Papás ‘camellos’

Un buen policía de fronteras de cualquier país sabe detectar a los ‘muleros’ (correos humanos cargados de droga) al primer vistazo si éstos son primerizos. El evidente nerviosismo que les hace sudar hasta en el ambiente más gélido. La palidez de sus caras aunque vengan de tomar el sol durante quince días en el Caribe. Ese mirar a un lado y a otro que parece que están presenciando un duelo entre Rafa Nadal y Roger Federer… Los agentes no suelen equivocarse. Al final, los intranquilos pasajeros suelen esconder, en su maleta o en su propios organismo, estupefacientes.

Ese era el caso de Adriana y José Ángel, una matrimonio español de treinteañeros que el pasado 3 de septiembre fue detenido en el aeropuerto holandés de Schiphol cuando intentaba introducir en este país europeo procedentes de la República Dominicana un kilo y medio de cocaína. Una parte de la droga, que era líquida, la llevaban en su propio cuerpo. La otra, la ocultaban en los pañales de su propio hijo, un bebé de meses con el que pretendían pasar inadvertidos en la frontera.

Sin embargo, su infantil escudo se convirtió también en un elemento más que permitió detectarles. Durante el viaje, el pequeño se mostró tan nervioso como histéricos  estaban sus padres, y el pobre no dejó de llorar. A éstos no se les ocurrió mejor manera de acallarlo que pegarle. Tanto lo hicieron, que los pasajeros y el personal de cabina del avión en el que viajaban no tardaron en comunicar al comandante de la nave lo que pasaba.

Éste dio aviso inmediatamente al aeropuerto de destino para que, cuando aterrizaran, la pareja fuera detenida por maltratar al pequeño. Lo que no sabía el diligente piloto es que la Policía española ya había avisado a sus colegas holandeses de que la pareja tenía que ser arrestada nada más pisar suelo europeo porque eran integrantes de una red de ‘muleros’ que, con base de operaciones en España, estaba introduciendo en Europa, desde la República Dominicana y la isla de Aruba, partidas de droga de entre uno y cinco kilos. Y así fue. Tras ser esposados, los nervios de la pareja fueron a más… tanto que tardaron muchas horas en poder expulsar de sus cuerpos la cocaína líquida que habían ingerido.

Adriana y José Ángel no eran los únicos ‘papás camellos’ que esta trama de narcotraficantes utilizaba para introducir droga. Semanas después, exactamente el 1 de octubre, el trabajo de la Brigada Provincial de Policía Judicial de la Jefatura Superior de Policía de Aragón y del Grupo 32 de la Brigada Central de Estupefacientes daba de nuevo sus frutos y permitía detectar a otra pareja de ‘muleros’ que se hacía acompañar de un niño de corta edad para intentar superar los controles fronterizos. En este caso eran los dominicanos Omar Alejandro y Jemy, y el aeropuerto donde fueron interceptados, el de Bruselas (Bélgica). La policía de aquel país, gracias de nuevo a los datos facilitados por sus colegas españoles, los detuvieron cuando intentaban ‘colar’ en Europa 2.500 gramos de cocaína líquidos ocultos en el interior de su cuerpo. De nuevo la pantalla de un niño que chupete resultó ineficaz.

Las dos parejas  eran, en realidad, el último escalón de una trama que finalmente ha sido desmantelada por la Policía en la ‘Operación Fortuna’. Al cierre de estas líneas, ya eran 24 los detenidos (incluidas las dos parejas). La mayoría de los arrestos se han producido en España, donde había asentado su base de operaciones en Zaragoza. Allí residían los dos presuntos cabecillas de la trama, detenidos el pasado 31 de octubre cuando hacían una transacción de droga con un distribuidor al por menor. Ellos dos eran los que se llevaban el grueso de las ganancias sin arriesgar la vida ingiriendo la droga y sin usar a sus hijos de pantalla para sus lucrativas actividades. A los ‘papás camellos’, por el contrario, les esperaba poco más de 3.000 euros por cabeza… si conseguían sobrevivir y sortear la vigilancia policial. Poco beneficio para tanto riesgo.