Opinion · Extraños Delincuentes

Droga y poder… a 6.300 kilómetros de distancia

Entre la prisión de Soto del Real, a las afueras de Madrid, y Kabul, la castigada capital de Afganistán, hay cerca de 6.300 kilómetros de distancia. Sin embargo, entre estos dos alejadísimos puntos del planeta parece haber más conexiones de las que muchos pueden llegar a pensar. En concreto, las que presuntamente unen a un importante narcotraficante inglés, Robert Dawes, extraditado recientemente a nuestro país para que responda ante la Justicia por un alijo de 200 kilos de cocaína incautado en 2007, con personas del entorno del mismísimo presidente del país asiático, Hamid Karzai.

Así lo ha denunciado el diario británico The Sunday Times, quien en su edición del pasado 27 de abril apuntaba en concreto que tres sobrinos del máximo mandatario con altas responsabilidades en el ejecutivo de Kabul estaban supuestamente relacionados con esta trama de droga, blanqueo de dinero y poder que se ha estado jugando en un terreno de juego tan amplio que va del Reino Unido a España y, de allí, a Dubai y Afganistán.

Esta rocambolesca historia, que ha pasado totalmente inadvertida para los medios españoles porque la Guardia Civil informó discretamente el pasado miércoles de la reciente extradición del narco británico, se inicia a comienzos del presente siglo en Gran Bretaña. Entonces, el Serious Organised Crime Agency (SOCA), algo así como el FBI pero con bombín y paraguas, centró su atención en Robert Dawes, un presunto mafioso de 40 años con más aspecto de hooligan que de don Vito Corleone, y al que le relacionaba con varios alijos de droga detectados en aquel país, una red de blanqueo de dinero y un crimen cometido en octubre de 2002. Hasta ocho investigaciones distintas abrió contra él, al que llegó a calificar en documentos internos como “un destacado criminal internacional”.

Ante el acoso policial (su padre y su hermano estaban ya entonces encarcelados por narcotráfico), Dawes abandonó su país y se asentó en España donde, según los informes policiales británicos, se dedicó presuntamente a seguir introduciendo todo tipo de drogas en Inglaterra y otros países der la UE utilizando la península como ‘zona de paso’ de los cargamentos. Uno de los ingeniosos sistemas que utilizaban era ocultar la droga en el interior de los extintores de incendios que llevan las cabinas de los camiones. O en el interior de la madera de los pales de carga. O en cajas perfectamente aisladas para evitar que los perros policiales detectasen el estupefaciente.

Alertados en 2006  los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil de su presencia en España, este grupo de élite español comenzó a seguir sus pasos por nuestro país, algo nada fácil dada las medidas de seguridad que adoptaba. Un ejemplo: cuando quería contactar con algún compinche, llamaba a una ‘central de comunicación’ que había montado en un piso de Inglaterra, y al frente de la cual estaban varios familiares, y decía simplemente un número del 1 al 30. Entonces, éstos cogían el teléfono móvil que tenía asignado dicho número y llamaban a la única persona con la que se ponían en contacto con ese aparato para decirle escuetamente que Robert quería hablar con él.

Pese a sus numerosas medidas de seguridad, la UCO consiguió destapar poco a poco gran parte de la estructura criminal que Dawes había montado presuntamente en España, hasta que finalmente la ‘Operación Halbert’ le permitió detener a cuatro de sus compinches (condenados hace pocas semanas a penas de entre 9 y 8 años de prisión por la Justicia madrileña) e incautarse de 210 kilos de cocaína. Sin embargo, el éxito no fue completo. Este don Vito con aspecto de hooligan había ya puesto pies en polvorosa y se había refugiado en Dubai (Emiratos Árabes), país al que viajaba habitualmente desde Madrid y donde supuestamente se dedicaba al también rentable negocio del blanqueo de dinero.

Hasta allí le siguió la Guardia Civil que, tras muchos esfuerzos, consiguió que las autoridades de aquel país lo detuvieran en junio de 2008 por primera. Sin embargo, tras cumplir condena en el país árabe por un delito de blanqueo de dinero, fue puesto en libertad y la justicia española tuvo que activar una nueva orden internacional para que volviera a ser arrestado y, finalmente, extraditado a finales del pasado mes de abril a España. Desde entonces, Dawes ocupa una celda en la prisión de Soto del Real, en los alrededores de Madrid, a la espera de ser juzgado por el alijo de cocaína de 2007.

Todo apunta a que no será la última vez que se siente en el banquillo de los acusados. Reino Unido espera poder juzgarle por un alijo de 100 kilos de heroína y otros delitos. Bélgica, por un cargamento de hachís. Y Holanda, por el crimen de un profesor cometido en noviembre de 2002 en la ciudad de Groningen. Todo un variado catálogo de delitos que parecen augurarle un largo periodo entre rejas si la coordinación entre las justicias de todos estos países no falla.

¿Y qué pinta en todo este trama los sobrinos de Karzai? The Sunday Times aseguraba haber detectado y comprobado cómo el supuesto lugarteniente de Dawes en Dubai mantenía fluidos contactos con los familiares del presidente afgano a través de una empresa constructora supuestamente utilizada para blanquear dinero. De hecho, las Policías de numerosos países europeos consideran que el pequeño emirato árabe es uno de los lugares preferidos por las mafias de Kabul para ‘lavar’ los enormes beneficios que obtienen del tráfico de heroína. En su investigación, los periodistas británicos consiguieron que uno de los familiares del presidente reconociese sus contactos con Robert. Al parecer, el SOCA británico va también detrás de esa pista que, gracias a la Guardia Civil, ahora pasa por Soto de Real, nada menos que a 6.300 kilómetros de Kabul. Cuando se relacionan droga y poder la distancia es lo de menos.