Extraños Delincuentes

La mafia del 'bonopolvo'

La crisis económica también afecta a los delincuentes. De hecho, algunos se ingenían llamativos métodos para compensar la pérdida de ingresos en sus actividades delictivas. Es el caso del grupo de proxenetas que ha desmantelado recientemente la Policía en Barcelona en el trascurso de la 'Operación Muralla'. Para atraer nuevos clientes y conservar a los que ya acudían a sus cinco pisos burdeles de la capital catalana, los doce detenidos habían ideado una novedosa tarjeta "VIP" de fidelización, algo así como un 'bonopolvo'. En éste se podía leer textualmente: "Con esta tarjeta le ofrecemos 30 minutos de servicios gratuitos" para aclarar inmeditamente, y entre paréntesis, las condiciones: "cuando llega 10 veces, la décima vez 30 min. gratis", se lee en un mal castellano.

Es la primera vez que se consigue incautar una de estas tarjetas, aunque los agentes que se dedican a combatir la trata de seres humanos con fines de explotación sexual me reconocen que a raíz de la crisis habían empezado a oír que existían. En concreto, las incautadas en esta operación (cuya imagen reproduzco al comienzo de estas líneas) son una simple tarjeta de cartón con la sugerente foto de una muchacha de origen asiático, dos direcciones de la capital catalana y sendos teléfonos móviles bajo las referencias "piso 1" y "piso 2". Bajo el mensaje de la oferta, aparecen diez casillas, la última con la leyenda "+30 min. gratis". Debajo del todo, en caracteres más grandes, el reclamo "guapas orietales (sic), te esperan!!!". Las 'mamis' debían imprimir con un sello un caracter chino para certificar la visita. El 'propietario' de la encontrada por la Policía, por ejemplo, ya había rellenado la primera casilla.

En realidad, la tarjeta es la anécdota de esta nueva operación de la Unidad Contra las Redes de Inmigración y Falsificación (UCRIF) de la Policía. Lo verdaderamente relevante es que se ha desmantelado una mafia que explotaba a 24 jóvenes chinas. Chicas procedentes de las pobres provincias de Lianing y Fujian que pagaban con cuatro años de escalvitud sexual el precio de ese billete hasta Eldorado que suponen que es España. Estas mujeres se habían comprometido a pagar a las mafias que las introdujeron en Europa hasta 35.000 euros por término medio y, a buen seguro, que los proxenetas los cobraban de largo.

Un detalle lo explica: vivían, comían y dormíanen los mismos pisos donde se prostituían. Hacinadas en habitaciones con literas. Sólo las dejaban salir una hora a la calle al día para pasear y, siempre, bajo vigilancia. El resto del día tenían que estar disponibles. Las 24 horas. Los 40 euros que cobraban por cada servicio de media hora era administrados por las 'mamis', con lo que iban saldando la abultado deuda y los 'gastos' que les cobraban por alojamiento y manutención. Ellas no veían ni un euro. Para evitar que huyesen, los proxenetas tomaban la precaución de retenerles la documentación con la que habían entrado en España.

La 'Operación Muralla' se inició a comienzos del pasado  mes de enero, cuando el Grupo V de la UCRIF de Barcelona detectó que circulaban por la ciudad varias tarjetas publicitarias que ofrecían "jovencitas orientales" y "chicas asiáticas" con características en común que hacían sospechar que detrás había una única trama: el sistema de impresión, los colores, el material utilizados y el formato coincidían, aunque cada una de ellas remitía a pisos burdeles diferentes.

La policía cruzó los datos que aparecían en estas tarjetas con los de anuncios similares publicados en páginas web y en los dos principales periódicos de Barcelona, y constató que, efectivamente, todo apuntaba a un grupo organizado de proxenetas. El análisis de la identidad de las personas que habían alquilado la viviendas donde eran explotadas las chicas confirmó las sospechas. A partir de ese momento, la Policía localizó y registró durante varias semanas los cinco pisos. El primero, a finales de enero, en el barrio de Clot. El último, el 13 de abril, en l’Eixample. Un mes después, el pasado 13 de mayor, era detenido el último integrante del grupo.

Esta mafia estaba perfectamente organizada y cada integrante tenía una misión. Había 'alquiladores', que se ocupaban de arrendar los pisos que después servían de prostíbulos. También había 'controladores', encargados de vigilar a las chicas y custodiar su documentación. Otros se dedicaban la 'marketing', encargándose de contratar los anuncios en prensa y en las páginas web y de elaborar los folletos publicitarios y los novedosos 'bonopolvos'.