nos interesamos por su forma de desconectar, a lo que nos cuenta: "Todos los martes juego al fútbol. Son como mis vacaciones", y rescata para Números Rojos la frase de una compañera que cree necesaria para la buena salud de los grupos: "A la asamblea hay que venir llorados de casa".

EIZELELÍSABETH RUIZ

"Lo último que se pierde es la vivienda"

Badía es un municipio barcelonés cuya historia se inicia en los años 60 con un grupo de viviendas de protección oficial especial. Sin embargo, había quien acumulaba varias propiedades y a mediados de los 70 familias sin recursos comenzaron a ocupar los pisos vacíos. Pepi, la madre de Elísabeth Ruiz (Jerez de la Frontera, 1979), entró en una de aquellas casas con un bebé de dos meses bajo el brazo.

Entonces ya empezó la lucha de las primeras asociaciones vecinales de Badía por construir las primeras guarderías, ambulatorios, organizar los servicios de limpieza y basuras, etc., porque no había de nada. "Así fui creciendo, concienciada y viendo la lucha en Badía", explica Eli, que aún reside en el mismo municipio.

"Hubo un momento en que parecía que todo se había conseguido -recuerda la joven, madre ahora de un niño de 7 años-, pero yo seguía luchando y me sentía muy sola". Su gran crisis personal llegó al quedarse embarazada, motivo por el cual perdió el empleo, lo que despertó en ella un profundo sentimiento de desigualdad social, "de no ser nadie", nos cuenta. Poco después, estalló el 15M.

"Lo viví con el niño en brazos, ¡necesitaba estar allí!", explica. "Desde que empezó el 15M ya no hay soledad. Ya no eres uno, todos somos uno". A partir de ahí se inició su activismo más serio, comprometido con varios campos: vivienda, sanidad, educación. "Es como una droga, no puedes parar. Me digo que estoy cansada y a la tarde estoy en una reunión", explica. Su hijo, "criado en comunidad", pregunta sobre lo que le rodea y asiste a muchos de los encuentros organizados con Eli quien reconoce que sin el apoyo de su pareja esta realidad suya no sería posible.

Finalmente le preguntamos por qué se ‘complica’ la vida, a lo que Eli responde: "Porque cuando la justicia no está para la gente, hay que desobedecer". Tras unos segundos, añade: "Por humanidad. Por amor a una persona que ni siquiera conoces".

CASTROENRIQUE DE CASTRO

La revolución permanente

Son las 14:30 en esta casa en el Pozo de Vallecas (Madrid). Hay pocas reglas en esta vivienda donde residen Enrique de Castro (Madrid, 1943) y los chavales que llegan allí "en busca de solución para sus problemas", comenta el conocido como ‘el cura rojo’. Solo hay una norma que respetar: el enemigo no entra en casa. Así que pasamos al interior del piso: policía, drogas, objetos robados y, tras unos años de conflicto, también los trabajadores sociales, se quedan fuera. "Mi casa no es un apéndice de la cárcel", puntualiza De Castro.

Enrique ha preparado una fideuá original de Tarragona. No es casual, las pocas veces que se toma un respiro se refugia allí, pero siempre vuelve pronto: "La revolución no tiene ratos libres, es permanente", explica con una sonrisa.

Este hombre, a quien le basta mirar a una persona a los ojos para comprometerse con ella, llegó a Vallecas en el 72 como cura novato y el ‘seminario de la calle’ hizo de él la persona que es. Se ha manifestado, le han arrestado, ha luchado codo con codo con la gente del barrio. Ahora, aunque más retirado de la actividad del centro de San Carlos Borromeo, sigue conviviendo con jóvenes con problemas, estigmatizados socialmente y rechazados por sus familias. "Vienes pensando que vas a hacer algo por los demás y en realidad son ellos los que me dan la vida a mí", afirma.

Pero, ¿ha vivido este hombre el temor de pagar las consecuencias por lo que estaba haciendo? Por supuesto. "Me daba mucho vértigo quedarme al margen. Dejar la anterior parroquia es una decisión que marcó mi vida. Si yo tenía una carrera eclesiástica (entonces era párroco, arcipreste, etc.) se acabó en ese momento. Dimití porque no aceptaban a mis chavales en la parroquia y me pregunté, ¿qué hago ahora con mi vida?". Pero remata con una certeza: "Hay que superar el miedo al poder, a que te echen, son gestos liberadores. Siempre hay una acción ilegal contra la ley para poder liberarte".

MARCIALMARCIAL BARRAL

Dar forma a la utopía

Ser coherente con su filosofía de vida y crear alternativas reales son dos ideas que han significado mucho en la biografía de Marcial Barral (Palas de Rei -Lugo-, 1954). Siempre en contacto con diferentes programas sociales -trabaja en colegios con chavales con discapacidad- y en contacto con la naturaleza, Marcial apunta 1999 como la fecha en que inició su verdadera militancia: "El despertar de mi conciencia ecologista se dio cuando tuvimos un problema con los embalses del plan de Fraga Iribarne", evoca Marcial.

Por aquellos entonces la Xunta, de la mano con Fenosa, quería construir 13 embalses en el río Ulla, el segundo en importancia en Galicia, lo que hubiera supuesto un grave impacto en el entorno natural. El peligro que corría la zona en que vivía le animó a dar el paso hacia la militancia y afiliarse a ADEGA, (Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza), aclara Marcial para Números Rojos.

A partir de ahí comenzó a involucrarse en diversos planes, tales como el Proxecto Ríos, dedicado a la vigilancia y el cuidado de los ríos, o Eira da Xoana, "una iniciativa real de custodia del territorio", explica Marcial. Un proyecto muy ambicioso en el que colaboran otras cinco personas y que incluye iniciativas como la conservación de una especie de burro autóctona, el cuidado e instalación de colmenas o la compra colectiva de tierras, con el fin de mantener los ecosistemas propios de la zona. Y que toda la gente se pueda acercar a todo ello, claro.

"Eira da Xoana es voluntario, no nos da nada económicamente, pero sí aporta satisfacciones", ratifica Marcial. "Tengo la necesidad vital de hacer cosas positivas", nos cuenta. "Para mí no es complicarme la vida, es buscarle un sentido. La gente que se jubila a veces no sabe qué hacer, para mí esto es como un plan de jubilación y la forma de dejar un trabajo coherente, práctico y palpable".

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