Revista Números Rojos

Juntos son mayoría (Parte I)

IU, Podemos y Equo sumaron en las pasadas elecciones europeas más de tres millones de votos en lo que fue entendido como el alumbramiento de una nueva izquierda con capacidad, por fin, para dar la vuelta al sistema. A su lado, un PSOE en descomposición, castigado con su peor resultado, inició un proceso de renovación que le puede alejar de las posiciones más conservadoras. Juntos son mayoría pero ¿sabrán gestionar esta nueva situación? Para eso, para dar respuesta a este interrogante, Números Rojos ha reunido a cuatro de sus dirigentes en un debate necesario que reproduciremos en dos partes.

Texto: Juan Luis Gallego.
Fotos: Javier de Riaño Echánove.

grupoLa conversación transcurre el día de la proclamación de Felipe VI, en la cafetería del Teatro del Barrio, en Madrid -aunque cinco meses después, este encuentro conserva toda su vigencia-. Reúne a Beatriz Talegón, militante del PSOE, sumamente crítica con la dirección saliente y afín al ala izquierda del partido; Tania Sánchez Melero, diputada de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid; Teresa Rodríguez, eurodiputada, elegida como número 2 en las listas de Podemos, y Juantxo López de Uralde, dirigente y portavoz de Equo.

No están aquí para hablar de la crisis, para criticar la gestión del PP o defender sus propias recetas. Números Rojos ha querido reunirlos como representantes de los partidos en los que, el pasado 25 de mayo, tras las elecciones europeas, se posaron muchas miradas esperanzadas, pero interrogantes: ‘¿Ahora, qué? Sumáis casi siete millones de votos. Unidos, quizás podáis cambiar las cosas. ¿Lo haréis?’

Esas son las preguntas que vertebran este debate, por su propia naturaleza abstracto, a veces desordenado, pero que deja muchas pistas sobre el futuro de la izquierda en este país. Porque ellos y ellas, con edades entre los 30 y los 50 años, están llamados a ser los protagonistas.

Pregunta obligada en un día como hoy. Si todos los que estáis aquí sois partidarios de un referéndum Monarquía-República, ¿por qué ha sido imposible hasta ahora? Beatriz, tu partido se declara de "tradición republicana", pero apoya la Monarquía.
Beatriz Talegón. Es la apuesta del bipartidismo. PP y PSOE,  hace 30 años, se encargaron de dejar todo atado y bien atado y tienen especial interés en mantener las cosas como están. Por eso, en las filas en las que milito se utilizan esas fórmulas extrañas de ‘tradición republicana’, ‘accidentalismo’… Ellos han bloqueado la cuestión y se han puesto de acuerdo para no abrir el debate a la ciudadanía. Y esto se podía acabar con una modificación de la Ley Electoral.

¿Pero crees que el PSOE va a entrar en ese debate?
BT. La actual dirección del PSOE -el debate se produce en pleno proceso para elegir al secretario general- no. Hay líneas en el PSOE, en las que yo me encuentro, que no solo lo queremos, sino que lo promovemos.

Tania Sánchez. Es absurdo este debate sobre si es constitucional o no consultar a la ciudadanía. No se ha consultado porque no ha habido voluntad política. Punto. Y cuidado con la reforma de la Ley Electoral, porque creo que puede formar parte del paquete de ‘medidas amenaza’ de un bipartidismo que quiere volver a reformar todo el conjunto del sistema por arriba, con un pacto otra vez entre dos.

Juantxo López de Uralde. La Monarquía, como el resto de las instituciones del Estado, está atravesando una crisis grave y el poder no se ha atrevido a plantear un referéndum porque no está seguro del resultado. Han hecho una sucesión exprés, rápida y aparentemente indolora, pero de espaldas al pueblo. Yo sí creo que es necesario un cambio en la Ley Electoral, el más importante eliminar las barreras electorales, lo del 3% y el 5% -mínimos para optar a representación, respectivamente, en las elecciones generales y municipales-, que impide que las minorías puedan acceder a los parlamentos. Eso no requeriría grandes cambios y permitiría una mayor diversidad en los parlamentos, que representaría la diversidad ciudadana.

Teresa Rodríguez. Desde el 15M hay una crisis de legitimidad de los consensos del 78, que tiene que ver con muchas cosas: los derechos sociales, que en su momento la ciudadanía encontraba reflejados en el proceso de transición, en la Constitución, hoy son papel mojado; con los corsés democráticos sobre el modelo de Estado; con la reforma del artículo 135…  Y responden blindando el régimen antes de que no tengan mayoría suficiente en el Congreso como para aprobar una ley de sucesión.

Si los que estáis aquí fuerais a unas elecciones con el compromiso de convertir el modelo de Estado en una prioridad, sería un paso concreto para cambiarlo.
TS. Conviene que las fuerzas que aspiramos a un cambio profundo afinemos bien cómo se desarrollan los procesos para garantizar que ese cambio no se frena, porque hay un poder instituido que va a querer que no se produzca. Cuando, en 2012, IU define que nuestro objetivo estratégico es la acumulación de fuerzas sociales y políticas para la consecución de un proceso constituyente entonces suena a marcianada. Y, sin embargo, ahora plantear que la Constitución no puede ser reformada otra vez por arriba en despachos cerrados, sino que tiene que ser por mecanismos participados políticamente, lo es un poco menos.

