Extraños Delincuentes

Los peligros de llevarse el móvil al 'trabajo' cuando se es atracador

A quién no le ha pasado alguna vez eso de estar en pleno trabajo y que le llamen al móvil la mujer/marido, la madre o el niño para preguntar cualquier cosa o, simplemente, para que les digamos a qué hora vamos a volver a casa. No pasa nada, aunque a uno le pillen en plena reunión. Basta con ignorar el ring ring o responder con un escueto "ahora no puedo hablar. Luego te llamo". Lo malo es que cuando uno tiene un trabajo 'poco legal' como, por ejemplo, atracador de bancos, lo mejor es dejar el terminal en casa para no sufrir las consecuencias de una de estas llamadas incómodas. ¿Se imaginan al ladrón dicíendole a su mujer "llegaré un poco tarde a comer, hoy me he liado en el banco más de la cuenta porque no termina de abrirse la caja fuerte"?

Claro, que no es ese el peor de los males que le puede pasar a un delincuente que decide llamarse el móvil al 'trabajo'. Y, si no, preguntenselo a Julián G.M.A., un veterano delincuente de 47 años con 26 detenciones a su espalda, quien al salir del banco que presuntamente acababa de atracar, perdió el móvil. Seis días después la policía se lo 'devolvió' y, de paso, lo detuvo. Un error infantil que le puede salir caro, porque le acusan de ese asalto y de otros  catorce cometidos en los dos últimos meses en Madrid, Alcorcón y Móstoles, dos localidades al sur de la capital.

Lo cierto es que los agentes de los  grupos XII y XIII de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de Madrid ya sospechaban de él como presunto autor de una serie de robos que se había iniciado el 1 de agosto con el asalto a una agencia de viajes (tenía querencia a este tipo de establecimientos, aunque no hacía ascos a las peluquerías). Todas las denuncias recogían elementos en común que apuntaban a un único autor. De hecho, en todos los casos, el atracador esgrimía una pistola de color negro con la que amenazaba a empleados y clientes –montaba el arma para amedrentarlos con el ruido, aunque nunca llegó a disparar– y, tras conseguir el dinero, huía a pie del lugar. La descripción física que las víctimas hacían del ladrón era también coincidente: varón, delgado, no muy alto, que cubría parte del rostro con unas gafas de sol y con el pelo largo recogido en una coleta. Sólo en el último asalto, en el que perdió el móvil, usó peluca.

Con todo ello, la Policía incluyó a 'viejo conocido' Julián entre los sospechosos, pero le faltaba localizarlo. El móvil perdido fue la clave. El 13 de octubre, Julián entró en una sucursal del Banco Santander en el madrileño barrio de Carabanchel y entre el "arriba las manos, esto es un atraco" y su huída con 9.000 euros de botín se le cayó el móvil al suelo. Sólo seis días después del atraco al banco, los agentes ya habían conseguido extraer bajo autorización judicial todos los secretos de la terminal y localizar la zona dónde supuestamente se ocultaba el atracador descuidado. Poco después lo detenían cuando paseaba muy cerca de la vivienda que le servía de escondite, en el madrileño barrio del Puente de Vallecas. No tuvo tiempo de huir ni, mucho menos, de llamar para decir que ese día, y unos cuantos más, no iba a poder ir a comer. Donde ha ido a parar no dejan tener teléfonos móviles.