Por supuesto, llegará el día en que haya una propuesta electoral en términos de ir a Cortes Constituyentes, pero la clave es estar capacitado para movilizar socialmente un voto mayoritario para hacerlo realidad, para que no se quede por el camino y que la respuesta del poder sea mucho más dura y se pierda una ilusión a la que han contribuido no solo los resultados electorales, también éxitos sociales como el ERE de Coca-Cola, los barrenderos de Madrid o Gamonal…

¿Pero no creéis que esa ilusión ya está ahí para que vosotros intentéis el siguiente paso, quizás en forma de frente común?
TR. Venimos de un proceso largo, que también tiene que ver con cómo se construyó el régimen democrático en este país, en el que se han destruido las identidades colectivas, de comunidad, de clase, de pueblo… Tiene que ver con un periodo que hemos vivido, del ‘ladrillazo’, siendo partícipes de un modelo individualista y un supuesto capitalismo popular que ahora se cae. Además, venimos también de un proceso de derrota por parte de quienes defendieron los derechos sociales que hoy se pierden.

Recuperarse de eso es un proceso largo. Pero es necesario generar identidad colectiva, partiendo de historias concretas, conseguir victorias en el campo social que hagan que la gente se convenza de que luchando se consiguen cosas, de que es posible organizar la vida de otra manera para garantizar la felicidad de las personas… Generar optimismo para asumir que es necesario dar la batalla en lo social y, al mismo tiempo, proceder a un contraataque en lo político para convertir una mayoría social de ruptura en una mayoría política.

JLU. Yo pienso que hay un consenso social bastante grande para sacar al PP del Gobierno. Las políticas que ha hecho han sido tan dañinas para grandes sectores de la población que han dejado mucho dolor y muchas ganas de sacarlo. Y eso es en este momento posible y factible. Respecto a ese proceso constituyente que planteamos, no está tan definido qué pasa después. Pero eso no debe ser un obstáculo, al contrario, debe ser lo que nos motive a lanzar ese proceso constituyente. Los que estamos aquí tenemos una idea de hacia dónde se puede ir, saliendo del actual régimen, y podemos y debemos liderar ese proceso. Estamos en un momento clave y dependerá mucho de qué pase en este año.

BT. Hacen falta mecanismos de control para un efectivo cumplimiento de los programas electorales. No sirve de nada que se ponga cualquier cosa en un programa si no se cumple y no hay ningún tipo de sanción. La posibilidad de que hubiera, por ejemplo, un proceso revocatorio dentro de una legislatura habría sido ahora muy útil para no tener que esperar cuatro años a ver cómo se destroza el Estado de bienestar. También podríamos abrir el debate de quién establece las líneas directrices dentro de los partidos, porque muchas veces no vienen a través de procesos democráticos internos; en el que que yo milito, pero también en otros. Pero, sobre todo, que un programa no sea una carta a los Reyes Magos, sino que establezca las herramientas y los pasos a dar para conseguir objetivos.

Porque para que un partido pueda comprometerse con otro se tiene que tener muy claro que eso no es un brindis al sol, sino que hay un respaldo estructural en esas organizaciones que permiten, bien desde la propia masa social que mueven, bien desde las instituciones a las que llegan, bien desde toda la red que se genera, poder promover eso. Si no, ¿qué va a pasar?: otro movimiento de indignados. Se están generando muchas expectativas con unas promesas maravillosas que realmente carecen de una línea programática y de una realidad contrastable. Y como no haya una unión de las fuerzas más allá de las siglas, de personas coherentes y sensatas que cambien el paradigma de la competencia absurda en la izquierda por la cooperación... La gente ahora mismo ha encendido la última bengala de la esperanza.

TS. Es verdad que todos hemos sido parte de estructuras en las que el partido tenía un papel predominante sobre el pueblo. Pero no todos tenemos ahora los mismos problemas.Nuestra apuesta por la apertura de un proceso constituyente es resultado de un debate de abajo a arriba, que culmina en un congreso de IU donde la dirección asume lo que hay.

JLU. Desde el momento en que los dos grandes partidos no se plantean la reforma de la Ley Electoral, la deslegitimación del Parlamento es total. No vale hacer trampas al solitario para luego decir "no, es que las decisiones las tomamos aquí, que se elige democráticamente". Eso, sin tener en cuenta otras consideraciones, como que no solo hemos estado en inferioridad de condiciones porque el sistema te obliga a ello si quieres jugar, sino que además el partido del Gobierno, tenemos más que indicios, ha contado con una contabilidad extra… ¿Qué va a pasar? Creo que no es descartable que si emerge, como parece, un movimiento que trate de cambiar esto, la respuesta sea un pacto PSOE-PP para gobernar manteniendo el mismo modelo. Y la proclamación de Felipe VI va en esa línea.

TR. Estamos hablando de partidos e instituciones, pero no de cuáles son los problemas a los que se enfrenta la gente, que no es la Ley Electoral, sino comer, tener una casa, tener un trabajo, ir al colegio e ir al médico. Y creo que parte del desafecto, del enorme desprecio que tiene la gente por las instituciones tiene que ver con que no hay una respuesta a sus problemas concretos y cotidianos. A mí, Beatriz, no me molestaría que surgieran más movimientos de indignación, incluso si Podemos no respondiera a las expectativas.

Porque hay un problema de soberanía en la decisión sobre lo que nos afecta cotidianamente. No es ningún secreto que quienes gobiernan no son quienes están en las instituciones, sino los poderes económicos y financieros, incluso a pesar de los propios dirigentes de los partidos. ¿Qué necesitamos ahora? Gobiernos valientes que sean capaces de desobedecer a Merkel y a los poderes económicos y financieros, que respondan a los intereses de la mayoría, pero con un pueblo detrás, organizado, consciente y vigilante.

TS. Hay una clave fundamental, que pasa por asumir que no basta con la modificación de determinadas instituciones o una regulación normativa diferente. Si diagnosticamos que ese problema de soberanía se produce en tanto en cuanto la mayoría social se inhibe de la política, porque hay una apuesta de las instituciones para que eso suceda y para que la democracia se entienda como la mera elección de los mejores para dirigir los intereses del pueblo sin que haya intermediación entre una elección y la siguiente, a lo que nos enfrentamos como reto, por encima y sin despreciar un cambio institucional y electoral que tiene que darse, es a la transformación de la vida cotidiana de la ciudadanía.

Si a alguien en su vida cotidiana le parece normal el pillaje, no proteger el centro de salud o el desahucio de un vecino, podemos poner los controles de programa que queramos, los sistemas revocatorios, pero… Y ya hay cosas, como la Plataforma de los Afectados por la Hipoteca. Pero si a ese cambio no lo damos continuidad, con una práctica política de recuperación de la ciudadanía responsable, con esa idea de ciudadanía republicana, que se implica en lo común, dará igual que las izquierdas se pongan de acuerdo... Si no hay esa victoria, 
nos arrollarán.

BT. Teresa, decías que aquí no se habla de los problemas importantes. La abdicación del rey quizás no vaya a determinar si la gente llega a fin de mes, pero mantener un sistema a espaldas de la democracia sí deja ver claramente que con la ciudadanía no se cuenta, ni para tomar esa decisión, ni para restablecer un sistema público de sanidad, de educación, de participación colectiva… Todo eso está entrelazado. ¿Cómo vas a conseguir que los chavales de una escuela entiendan lo del pillaje, lo de la corrupción, lo de la responsabilidad cívica, si hay un sistema educativo que está enfocado a la productividad, a la competitividad? Tú objetivo final y el nuestro es mejorar la vida de la gente, pero cuando se entra en los cauces de los sistemas democráticos hay que tener en cuenta un montón de baremos.

No se montan las revoluciones porque salgan cien personas a gritar a la calle; se montan garantizando que todo el mundo va a tener acceso a la educación, a la sanidad, a gas, a luz, a agua. Esa es la verdadera revolución y eso, desgraciadamente para algunos, afortunadamente para otros, se consigue a través de las instituciones que nos hemos dado todos y que hay que mejorar, pero no haciendo ruido en la calle. Yo no tengo nada en contra de que haya movimientos de indignados, pero refleja que hay una enfermedad; si la gente tiene que salir a gritar desesperada a la calle es porque todo lo demás no está funcionando.

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Tania Sánchez Melero. Nacida en Madrid en 1979, formada en la política municipal en Rivas Vaciamadrid, es actualmente diputada de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid. Diplomada en Educación Social, estudia también Antropología Social y Cultural.

 

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Juantxo López de Uralde. Una de las caras visibles del ecologismo en nuestro país, nació en San Sebastián, en 1963. Tras 10 años como director de Greenpeace-España, fue uno de los fundadores, en 2010, del proyecto de ecología política Equo, del que es  coportavoz y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal.

 

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Beatriz Talegón. Revolucionó las filas socialistas cuando, en febrero de 2013, abroncó a los dirigentes de la Internacional Socialista por debatir rodeados de lujo y despreciar a los jóvenes sin asumir su responsabilidad. Actualmente, es militante del PSOE y presidenta de la organización Foro Ético. Nació en Madrid en 1983.

 

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Teresa Rodríguez. Nacida en Rota (Cádiz) en 1981, lleva desde los 15 años en el activismo político y sindical. Profesora de Secundaria, el pasado 25 de mayo fue elegida eurodiputada como número 2 en las listas de Podemos, puesto para el que fue designada a través de un proceso abierto de primarias.

 

Continúa leyendo esta entrevista en el blog de Números Rojos. Próxima entrega el miércoles 3 de diciembre de 2014.

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